domingo, 24 de noviembre de 2013

Vive y deja morir

Pareciera ser que sobre ciertas situaciones no tenesmos control ni opinión, como por ejemplo el nacer. Nadie nos pregunta si queremos venir al mundo, solo nos traen sin más.
Pero en su oposición, es decir, el morir, tampoco nos pertenece esa decisión, hablo de decisión legal claro está, porque cualquier fulano puede ponerse una pistola en la sien y volarse los sesos o tirarse a las vías del tren, pero hablo de lo legal.
La vida debe, según lo veo yo, tener o contar con algún sentido, es decir, que debemos tener algo por lo cual vivir, un amor, un hijo, el dulce de leche o los chocolates, algo, lo que sea, si no se cuenta con eso, no entiendo cual sería el sentido de vivir.
El morir debería venir en el certificado de nacimiento, es decir la decisión de hasta cuando uno debe vivir nos debería pertenecer, porque si mi vida es una reverenda mierda ¿Por qué debo esperar hasta los 80 años para que termine esta tortura a causa de una “naturaleza divina”? ¿Por qué esperar para terminar con algo que quizás ni siquiera debería haber comenzado?
La verdad es que para muchos la vida es un infierno. He conocido a muchos que estando vivos parecen muertos y muchos vivos que deberían morir.

Esta reflexión es corta, no creo que sea necesario aclarar más, pero si les puedo asegurar algo, mi vida es mía, y les aseguro que también lo será mi muerte. Si no es que un desafortunado hecho maligno del universo me gane de mano, seré yo y solo yo quien decida cuando me convertiré en el alimento de unos hermosos gusanos.

“Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo”.
Platón (filosofo griego)


Sergio G. Selser

domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Consejos tuyos? ¿Para que los quiero?

Las personas están siempre dispuestas a brindar sabiduría barata. A través de los consejos, quieren dejar para la posteridad una frase que haga que uno los recuerde.
Como ya es habitual en mi, mi ira racional (o irracional) se apodera de mis manos y me da por escribir. Hoy atacare a esos falsos, despreciables e innecesarios seres que son los consejeros. No estoy hablando de consejeros profesionales como psicólogos, psicoanalistas o esa nueva y extraña rama que salieron ahora los couseling, hablo de esos familiares, amigos, vecinos y cualquiera de estos repulsivos seres que van por la vida aconsejando a los demás. Imbéciles que van tirando a diestra y siniestra frases como:
–“Lo que no mata engorda”- o también –“la muerte es parte de la vida”- , o uno de los que más odio –“en la moto, el chasis eres tú”- y roban dichos y los largan en los momentos en los que creen que alguien los necesita aun sin ser solicitados por el otro.
La verdad es que los consejos son una porquería y los consejeros son aun peores.
Creo nunca voy a comprender a las adultos. Son seres realmente extraños, van por la vida aconsejando a los demás y no son capaces de tener el control de su propia existencia. Dan consejos desde una perspectiva en la que no se encuentran y con un facilismo y mediocridad que me resulta vomitivo.
Una vez leí en una de esas redes sociales algo que decía más o menos así: la diferencia entre un consejo tuyo y una pizza de delivery es que a la pizza si la pedí.
Yo soy un tipo con algunos líos de ánimo, de poco contacto social y de unos trastornos de otros tipos y siempre me encuentro con algún idiota que me quiere aconsejar sobre cómo debería hacer yo para mejorar mi vida, cuando lo primero que tendría que saber es si quiero mejorara algo, aunque lo primero que debería hacer es no aconsejarme en lo más mínimo.
Quizás alguno me este brindando un consejo con la mejor voluntad del mundo, hasta incluso con afecto o cariño, no me importa, no los quiero.

Un poeta griego llamado Sófocles dijo una vez:
“Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos”.


Sergio G. Selser

domingo, 27 de octubre de 2013

Trabajando duro o durando en el trabajo

Como muchos de ustedes, he dedicado una pequeña porción de mi vida a trabajar para alguien más. No contando con la posibilidad ni las ganas de tener un negocio propio, hice lo que la mayoría de la humanidad, poner mis capacidades al servicio de un tercero.
Nunca tuve mayores inconvenientes, trabajar no es en sí una carga para mí ya que solo me quedo a trabajar en los lugares en donde me siento cómodo.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención en cada uno de los empleos que he tenido son mis compañeros de trabajo, insoportables seres que se quejan de todo; que si el día esta lindo ellos tienen que estar ahí atrapados cual esclavos en una mina, que hoy es el cumpleaños de no sé quién y ellos están ahí matándose trabajando, o la clásica muestra de heroísmo barato –“hoy no iba a venir, pero bueno, vine igual sino ¿Quién hace las cosas?-“ como si fueran imprescindibles o dignos de ser nominados al premio nobel.
La verdad es que los compañeros laborales son una porquería, seres individualistas, envidiosos, cagadores y estafadores que la mayoría de las veces se nutren de los compañeros de todas las maneras posibles, se roban las lapiceras, se comen las galletitas de aquel que siempre compra, se adjudican trabajos que no hicieron o quieren tener merito o ser participes de tareas que fueron hechas por otros, pero se esconden y se justifican y peor, le echan la culpa a otro compañero cuando las cosas salen mal.
Como ya explique en alguno que otro escrito yo no me llevo bien con los adultos, mucho menos con adultos compañeros de trabajo, porque no puedo entender que siendo todos participes del mismo fin laboral, cada uno se comporte como si su trabajo fuese más importante que el del resto, arrancando por los gerentes que caminan como estrellas de cine por los pasillos de las oficinas, haciéndose llamar “SEÑOR” o que le antepongan el titulo del cargo o peor, el título obtenido en la facultad. Que gente de mierda que quieren que le digan “el doctor pepe” o “el ingeniero Toto” o la “profesora Anita”, caraduras faltos de identidad y seguridad que se vienen a mostrar como omnipotentes ante las personas a quienes deben guiar.  Pero no voy a arremeter solo contra los que ocupan cargos gerenciales o de rango, también les voy a patear el culo al resto de los seres que tienen el resto de las funciones. Pésimos compañeros de trabajo que siempre están tratando de sobresalir a costa de desacreditaciones de otro compañero de trabajo para parecer ellos más capaces que el resto (o de lo que realmente son). Mugrientos de mierda que van hablando mal de todos los que trabajan con él o ella descalificando el esfuerzo de quienes empiezan a progresar o de quienes están por encima en cargos diciendo frases tales como: -“si yo estuviese a cargo de esta empresa les daría más tiempo de almuerzo, más sueldo y más libertades”- haciendo promesas ridículas como si fueran políticos postulándose a un cargo, y ni siquiera pueden completar las tareas designadas.
La verdad es que no encajo en muchísimos lugares. No soporto las conversaciones de oficina, el tener que saludar o decir algo cada vez que uno se encuentra con alguien (y eso sucede unas 20 veces en una jornada). Tener que escuchar las múltiples quejas de quienes odian el lugar de trabajo y odian su vida y me la cuentan como si a mí me importara lo que les pasa a ellos o a alguno de sus hijos o peor aún, a algunas de sus mascotas.

El trabajo en grupo será posible cuando cada integrante entienda y sienta que es parte integral de un fin claro y definido.


