Cautelosamente
me acerque a la cama de mi hijo. Tratando de no despertarlo, pase la mano debajo
de la almohada para sacar el diente que había dejado la noche anterior.
Toque algo
muy suave, como si fuese un pedazo de seda. Levante lentamente la almohada y la
vi, vi a aquella pequeña y extraña cosita abrazada a la muela de mi hijo.
Un pequeño ratón
se acerco y subió por una de las patas de la cama. Miro a esa personita con
alas y luego me miro a mí. Trate de sacarle de las manos la muela y el ratón se
aferro a ella también. Ahí estaba yo, una madre de tres chicos luchando con un
hada y un ratón por una muela de mi hijo. Hice un poco de fuerza y se las saque
de las manos. El hada puso sus manos en la cintura y me hizo un gesto de
ofendida y salio volando por la ventana que estaba abierta, el ratón frunció el
ceño y se fue corriendo, bajo de la cama y se metió en una cuevita que había en
un costado de la pared.
Metí la
mano en mi bolsillo y saque el billete de a cinco que tenia para dejarlo en
lugar de la muela. Lo puse bajo la almohada y salí despacio de la habitación de
mi hijo. Antes de cerrar la puerta me di vuelta y mire si aquello que paso hace
un momento fue real, pero la ventana estaba cerrada y no había ningún hueco de ratón
en la pared.
Sergio G. Selser
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