Como ya he mencionado en
alguna oportunidad, los sentimientos y las emociones me han ido abandonando de
a poco. Los noviazgos me son ajenos y las conquistas pasajeras son más
familiares.
Pero el sentimiento que
más capta mi atención es el amor. Cuantas veces habré escuchado hablar sobre
esto en diferentes circunstancias, sus ramificaciones me tienen, hasta el día
de hoy, en una perplejidad aparentemente eterna. Cuando hablo de las ramificaciones,
hablo de la variedad que este sentimiento tiene, es decir, el amor por un
hombre o una mujer que los lleva a convivir, el amor por un amigo, el amor por
un hijo, y así sucesivamente.
Amar es un concepto
general y a veces puntual. Cuando es puntual, parece ser que se apunta a los
amigos, hobbies, comidas, etcétera, pero cuando es general, solo se aplica a la
persona con la que uno quiere compartir su vida, o como se conoce vulgarmente,
la media naranja.
He creído, en muchas
ocasiones, haber encontrado a mi media naranja, es decir, a mi amor verdadero
en algunas de las señoritas con las que he salido, luego sobrevino la
desilusión y posteriormente la decepción. Solía poner en ellas, todo mi amor y
confianza y luego me daba cuenta de que la relación era solo una ilusión,
quizás parte de mi intolerancia y poco entendimiento hacia las emociones, fue
generada por estas situaciones.
Entonces entendí que el
amor no era una cuestión que se podía brindar así porque si a cualquier muchacha
que se cruzara por mi camino, sino que debía seleccionarla sabiamente. Como es
de esperarse, la sabiduría poco me ayudo en cuestiones de amor, y hacer un
análisis previo de una señorita antes de confiar nuevamente, no me sirvió de
nada, porque el cerebro y el corazón (en el sentido poético) funcionan y
razonan de maneras diferentes.
¿Cómo hacer entonces para
saber a quien bríndale el amor de este fantástico muchacho? La respuesta es
mucho más simple de lo que creí, y es que el amor es algo que sucede y nada
más. No se puede crear ni forzar, y, por más que yo quisiera que alguna de las
chicas a las que les ofrecí mis sentimientos fuese mi media naranja, eso no
sucedería jamás si no es que así debía ser.
Así que decidí esperar
hasta que aparezca aquella mujer perfecta, aquella que debe estar muy cerca,
pero que mi machacado corazón y mi razonamiento reinante, no me permiten ver quién
es.
Sergio G. Selser
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