“Busca un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”
                                                                                                                        Confucio
                                                                                                             (Filósofo chino)

Sergio G. Selser

miércoles, 9 de octubre de 2013

Malas palabras / buenas palabras

Escucho hablar siempre a los adultos sobre las malas palabras. Vocablos que parecen ser ofensivos para algunos.
Como siempre, una pregunta surge a raíz de una reflexión; ¿Qué son o cuáles son las malas palabras? Y también ¿Cuáles son las buenas?
Pareciera ser que las malas son aquellas que encierran algún insulto, es mundialmente conocida la frase <<hijo de puta>> y que alude a que la mamá de alguien ejerce la prostitución, no cualquier tipo de prostitución, sino aquella que es solo por placer, es decir, sin cobrar.
Otra muy conocida, sobre todo en el habla hispana es <<la concha de tu madre>>, da la sensación que mencionar el órgano reproductor femenino de tu progenitora es insultante, pero por lo visto, casi todos los insultos mencionados hacen referencia a las pobres madres que nada tienen que ver; aunque nunca vi a nadie enojarse porque le dijesen << el codo de tu madre>>.
A las buenas palabras nadie las critica, palabras como fe, amor, compasión, solidaridad, etcétera, son tomadas como buenas, pero estas encierran prejuicios y son engañosas y también poseen un doble discurso o significado, porque al momento de ser compasivo solo se lo debe ser con un niño o un viejo o un pobre o desvalido, nadie más es digno de compasión, comprensión, solidaridad, fe o cualquiera de esas palabras de porquería que gozan con una sobre valoración inmerecida.
Por su parte, las “malas palabras” son de acción directa, sin vueltas ni bifurcaciones literarias, un golpe violento y certero al sujeto al cual va dirigido.
Creo que las malas palabras solo tienen mala fama, que nos quedaría sino para las verdaderas malas palabras, guerra, hambre, desocupación, discriminación, violencia, maltrato infantil, etcétera.

Dijo una vez un filosofo chino llamado Lao-tsé : “Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes”.

Las malas palabras no pueden hacer nada en contra de uno, siempre y cuando no le demos espacio a quien las ejecuta en nuestra contra, si creen lo contrario se pueden ir todos a la mismísima MIERDA.

Sergio G. Selser


domingo, 15 de septiembre de 2013

Agarrando a patadas a los viejos

De chico me enseñaron cuestiones sobre el respeto. Interminables peroratas en distintas situaciones. En la iglesia en los discursos del borracho del cura, decía que debíamos respetar al prójimo. En la escuela, la maestra me decía que había que respetar a los compañeros y en casa (y para rematar) había que respetar a los adultos, sobre todo a los abuelos.
Como un estúpido, yo seguí todas estas reglas, bueno casi todas, pero la que más me pesaba era la del respeto a los viejos.
Al parecer, cuando uno es viejo cuenta con inmunidad para hacer lo que quiera, pero peor, es que sus pecados pasados son perdonados u olvidados, y que por su condición de ansíanos debíamos dirigirnos a ellos con el respeto debido solo por su edad biológica circundante.
La verdad es que para mí, un viejo no merece más respeto que el que se haya ganado o merezca.
En raras ocasiones suelo interactuar con estos seres de edades avanzadas, en donde tratan de transmitirme su sabiduría o conocimientos, incluso cuando no los tienen, dándome concejos que no pedí, anécdotas que no quiero escuchar, historias de tiempos  pasados y supuestamente “mejores” que no importan ya, y soluciones para un futuro a los que ellos no van a alcanzar ni por más que quieran.
Cuando les brindo respuestas o les contesto con mi habitual “simpatía” ellos me responden todos de la misma forma –“algún día vas a llegar a mi edad”-, y yo siempre contesto lo mismo, “-espero que no”- porque la verdad es que no le encuentro nada de positivo a ser viejo. Suelen utilizar esta frase para que uno se asuste o se compadezca por una situación en las que ellos se encuentran y uno no (por suerte).

Aun a mi horrenda edad adulta, sigo sin entender el tema del respeto, en los viejos o en cualquiera y sigo creyendo que es algo que se debe ganar independientemente de la edad.
He conocido jóvenes, adultos y viejos que no merecen una pizca de mi respeto ni la de nadie.

El respeto para mi es darle al otro un valor de alguna clase, es decir, reconocer en el otro un valor de alguna clase, y si no es posible reconocer ese valor, entonces nadie, ni siquiera los viejos merecen nada de mi parte, mucho menos Respeto.


Sergio G. Selser 

domingo, 25 de agosto de 2013

Me equivoque otra vez

Al parecer equivocarse esta dentro de las condiciones humanas, cometer un error es lo habitual. Cuantas veces habrán escuchado –“bueno, me equivoque, un error lo comete cualquiera”-, excelente excusa para salir bien parado de una situación desfavorable.
Pero el problema de los errores no son los errores en sí mismos, sino las consecuencias que estos acarrean y la falta de aceptación de estos errores.
Pero peor es aquel que dice –“yo cuando me equivoco acepto mis errores-“, claro esto pareciera marcar que este individuo es una persona medianamente aceptable, pareciera ser que con solo reconocer el error, uno es mejor persona que el resto, pero esto no borra ni enmienda dicho error cometido. Peores son aquellos que creen que su error está por debajo de los cometidos por otros seres o que no son tan graves como haber matado a alguien, como si hubiese una barra medidora de errores en donde uno puede encontrar si la equivocación cometida es grave o no.
Obviamente esta medida la puede brindar solo la o las personas afectadas, el que haya cometido el hecho tratara siempre de minimizar el hecho para que así también pueda minimizar sus consecuencias y las repercusiones, y que su castigo quede nulo o sea lo menos caótico posible.
Yo soy un tipo que vive cometiendo errores, pero a diferencia del resto de los mortales (o de algunos de ellos) no suelo pedir disculpas ni perdón, porque eso me parece una hipocresía, el error cometido está hecho y el tiempo no puede volver a tras, así que, si lo puedo solucionar, bien, pero si no puedo hacerlo, acepto las consecuencias.
Friedrich Nietzsche habla del engaño en su libro sobre la verdad y la mentira, dice él: “el problema de ser engañados no está en el engaño en sí, sino en lo perjudicados que podamos salir a raíz del engaño”. La cita no es textual, pero así me sonó más entendible.

Equivocarse es cuando metes la mano en el cajón de los cubiertos con la intención de sacar un tenedor y sacas una cuchara. Cuando agarras una factura para pagar y llegas al banco y era otra distinta a la que correspondía. Cuando tomas una calle y era otra, esos son errores, pero ¿Por qué aclaro esto? Porque estoy arto de escuchar que un un ladron es un tipo que cometió un “error”, que un pedófilo es alguien que se “equivoco”, que un político que perjudica a su pueblo es alguien que se “confundió”.

El error y todas sus variantes gramaticales son la HIPOCRECIA misma con otro nombre más estético. Como se suele decir en Argentina “ES LA MISMA MIERDA CON DISTINTO OLOR”.     


