En Argentina (país en el
que resido), y como en muchos países, existen villas o favelas de emergencia,
lugares carenciados, marginados y muchas veces olvidados. Llenos de los peores
vicios y malhechores. Drogas al alcance de la mano, armas por doquier y pobreza
en ocasiones extrema. Todo esto nos brinda un coctel marginal al cual no
podemos escapar. Nadie que viva allí, pareciera ser que vale la pena. He
escuchado a muchos decir que se deberían eliminar estos sitios y así se
terminarían los problemas de drogas, alcohol, robos, muertes, estafas,
etcétera, pareciera ser el epicentro donde se genera el caos mundial.
Soy gastronómico desde
hace más de doce años y les puedo asegurar si hay un lugar donde corre droga,
robos y estafas es en los restaurantes, cafeterías y bares. Brillantes y
lujosos edificios en donde una mujer embarazada, le roba la cartera a una anciana.
Donde Mery Jane (Mari Juana, no creo que sea necesario aclarar esto) se
encuentra al alcance de la mano y se corta con los mismos cuchillos con los que
se cocina. Dueños inescrupulosos y estafadores que no le hacen los aportes
jubilatorios a sus empleados o no los cubren en salud. Empleados que se roban
una cerveza o comen a escondidas. Mozos que van borrachos a trabajar y
encargados o gerentes que se creen superiores solo porque la droga que ellos
consumen es de mejor calidad.
He visto cierres de
campañas de presidentes de futbol o políticos, debatirse entre un par de
mugrientos patas sucias sentados tomando café y votaciones inexistentes que
después aparecían en la televisión, diciendo –“Fulano gano con el 54% de los
votos”-.
Ser villero parece ser lo
peor, pero también existen los villeros de guantes blancos (si se me permite la
comparación). He tenido la posibilidad de entrar en algunas villas y ver la
solidaridad y el amor por la familia que no he visto en grandes y lujosas
mansiones, donde los miembros de una familia, cena cada uno en su habitación y
ni saben de la existencia del resto de los habitantes de la casa.
Es cierto que en la villa
o favela corre droga, armas, tráfico, etcétera, pero también lo hacen fuera de
ella, en los lujosos restaurantes, en los bancos más conocidos donde los
cajeros (que muchas veces atacamos) van a trabajar más duros que una tabla, y
esto para no hablar de los hospitales o cualquier centro de salud donde el
trafico de drogas entre los empleados es moneda corriente.
La villa o favela al igual
que las cárceles son el reflejo de la sociedad restante, solo que es más fácil
y más conveniente, atacar a quienes no les han brindado los recursos
intelectuales para defenderse.
Aun vivimos como hace siglos, donde el que
tiene más poder y recurso, se aprovecha del que no lo tiene.
Sergio G. Selser