Me levante
como todas las mañanas, sin mucho animo de nada. Prepare mi café, tome un sorbo
y deje la taza casi llena como todos los días. Me puse la camisa sin planchar,
tan arrugada como un bollo de papel. Emprendí mi camino al trabajo. Salude a
una o dos personas que casi ni conocía y llegue sin pena ni gloria a mi
oficina.
Me senté en
mi escritorio y prendí la computadora. – Otro día en el paraíso-. Dije en voz
baja. La rutina me tenía atrapado.
A la hora
del almuerzo me fui al comedor y me senté al lado de mis compañeros. Ellos
hablaban no se de que, no presto atención a las conversaciones baratas. Uno de
ellos se sentó a mi lado, era el único asiento disponible. Lo salude moviendo
la cabeza y sin decir nada. Tras unos minutos de comer en silencio me miro y me
dijo:
- Vida
difícil ¿no?
- ¿Qué?-
Pregunte asombrado.
-Que llevas
una vida difícil. Rutinaria, aburrida, sin expectativas.
-¿Quién te
crees que eres para opinar de mi o de mi vida?
-Yo se por
lo que estas pasando y estoy aquí por ti.
-Mira, no
se quien eres, ni siquiera se tu nomb…
- Si sabes
quien soy, solo que tu gran pesimismo y tu falta de creencias te han bloqueado
y no te dejan ver nada más allá de tu nariz. ¿Hace cuanto que nos vas a la
iglesia? ¿Hace cuanto que no te tomas unos minutos para rezar? Has perdido la
fe en todo incluso, en ti mismo. Por eso estoy aquí, a pedido de mi padre, para
mostrarte que hay mucho por vivir y mucho por hacer y que la vida es más, mucho
más, de lo que tú ves.
- No estoy
con ánimos de escuchar a falsos profetas o predicadores de segunda, si quieres
rezar o ir a la iglesia es tu proble…
Apoyó su
mano en la mía y de repente sentí una sensación que nunca había sentido. Lo
mire y el con una leve sonrisa y una mirada de tranquilidad me dijo sin mover
sus labios –“ahora vas a estar bien, mi padre escucho tus plegarias”.
Una bandeja
se cayó al piso y me saco de ese transe, mire nuevamente a mi compañero y ya no
estaba. Aun sentía su mano tibia sobre la mía.
Volví a mi
escritorio y no podía dejar de sonreír.
Al llegar a
mi casa, mi novia me esperaba con la merienda, la bese como la primera vez y le
pedí que se case conmigo.
Hoy tengo
una hermosa familia, un trabajo de oficina y una vida espectacular.
Sergio G. Selser
ja! genial.....
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