Sergio G. Selser

lunes, 5 de agosto de 2013

Defendiendo a los menos

En ocasiones me topó con gente extraña, pero ninguna más extraña que aquella que defiende causas o personas que desconocen de la primera y no se asocia con la segunda.
Es sabido por todos los habitantes del país en el que resido (Argentina), que hay hospitales que hacen campañas para juntar algún objeto para efectos solidarios, como por ejemplo tapas plásticas de botellas, o papel y que se necesitan no sé cuantas toneladas del plástico o el papel para que el hospital reciba por parte de quien sabe qué empresa, institución o estrella de la televisión, un juego de sabanas nuevas.
Hace poco en mi local un muchacho quería tirar un pedazo de papel en un cesto de basura y le mostré donde estaba, a esto mientras arrojaba el papel me dijo:      -Te voy a armar una cajita para que recicles el papel que se junta para el hospital-. ¿Pueden creer el grado de caradurez de este individuo?
Le dije con mi habitual simpatía que él se hacia el preocupado por la ecología o el bienestar ajeno, pero había venido a mi local en automóvil, tenía un paquete de cigarrillos y aparte era un estúpido. Ninguna de estas tres cosas beneficiaba en nada a la ecología o bienestar del planeta, ni al hospital.
Me enferman estos defensores de pobres y ausentes que creen que con donar $5.00 por mes a Green Peace o decir en reuniones familiares o de amigos (en el caso de que un imbécil logre tener amigos) -¡Hay que ayudar a los que no tienen!- y luego pasan por al lado de uno que pide monedas o ven un chico tirado en la calle muerto de frio y miran hacia otro lado.
Harto me tienen estos falsos solidarios, que tuvieron la ventaja de no pasar hambre ni frio o estar internado en un hospital público, esperando un turno para que te operen para ver si te logras salvar.
Mugrientos que se llenan la boca con palabras robadas e ideas ajenas de quienes si hacen algo, de a quienes si le importa el prójimo.
Esto es aplicable a los políticos, yo de eso no entiendo, es decir de política, pero no tengo  que ser un genio para ver cómo me cagan los que me gobiernan o peor aún, aquellos que yo elegí para que me gobiernen. También a los famosos y periodistas (no todos, pero si 98% de ellos) que “prestan” su fama para hacer alguna publicidad barata de una organización que no conoce ni siquiera, que es lo que hace.

Albert Einstein dijo: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Me parece que puede aplicar a lo escrito por mí.


Sergio G. Selser

martes, 4 de junio de 2013

Soy igual a ti, pero discapacitado

La discapacidad es una cuestión un tanto rara para mí. Personas que padecen (en el caso de que para ellas sea un padecimiento) limitaciones físicas o mentales. Pero me llama más la atención es el resto del contexto. Personas que exigen igualdades de derechos, cosa que apoyo, pero que para este reclamo apelan a cuestiones con las cuales no cuentan, por ejemplo, si alguno esta en silla de ruedas le grita a la comunidad que necesita una rampa para poder moverse “como cualquier persona normal”, lo cual no es real. Si entendemos por normalidad lo habitual, claro está. Las personas que caminan parecen ser normales y las que no lo hacen caen dentro del rango de discapacitado.
Pareciera ser que la no posibilidad de realizar determinadas cosas lo cataloga a alguno como discapacitado, pero acá viene la fantástica pregunta ¿Qué es ser discapacitado?
Si bien una persona en silla de ruedas no puede correr una maratón, tampoco lo hace un gordo. Si una persona ciega no puede cruzar sola la calle, tampoco lo hace un niño de 5 años. Una persona que mide 1.80 metros y tiene un solo brazo no puede jugar al básquet, tampoco lo puede hacer uno que mida 1.45 contando con ambos brazos.
La discapacidad como yo lo veo es la imposibilidad de realizar determinados actos, pero en ese caso podríamos catalogar de discapacitados a aquellos que no puedan realizar una ecuación matemática, aun contando con todas sus neuronas y siendo catalogadas como “normales”. También a aquellos que lean mal, a los que no puedan aprender otro idioma, etcétera.
Según lo veo, todos somos discapacitados en más de un área, pero pareciera ser que solo la discapacidad visible es la que se toma en cuenta.

Yo por mi parte me adjudico discapacitado. Orgulloso discapacitado, soy pésimo e inútil en tantas cosas que no sé cómo es que aun paso por una persona "normal".


Sergio G. Selser 

domingo, 26 de mayo de 2013

Ser yo o no ser yo

Como he explicado en alguna ocasión, mi vida ha sido (y sigue siendo) extraña. Mi cerebro no me da descanso ni siquiera dormido.
He sido cuestionado en muchos aspectos, laboralmente, afectivamente e intelectualmente, pero es en este último donde me centrare.
Según algunos (no daré nombres) mi capacidad reflexiva o de análisis carece de vocabulario, para otros, yo no soy un filosofo (cosa que considero ser)  para otros más, debería leer aún más de lo que leo para así poder contar con el apoyo de lo dicho por los “grandes pensadores” del pasado, como si me importara la opinión de un tipo que está muerto. No es que no valore lo escrito por alguien más, sino que yo le doy valor a lo que yo digo y pienso primero y luego (y si es que me queda espacio), comento lo dicho por tal o cual pensador, escritor o dibujo animado.
La verdad es que creo que aquellos que me suelen atacar, o, carecen de pensamiento propio, o les genero algún tipo de envidia y no son capaces de aceptarlo.
Mi profesora de filosofía es una de las que cree que para ser filosofo hay que estudiar filosofía y tener el título universitario que acredita esto, yo creo que con lanzarse a pensar y cuestionar cual niño de cinco años, alcanza y sobra para esta tarea.
No me importa que me ataquen, dependiendo del humor con el que cuente en el momento de los disparos, me defiendo o los dejo pasar, es decir que, si mi atacante es una persona con buenos argumentos y pensamiento propio y no empieza a decir:               –“como dijo una vez…”- y cree que con robarle la frase a otro puede pasar por inteligente, le hago un poco de batalla, pero si veo que es un estúpido y mis carga de argumentos no va a tener destinatario (solo por su imbecilidad innata), prefiero ahorrarme la saliva y ocuparla en besar a una bella muchacha.

Pero espero que este tipo de personas no deje de atacarme, como bien digo en el titulo de esta reflexión, le dan material a este hermoso filósofo pensador independiente, carente de vocabulario.
(Qué difícil es ser sarcástico en letras)


Sergio G. Selser

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Hago lo que me gusta o qué? (Carpe diem: aprovecha el día)


