Hace poco, unas de mis
hermanas fue atacada por una mujer que se podría poner dentro del rango de los
adultos, pero solo por sus más de 50 años de edad, no por su actitud ni su pensamiento.
Esta mujer sintió que mi
hermana la estaba burlando, por suerte yo estaba presente y no solo por mi calidad de hermano mayor la defendí,
sino porque presencie la conversación completa y vi que no hubo animosidad de
ninguna índole por parte de mi hermana, así que mi instinto de protección salió
de mi cuerpo con la fuerza de la bala de un cañón y arremetí con mi mayor
sarcasmo y elocuencia en un principio y luego de perder la paciencia, continúe
con palabras que no valen la pena repetir. Lo bueno de esta situación es que me
puso a pensar y me brindo material para escribir.
Muchos de los adultos
consideran que merecen respeto tan solo por el hecho de contar con una edad en
la que se la pueden exigir a un niño, pero solo por diferencia física y no por
otra cosa; y les exigen buenos modales y educación aun siendo el adulto,
carente de ella.
He presenciado este tipo
de situaciones muchas veces y he visto como el adulto es quien genera que un
niño o joven, le falte al respeto, pero se tiende a reprender al más débil, los
padres al conocer esta situación, piden disculpas en nombre de su hijo y
acompañan esta situación con la típica frase –“no sé de dónde saca estas cosas,
yo no lo eduque así”- poniendo su integridad como padre por delante, antes de
preguntarle a su hijo (a quien debería defender ante todo y todos) que fue lo
que lo llevo a determinada conducta, porque tranquilamente puede ser el adulto
en discordia quien lo haya incitado a que el niño perdiera la paciencia, porque
pareciera ser, que solo los adultos son capaces de enojarse y responder a otro
ser humano.
He mencionado en alguna
oportunidad mi falta de apego en cuanto a los adultos se refiere, aun teniendo
que padecer esta situación siendo uno de ellos, los adultos actúan de forma
extraña, siguiendo protocolos que ellos mismos se imponen, siguiendo reglas que
ellos mismos se generan aun estando en contra de ellas, guiados por la estúpida
fantasía que es así es como se debe comportar un adulto. Cuantas veces habrán
oído por parte de estos seres insoportables –“a veces se deben hacer cosas que
a uno no le gustan”-
Qué lindo es ser chico,
porque la mayor parte del tiempo, uno no se preocupa por las banalidades de la
vida, agradezco poder continuar en Never Land (el país del nunca jamás de Piter
Pan), donde hago siempre lo que quiero y digo siempre lo que pienso.
Sergio G. Selser
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