La vida parece estar dividida en dos. Los que no hacen lo que les gusta y los que hacen lo que les gusta.
La ciencia esta dentro de mis hobbies favoritos, pero fue la física quien me brindo más conocimientos.
Un amigo mío llamado Roberto Marago, me dijo sabiamente una vez  –“Quien no comprende los conceptos básicos de la Física, no puede comprender nada”-.
Sabias palabras, y es una verdad que yo defenderé.
La Física se divide también en física cuántica y cosmología. La física cuántica se empleaba para explicar lo más pequeño del universo (partículas, átomos, qubits, etcétera) y la cosmología se aplica a lo más grande del universo (estrellas, galaxias, constelaciones, etcétera).
Teniendo en claro lo más pequeño existente y medible y lo más grande de nuestro universo, me da un claro parámetro de nuestra importancia en esta vida. Nuestro planeta es relativamente joven en comparación con la existencia del universo y es un punto ínfimo en el maravilloso cosmos. Para darles una idea, ponga un granito de azúcar en el suelo y parece lo más lejos posible que pueda sin perder de vista el grano de azúcar. Cuando lo haya hecho de dos pasos más hacia atrás siempre teniendo en cuenta donde está el grano de azúcar aunque ya no lo pueda ver. Bueno así es el tamaño a escala de nuestro planeta y dentro de ese grano de azúcar estamos nosotros, millones y millones de personas.
Un pequeñísimo granito de azúcar contiene en su interior millones de átomos, entonces teniendo en cuenta estas dos escalas, nuestra existencia no tiene relevancia en el contexto universal. Si alguien muere, sea quien sea, no tiene influencia en el universo ni cambia nada.
Pero si hay influencia en nosotros, los que habitamos nuestro pequeño grano de azúcar, es decir nuestro planeta. Si muere una celebridad, conmocionara a muchos y cambiara el rumbo de sus vidas.
Entonces ¿Qué se debe hacer? ¿Lo que nos gusta o no?
Mi respuesta es que siempre hay que hacer lo que nos gusta y lo que tenemos ganas, siempre y cuando no interfiera en la vida de nadie que no sea la de uno mismo. La vida es una sola, si quiere dedicar su vida a fabricar su propio infierno, trabajando en el lugar que odia, comiendo las cosas que no le gusta y lo peor, acostándose con la persona que no aman, bueno, haya ustedes, para mí eso es una porquería.
El titulo de esta reflexión, es una máxima en latín que significa “aprovecha el día”, pero esto esta aplicado a todos los conceptos de la vida, es decir, aprovechar cada cosa que hacemos, disfrutar de ese café con leche calentito,  de esas tostadas bien crocantes con mermelada, de leer un libro en la cama, de ir a trabajar y conversar con los compañeros de trabajo, es decir, darle una emoción particular y única a cada momento ya que será irrepetible.
Aprovechen el día y disfruten cada segundo, cada beso que den, que sea como el primero, cada abrazo que brinden que sea como si fuese el último, cada sonrisa que regalen que sea la mejor de todas.
 Así es como creo yo que se debe vivir, pero en muchas ocasiones hay que ir contra la corriente, huir de las garras de la sociedad y el costumbrismo barato que nos atrapa y nos manda a formar una familia, comprar una casa y tener un auto, aun cuando nosotros o nuestra mente nos quiere llevar para otro lado.

El arte es un <<carpe diem>> constante y los artistas, sus generadores universales.

Sergio G. Selser 

martes, 14 de mayo de 2013

De soberbio…, no tengo nada


…y el nuevo gerente entro por la puerta de la fabrica. Todos nos volteamos para ver quién era, o mejor dicho, como era. Nos miro como cuando se mira hacia abajo desde el techo de una casa. Esa cara de asco me quedo grabada en las retinas de mis ojos.
Comenzó a hablar sin presentación alguna, sin un saludo previo, como si todos tendríamos que saber quién era él, claro que lo sabíamos, pero esa no era la cuestión.
-          Espero que acaten mis órdenes sin cuestionamientos, porque acá yo soy el ¡GERENTE! Y soy el que más sabe de esto.
Desde el fondo una pequeña y lejana sonrisa se oyó. Todos volteamos a de quien provenía esa risa. El Gerente levanto la cabeza y señalo con el dedo índice y dijo:
-          ¿Cuál es su nombre muchachito? ¿Qué es lo que le parece tan gracioso?
De a pequeños pasos se fue acercando un hombre bajito, de aspecto simple y un poco regordete.
-          Usted ¿le conoce a esa máquina grandota de aya  er la esquina?- Pregunto el hombrecito, pronunciando pesimamente la mayoría de las palabras.
-          Claro es una Ruber 2020 de doble dispositivo encadenado de interfaces simples  inventado y desarrollado por Ernest Ruper – y puso nuevamente esa cara de… sobrado que me hace hervir la sangre. 
-          Y usted señor “gerente” ¿le sabe destrabar cuando se atranca?
-          Por supuesto, para eso soy ingeniero mecánico. A ver, córranse de mi camino y les mostrare.
Se acerco a la maquina <<atrancada>> la miro de arriba abajo y presiono unas teclas, apretó unos botones y movió unas palancas, nada paso, la maquina seguía atascada.
El gerente se remango la camisa, volvió a apretar más botones, a mover más palancas, y entonces… nada de nuevo. Enfurecido, el gerente se saco la corbata se desabrocho los botones de la camisa, tecleo más teclas, apretó más botones y jalo más palancas y nada sucedía. Los murmullos y las miradas estaban dirigidos a la cara del gerente.
El hombrecito camino despacio con un palo de escoba en la mano, todos los ojos estaban puestos sobre él. Le puso una mano en el hombro de aquel agotado gerente, lo movió hacia un costado y metió el palo en un engranaje que siempre se corría de lugar y entonces la Ruber 2020 de doble dispositivo encadenado de interfaces simples inventado por Ernest Ruper comenzó a funcionar.

Sergio G. Selser

domingo, 5 de mayo de 2013

¿¡Qué cambie mi forma de ser!? Mejor, cámbienla ustedes


Creo haber comentado en alguna oportunidad, que mi cerebro no me ha dado ni un segundo de descanso, siempre analizando todo y cuestionándolo todo también. Rebelde por naturaleza este hermoso muchacho que escribe siempre tuvo la misma conducta. En la escuela, no había una sola semana en la que citaran a mis padres para hablar de mi conducta. He tenido que cambiar de escuela para evitar que me expulsen y abandone la escuela secundaria (que luego de adulto termine), supongo que por rebelde o por vago, aun no lo decido.
Como he sido atacado en mi carencia de humildad o de supuesta inmadurez, también lo he sido en lo restante de mi personalidad, ¿Cuántas veces me habrán dicho que cambie mi forma de ser? En general quienes me han hecho la propuesta de cambio han sido personas que me conocen muy poco, pero creen conocerme mucho, alentados por esas frases mediocres y estúpidas disfrazadas de súper poderes: -“yo veo a alguien y enseguida se si debo confiar”- , o la otra más ridícula aun: -“yo miro a alguien a los ojos y ya puedo saber cómo es”-. Evidentemente tengo que cambiar, pero cambiar a la gente con quien me rodeo.
Una vez en una conversación me dijeron que no era bueno que yo sea tan poco humilde, egocéntrico, sobrador, y no recuerdo cuantos “simpáticos” calificativos más, que debería cambiar mi actitud de sabelotodo, claro está que no le hice caso, y argumente que lo más saludable, rápido y fácil era que toda la humanidad cambiara, en  vez de ser yo solo el que deba hacerlo, por una razón perfectamente válida, <<NO QUIERO>>.
Estoy arto de aquellos que te quieren mostrar “como se debe vivir” o peor aun “como se debe ser”, imbéciles, mediocres y estúpidos que a penas pueden con sus patéticas vidas de matrimonios infelices, familias divididas, y amistades de cartón, que no saben cómo deben tratar a sus mujeres, o mujeres que hablan mal de sus hombres, pésimos padres y horrendos como hijos o hermanos.
Bueno, no sé si quedo claro la idea, por lo general, quienes me dicen que debo cambiar son aquellos que no pueden manejar su vida, entonces van por ahí diciéndole a la gente como es que deben hacer las cosas, cosas que ellos mismos no pueden implementar y un ejemplo claro es el Facebook o twiter en donde constantemente suben frases que “reflejan” el pensamiento de estos seres que quieren cambiar la vida de todo el mundo y ni siquiera lo pueden hacer con la suya propia.

A todos ellos, a todos esos malos concejeros les recomiendo antes de hacer su próxima sugerencia, analicen sus paupérrimas vidas primero antes de brindar algún concejo, luego mejoren sus asquerosas almas y por último, “VAYANSE A LA MIERDA”.

Sergio G. Selser

domingo, 28 de abril de 2013

Y… eso dicen (camino al intelecto barato)


Cuantas veces habré escuchado la frase, –“y… dicen que en estados unidos…”- o la otra:   –“allá es así”-. Parece ser que aquellos que no poseen información de ninguna índole, es decir, que no tienen ningún conocimiento, se aferran a las frases cotidianas lanzadas al mundo por quien sabe quién. Frases mediocres que intentan ser inteligentes en boca de los mediocres.
A finales del 2012, se rumoreo la posibilidad de que llegaría el fin del mundo, un apocalipsis mediático impulsado aparentemente por los Mayas, quienes predecían el fin del mundo muchos años antes; de todas formas, tomar en cuenta la predicción de una cultura que no pudo evitar la suya propia, es decir, su propia extinción, es bastante estúpido.
Lo malo no es que aquellos que no poseen conocimientos de ningún tipo anden por la vida diciendo estas frases armadas a medias, sino que los receptores creen sin mayor cuestionamiento o ejercicio intelectual o análisis, que esas frases contienen algún tipo de conocimiento previo.
Cualquier tipo de conversación merece un pequeño análisis, sea cual sea el tema, y enseñarles a los chicos que es más que necesario que piensen en cada cosa que escuchan, provengan de quien provengan, padres, maestros, médicos, etcétera, no vallan a creer que la estupidez y la mediocridad no se encuentra en los profesionales, he tenido muchas discusiones con médicos que hablan sin pensar y repiten lo que dicen los libros sin mayor cuestionamiento, largas charlas con psicólogos, psiquiatras que brindas “soluciones” basadas en conversaciones incoherentes y propuestas irracionales.

Piensen, cuestionen, debatan, hablen, la mejor manera de llegar a una solución o a una comprensión, es a través de un simple ejercicio que se ha empleado por los niños y niñas de todo el mundo, y que incluso está contemplado como una etapa de la vida, la etapa del ¿Por qué?, así de simple, cada vez que alguien nos dé una supuesta razón incomprobable, debemos preguntar ¿Por qué?, y no obviar a sus aliados ¿de dónde has sacado esa información? O ¿en donde lo has escuchado? Verán que en el 98% de los casos nadie les dará una respuesta.

Sergio G. Selser

domingo, 21 de abril de 2013

Moderna esclavitud


Como comente en alguna oportunidad, me he dedicado a la gastronomía durante más de una década, y este es uno de los rubros más complicados en los que he trabajado.
Pero hoy apuntare a los dueños, seres despreciables que son dueños de un local gastronómico y creen que a la vez son dueños de sus empleados.
Aprovechadores y chupadores de vidas, que creen que pueden controlar la vida privada de un empleado, cambiándoles los horarios de trabajo a gusto y placer suyo. Que les cuestionan por que piden un adelanto de sueldo y les exigen una explicación de lo que van a hacer con el dinero que les corresponde por derecho. Que los  hacen quedar después de que termino su turno sin pagarles el tiempo extra con la barata excusa de que “la gastronomía es así, se sabe cuando se entra pero no cuando se sale”. Imbéciles chupa sangres, que se incrementas sus bolsillos a costilla de sus empleados, pagándoles la mitad del sueldo en negro, sin hacerles los aportes jubilatorios correspondientes porque categorizan mal a sus empleados.
Obviamente que yo no duro demasiado en los trabajos, no me dejo avasallar ni intimidar por estos gánsters gastronómicos, que viven amenazando con que los van a echar sin pagarles un solo centavo, o les dicen a las empleadas -¿Dónde te van a tomar con un hijo? Yo no pago bien, pero por lo menos te doy trabajo-. Mugrientos sanguinarios económicos que joden la vida de quienes depende para vivir.
Por eso, cada vez que cambio de trabajo, me armo hasta los dientes legalmente y me cubro en todos los aspectos y cada vez que puedo, les meto un juicio, muchas veces, no para cobrar algo de plata, tan solo por no verlos en paz.

En el rubro gastronómico soy conocido, no solo por mi aguda rebeldía, sino también por mi excelente trabajo, y quien me haya tenido entre sus filas, sabe que soy uno de los mejores.

Sergio G. Selser

domingo, 14 de abril de 2013

Porque no, no es una respuesta


De chico lo habitual es hacerle caso a los padres y resto de los adultos sin mayor cuestionamiento aunque nos parezca irracional la orden impuesta por alguno de estos seres, nos enviaran a dormir en un horario que nos parecerá muy temprano, nos harán comer comidas horrendas aun en contra de nuestra voluntad y no nos permitirán ver determinados programas televisivos, todo esto sin siquiera una breve explicación acompañado por una de las frases más odiadas por mí y menos pensada por los adultos: “¡Porque no!”, ante la duda lógica de un menor hacia una prohibición, la respuesta automática del adulto es “Porque no”, esto en ocasiones viene acompañado de un segundo latiguillo, “Porque no y punto”, evidentemente cuando responden de esta manera es porque no conocen la respuesta correcta, ni siquiera la incorrecta.
Como comente en alguna ocasión, soy hermano mayor de muchos y siempre alenté a los más chicos a cuestionar todo lo que vean y oigan, aun cuando la evidencia sea lo suficientemente convincente (que sea convincente no la hace real). Una vez, estando a cargo de mis hermanos, le dije a la mas chica de mis hermanas que ya era hora de que se fuese a dormir, ella me pregunto si podía comer unas galletas de chocolate antes de dormir y mi respuesta automática aprendida desde chico por padres poco analistas fue un rotundo NO, a lo que ella me pregunto –pero ¿Por qué no?-, obviamente yo creía conocer la respuesta a esto y le dije –porque no- y ella, en su lógica inocente me dijo –porque no, no es una respuesta-, y no tuve más remedio que dejarla comer galletas de chocolate antes de ir a dormir, su planteo era lógico y si hay algo con lo que no suelo luchar, es contra la lógica.

A pesar de padecer teniendo que ser un adulto, no congenio con ellos y mucho menos con sus irracionales pensamientos, llenos de baches, mentiras, y falsos datos, y todo esto, para no parecerse o alejarse de lo mejor de este mundo, ser un niño.

Sergio G. Selser

lunes, 8 de abril de 2013

¿Maestras? Maestras eran las de antes


Como se habrán dado cuenta, mi espíritu inquisidor no me da descanso desde que era chico. Mis dudas debían ser respondidas por alguien, y siendo chico, la lógica es que los adultos sean quienes tengan esta tarea. Pero no me refiero solo a los maestros, padres y madres (o hermano mayor en ausencia de los antes mencionados), sino a cualquier adulto al que uno recurriese. Sin duda alguna, las maestras serian nuestro primer recurso.
A temprana edad me di cuenta de que con los primeros que no podía contar, era con ellos, maestros o profesores (ya más de grande) y casi cualquier tipo de educador. El resto de los adultos, bueno, quizás por la época en las que ellos fueron educados o quizás por el nivel social en el que me movía, no me ofrecían las respuestas que necesitaba.
Pero lo que siempre me llamo más la atención es el tema de los maestros, en mi caso, maestras, ya que en su mayoría eran mujeres.
Antiguamente, los docentes o la docencia era una cuestión institucional. Los maestros eran seres horrendos que más que enseñar asustaban y uno terminaba recordando lo enseñado, más por miedo que por capacidad del docente. Hoy en día las cosas no han variado mucho.
Cuando era chico, yo era el payaso de la clase, siempre castigado, siempre censurado y todas las llamadas de atención tenían mi nombre.
Actualmente la situación no cambio, hoy me encuentro estudiando para ser profesor de educación primaria y mis “profesores” son igual de imbéciles que cuando yo era chico, creen ser seres superiores y yo sigo siendo el payaso de la clase. Evidentemente la enseñanza no cambia y yo tampoco, con la única diferencia es que yo lo tengo claro. Sigo siendo el payaso, sigo siendo censurado por mis agudos comentarios y mi calidad de sobresalir en todo. Literalmente sobresalgo por encima de los profesores y ellos atinan solo a <<tratar>> de castigarme y humillarme para no quedar en segundo plano, nunca lo logran, pero es debido solo a su propia incapacidad.
Siempre tuve la idea de que yo no encajaba en el sistema educativo y no fue hasta hoy, que, con mis 37 años, es que pude evaluar a la educación y a sus educadores, seres despreciable, sin tacto y sin pensamiento propio o carentes de poder analítico espontaneo (o no), y muchas veces infantiles, muchas de ellas, más que los alumnos a los que intentan enseñarles algo. Seres que solo se sientan a tomar café, calentar una silla y cobrar un sueldo. Hacen las clases aburridas y poco didácticas y que creen que su sistema de enseñanza es “bueno”.
Los educadores se siguen sintiendo inhibidos por mi accionar desatinado, y por poner en evidencia a su imbecilidad. Al parecer las cosas no cambian, y yo tampoco (por suerte).

Hay un fragmento de un tango que dice: “El mundo fue y será una porquería ya lo se, en el quinientos seis y en el dos mil también”.
Creo que eso se puede aplicar a este caso.

Sergio G. Selser

domingo, 31 de marzo de 2013

El titulo por delante


Como ya he expresado en alguna oportunidad, los profesionales me son difíciles de soportar, su semblante de “sabelotodo” me pone nervioso. Seres despreciables, repetidores de frases armadas y fotocopias de libros de texto, pareciera ser que solo ellos son los autorizados a opinar.
Hablando con una nutricionista, le pregunte si el alimento sin gluten afectaba en algún punto a los que no eran celiacos ya que yo trabajo en un restaurante apto para estas personas (es decir los celiacos), ella con la mejor voluntad me informo que no hay problema en comer sin gluten y que el intestino, trabajo mejor carente de trigo, vale aclarar que ella, aparte de ser nutricionista, también es celiaca.
En este intercambio de preguntas y respuestas, me dijo con una seguridad increíble:           -“fíjate tú que el hombre hace 10.000 años no conocía el trigo y vivía igual”-, no podía creer que su argumento sea tan barato. Así que con mi mayor sarcasmo (pero cuidando al cliente como corresponde) le dije que también en esa época el promedio de vida era de unos 40 años ya que los alimentos (sobre todo la carne) se comían crudos, la gente moría sin más y que, luego de descubrir el cocido, el promedio de vida subió considerablemente.
Eso me dio la pauta de que los profesionales no suelen pensar demasiado, solo se dedican a repetir lo “aprendido” y no le brindan ni siquiera un pequeño análisis, ya que si apelamos a que el ser humano no comía trigo hace no sé cuantos miles de años, bueno, tampoco conocía la rueda o la penicilina y no por eso su vida era mejor.
La tendencia del profesional pareciera ser que es la de repetir como un loro. Una vez un muchacho me conto que fue a dar un examen oral y cuando el profesor le hace la pregunta, el se quedo callado unos segundos, a esto, el profesor le dijo –“bueno, hable”- y el muchacho le contesto –un momento, estoy pensado- y el profesor le respondió –no piense, solo hable-, es decir que lo único que le hubiese hecho falta a este joven es haber contado con un poco de memoria.

Me tienen arto estos imitadores de conocimientos, que creen que por haber aprobado un par de exámenes en la facultad, son autoridades en alguna materia; yo puedo hablar al mismo nivel que cualquiera de estos disque profesionales, porque el conocimiento no solo se encuentra en la universidad, el mundo está lleno de libros y cuando carezco de ellos, bueno, apelo a mi análisis, a mi experiencia y a mi sabio y maravilloso juicio.

Sergio G. Selser

domingo, 24 de marzo de 2013

Adultos vs. Chicos


Hace poco, unas de mis hermanas fue atacada por una mujer que se podría poner dentro del rango de los adultos, pero solo por sus más de 50 años de edad, no por su actitud ni su pensamiento.
Esta mujer sintió que mi hermana la estaba burlando, por suerte yo estaba presente y no solo  por mi calidad de hermano mayor la defendí, sino porque presencie la conversación completa y vi que no hubo animosidad de ninguna índole por parte de mi hermana, así que mi instinto de protección salió de mi cuerpo con la fuerza de la bala de un cañón y arremetí con mi mayor sarcasmo y elocuencia en un principio y luego de perder la paciencia, continúe con palabras que no valen la pena repetir. Lo bueno de esta situación es que me puso a pensar y me brindo material para escribir.
Muchos de los adultos consideran que merecen respeto tan solo por el hecho de contar con una edad en la que se la pueden exigir a un niño, pero solo por diferencia física y no por otra cosa; y les exigen buenos modales y educación aun siendo el adulto, carente de ella.
He presenciado este tipo de situaciones muchas veces y he visto como el adulto es quien genera que un niño o joven, le falte al respeto, pero se tiende a reprender al más débil, los padres al conocer esta situación, piden disculpas en nombre de su hijo y acompañan esta situación con la típica frase –“no sé de dónde saca estas cosas, yo no lo eduque así”- poniendo su integridad como padre por delante, antes de preguntarle a su hijo (a quien debería defender ante todo y todos) que fue lo que lo llevo a determinada conducta, porque tranquilamente puede ser el adulto en discordia quien lo haya incitado a que el niño perdiera la paciencia, porque pareciera ser, que solo los adultos son capaces de enojarse y responder a otro ser humano.
He mencionado en alguna oportunidad mi falta de apego en cuanto a los adultos se refiere, aun teniendo que padecer esta situación siendo uno de ellos, los adultos actúan de forma extraña, siguiendo protocolos que ellos mismos se imponen, siguiendo reglas que ellos mismos se generan aun estando en contra de ellas, guiados por la estúpida fantasía que es así es como se debe comportar un adulto. Cuantas veces habrán oído por parte de estos seres insoportables –“a veces se deben hacer cosas que a uno no le gustan”-

Qué lindo es ser chico, porque la mayor parte del tiempo, uno no se preocupa por las banalidades de la vida, agradezco poder continuar en Never Land (el país del nunca jamás de Piter Pan), donde hago siempre lo que quiero y digo siempre lo que pienso.

Sergio G. Selser

jueves, 14 de marzo de 2013

Mi programa de radio


Fieles seguidores, a partir del Domingo 17/Marzo/2013 y de 23:00 a 24:00, comienza mi programa de Radio "acerca de nada" por AM 610. También pueden escucharlo vía Internet a través de http://www.radioam610.com.ar/ "Los espero a todos"

lunes, 11 de marzo de 2013

Padres… castradores de sueños


Como es habitual en mi, hablare de un tema delicado con la violencia que ya caracteriza mis escritos y sin medirme en cuanto a mis pensamientos. Lo lindo de ser adulto (creo que debe ser lo único lindo) es poder decir lo que se piensa sin necesidad de tener que tener cuidado de las palabras que uno emite como cuando uno es chico y lo retan si dicen “mierda” o “puto”  o cualquier tipo de las denominadas <<malas palabras>>, pero los adultos pueden decir guerra, hambre, maltrato infantil con total soltura y no ubican a estos conceptos dentro del rango de las malas palabras.
Ser padre (me han dicho quienes dicen serlo) es una de las mejores cosas que te pueden pasar, tener hijos entra dentro de las tres cosas que se deben hacer antes de morir, las otras dos son, plantar un árbol y escribir un libro, no se quien es el pelotudo que invento esto, pero se suele seguir esta regla sin mayor análisis y los imbéciles largan esta perorata económica en charlas “filosóficas” de bajo nivel.
Pero ser padres implica una responsabilidad mayor que la de solo enviar a sus crías a la escuela, darles de comer y vestirlos, hay un mundo aparentemente desconocido por los engendradores de vida; un mundo de sentimientos y pensamientos por parte de los hijos que parecen ser ajenos al conocimiento de la gran mayoría de los padres.
Seguro que muchos de ustedes habrán conocido o habrán escuchado en alguna oportunidad, de alguna persona que es depresiva, o algún caso de suicidio, o personas que son malas sin necesidad, etcétera, y que muchos han recurrido a psicólogos o psiquiatras sin encontrar en ellos ninguna respuesta de donde provienen sus problemas, como es obvio, la mayoría de ellos, proviene o se genero en su niñez. Padres que no saben escuchar a sus hijos, o peor, padres que no le interesa escuchar a sus hijos, que no se preocupan por saber que piensan o que sienten. Padres que toman decisiones individuales en “POS” del beneficio familiar, pero en realidad es solo es pos del beneficio personal. Familias que se mudan de ciudad porque su papá consiguió un mejor empleo, y despojan a sus retoños de amigos de quien sabe cuántos años de amistad, de novias o amores juveniles sin mayor consideración que la de su propio bienestar. Te mudan de barrio y de escuela con la excusa de mierda y la frase de porquería que la acompaña: -“acá vas a hacer nuevos amigos”- como si a uno le interesara hacer nuevos amigos, cuando los antiguos o los de siempre son con quienes uno a vivido las mejores aventuras.
A estos padres de bajo presupuesto, les envió toda mi ira irracional, bien les daría una enorme patada en el culo para que reaccionen y vean, y escuchen, y pidan las opiniones de sus hijos y que analicen la situación y comprendan que por un “bienestar” momentáneo pueden causar un mal mucho mayor. He escuchado en muchísimas conversaciones, hombre y mujeres recordando amores juveniles desechos por la imbecilidad y estupidez de algún padre o madre que no lo supo escuchar o entender en el momento adecuado.
Seguro estos padres saldrán con la baratísima excusa de que hay ocasiones en que se deben tomar decisiones difíciles y que duelen; ¡ARTO Y CANSADO! me tienen con estas bifurcaciones argumentativas y escapes por el solo hecho de creer que hacen lo correcto cuando no se tomaron el tiempo para conocer a  sus hijos.

Si no están dispuestos a hacerse cargo de todo el conjunto de cosas que implica ser padres, la solución es muy fácil no tenga hijo, cómprense estatuas de jardín vestidos de duendes, eso no implica ningún sacrificio ni responsabilidad.

Sergio G. Selser 

domingo, 3 de marzo de 2013

Animales sueltos (Cuando más conozco a mi perro más quiero a la gente)


En varias ocasiones he escuchado comparaciones entre los animales y los seres humanos, sobre todo con los animales domésticos, perros, gatos, etcétera. Frases estúpidas dichas por los defensores de los animales, me hacen hervir la sangre. Una vez una compañera de trabajo a la que le hice referencia que a mí en lo particular me eran indiferentes los animales, salto de su silla y con un fanatismo pocas veces visto me dijo a voz en cuello:      –“¿Cómo pueden serte indiferente los perros? Ellos no conocen la palabra rencor”- a lo que mi aguda, automática e hiriente respuesta fue –“bueno, pero tampoco conocen la palabra xilófono”-. Obviamente no me hablo por muchos días, lo cual le dio un hermoso respiro a mi ser, ya que no suelo interactuar con imbéciles y falsos defensores de causas inexistentes.
Los animales no son lo mejor de este planeta aunque así lo quieran hacer parecer muchos, los Leones, sin ir más lejos, cada vez que toman una nueva manada, matan a todos los cachorros que no son de él para evitar que alguno le quiera robar el trono cuando crezca. En los gorilas, el macho alfa mata a cualquiera que quiera destronarlo y es el único encargado de copular con las hembras. La araña viuda negra, mata al macho después aparearse. Los elefantes abandonan a sus crías si luego de nacer no logran pararse rápidamente. Y así podríamos describir una larga lista de animales y sus horrendas costumbres. Claro que la excusa habitual es que ellos siguen sus instintos (como si el ser humano careciera de ellos), y que nosotros como seres pensantes, deberíamos dominarlos.
Los animales viven y ese es su único trabajo, no son más inteligentes que los seres humanos, no son mejores que nosotros y aunque no conozcan la palabra rencor, eso no los convierte en algo bueno. No estoy en contra de su existencia, cuento en mi haber con dos gatos y dos perros, pero ninguno de ellos me ayuda en la limpieza de la casa ni en el preparado del almuerzo.
Tengan animales aquellos que en verdad se van a ocupar de ellos, he visto como muchos se jactan de la cantidad o pedigrí de sus mascotas, y luego no les cambian ni siquiera el agua.

Una vez la tía de una ex amiga mía, en una charla sobre gatos (no hay nada que me moleste más que perder el tiempo hablando de seres a quienes no le importan lo que digamos), me dijo una de las frases más estúpidas del mundo en referencia a su propio gato: -“¿sabías que los gatos son más inteligentes que nosotros?”- con el aire y la mirada de quien cuenta con los conocimientos que nadie más posee; mi ira, mi sarcasmo, mi intolerancia y mi falta de respeto salieron de mi cuerpo con la fuerza de un tornado y dije:                  
-“si es tan inteligente tu gato, dile a ese mugriento cuadrúpedo que me prepare un café a ver si puede hacerlo”-
Ahora ya saben por qué dije al principio, una ex amiga.

Sergio G. Selser

domingo, 24 de febrero de 2013

¿Yo?, villero hasta los huesos


En Argentina (país en el que resido), y como en muchos países, existen villas o favelas de emergencia, lugares carenciados, marginados y muchas veces olvidados. Llenos de los peores vicios y malhechores. Drogas al alcance de la mano, armas por doquier y pobreza en ocasiones extrema. Todo esto nos brinda un coctel marginal al cual no podemos escapar. Nadie que viva allí, pareciera ser que vale la pena. He escuchado a muchos decir que se deberían eliminar estos sitios y así se terminarían los problemas de drogas, alcohol, robos, muertes, estafas, etcétera, pareciera ser el epicentro donde se genera el caos mundial.
Soy gastronómico desde hace más de doce años y les puedo asegurar si hay un lugar donde corre droga, robos y estafas es en los restaurantes, cafeterías y bares. Brillantes y lujosos edificios en donde una mujer embarazada, le roba la cartera a una anciana. Donde Mery Jane (Mari Juana, no creo que sea necesario aclarar esto) se encuentra al alcance de la mano y se corta con los mismos cuchillos con los que se cocina. Dueños inescrupulosos y estafadores que no le hacen los aportes jubilatorios a sus empleados o no los cubren en salud. Empleados que se roban una cerveza o comen a escondidas. Mozos que van borrachos a trabajar y encargados o gerentes que se creen superiores solo porque la droga que ellos consumen es de mejor calidad.
He visto cierres de campañas de presidentes de futbol o políticos, debatirse entre un par de mugrientos patas sucias sentados tomando café y votaciones inexistentes que después aparecían en la televisión, diciendo –“Fulano gano con el 54% de los votos”-.
Ser villero parece ser lo peor, pero también existen los villeros de guantes blancos (si se me permite la comparación). He tenido la posibilidad de entrar en algunas villas y ver la solidaridad y el amor por la familia que no he visto en grandes y lujosas mansiones, donde los miembros de una familia, cena cada uno en su habitación y ni saben de la existencia del resto de los habitantes de la casa.
Es cierto que en la villa o favela corre droga, armas, tráfico, etcétera, pero también lo hacen fuera de ella, en los lujosos restaurantes, en los bancos más conocidos donde los cajeros (que muchas veces atacamos) van a trabajar más duros que una tabla, y esto para no hablar de los hospitales o cualquier centro de salud donde el trafico de drogas entre los empleados es moneda corriente.

La villa o favela al igual que las cárceles son el reflejo de la sociedad restante, solo que es más fácil y más conveniente, atacar a quienes no les han brindado los recursos intelectuales para defenderse.
 Aun vivimos como hace siglos, donde el que tiene más poder y recurso, se aprovecha del que no lo tiene.

Sergio G. Selser

domingo, 17 de febrero de 2013

¡¡San Valentín…!! Anda a cagar


Hacia el siglo III después de Cristo existió un sacerdote llamado Valentín que ejercía en Roma, para aquel entonces el emperador era Claudio II, quien consideraba que los matrimonios no eran convenientes para el orden militar, decía él que el hombre soltero tenía menos ataduras y era mejor soldado aquel que no poseía familia. Valentín (yo lo tuteo porque soy macho) no hizo caso de esta orden del emperador y casaba a los jóvenes en secreto, al enterarse de esto el emperador lo mando a encerrar, más por el convencimiento de un gobernador llamado Calpurnio que por convicción propia.
En el año 270 de nuestra era, Valentín fue ejecutado, como es de adivinarse, un 14 de Febrero.
Al igual que muchas tradiciones de orden religioso, San Valentín o también conocido como el día de los enamorados ha sido utilizado por los comerciantes, esto no es algo que me moleste, de hecho los comerciantes venden algún producto y somos nosotros quienes decidimos si comprarlos o no, hoy apuntare al enamoramiento en sí.
Como he explicado en incontables ocasiones, enamorarme no entra en mi circuito de razonamiento lógico, claro que está bien que así sea, una emoción no es razonable, si así fuese, no sería una emoción.
Muchos esperan con ansias este estúpido día para hacerle un regalo fantástico a quien aman (o eso creen), y planea salidas a restaurantes, chocolates con formas de corazones, escriben poemas (o los copian) y arman un show patético para demostrar o compensar en un rato, todo lo que no hicieron durante el año. Cuando se trata de amor no soy el indicado para hablar, pero cuando se trata de romanticismo, ¡¡soy el mejor!!
Me encanta sorprender a quien me gusta (sea pasajero o no), enviarle un desayuno, escribirle algo, pasar por donde trabaja y dejarle un chocolate, para esto no espero todo un año a que llegue este patético día y hacer todo junto, es algo que voy mechando a través de todo el año. Las relaciones actuales están estancadas, nadie apuesta a lo romántico, los hombres se olvidan que a una mujer se las debe seducir todos los días, y las mujeres olvidan que deben estar seducibles (si se me permite la comparación barata de palabras) todos los días.
La rutina aniquila a las relaciones así como la convivencia, según mi parecer.
Recordemos todas las veces que nos sea posible a quien amamos, digámoslo a voz en pecho y sin problemas, yo por mi parte jamás me privo de decirle a una señorita que me gusta o me parece linda independientemente de que llegue a algo con ella.

La mujer y todo lo que ella genere, es lo mejor que existe en este planeta y por lo único que vale la pena vivir (y morir).

Sergio G. Selser

miércoles, 13 de febrero de 2013

Hombres, cuiden a sus mujeres o cómprense una muñeca inflable


He visto en algunos casos (sobre todo en mujeres) cambios repentinos, se cambian el peinado o el color de pelo, cambian el vestuario o los muebles, eso es un claro indicio de que necesitan de forma urgente un cambio de vida. La rutina es la enemiga numero uno de las relaciones y por lo tanto ahí es donde atacare, y solo hay un único culpable en esto, LOS HOMBRES.
El hombre es un ser de rutinas, podría hacer lo mismo desde que nace hasta que se muere, no le gustan los cambios, pero la mujer no es igual, le gusta la aventura, el constante cambio, la rutina la mata de a poco y con ella cualquier tipo de deseo. Se empieza a dejar estar, se depila poco y nada, deja que los kilos extras se apoderen de ella y se empieza a descuidar. Siempre que veo a una mujer malhumorada a la que habitualmente se la considera una “mal atendida” (obviamente sexualmente), hay un solo culpable, su marido o su novio. Ante cualquier tipo de histeria femenina yo siempre acuso a su pareja.
La mujer es extremadamente simple, solo quiere ser amada, necesitada y  única, para esto es imprescindible tener a su lado un hombre, pero no basta con contar con un apéndice colgando de entre las piernas, cuando hablo de un hombre digo a un hombre en todos los aspectos.
Un hombre tiene que tener seguridad en cada acción que toma, en cada paso que da, es decir, que tiene que mostrar seguridad en todo, cuando habla, cuando camina, cuando trabaja, cuando decide. Y no solo debe ser el macho que grita y se pelea en la calle, también en el habiente domestico, debe, sin duda, mostrarle a su dama que es él el único que la va a cuidar como corresponde, debe saber lavar la ropa, planchar, lavar platos, barrer, etcétera, debe conocer todos los aspectos del orden domestico y a su vez colaborar con ellos, para hacer sentir a su pareja que esta con un verdadero hombre y que la va a proteger en todo.
El hombre es quien lleva la dirección de la casa, es él quien debe decidir que cuentas se deben pagar y en qué orden, será el primero en levantarse a la noche si uno de sus hijos se siente mal, o llora o quiere agua.
A la hora del sexo, debe ser el hombre quien tome la iniciativa, cumplir TODAS las fantasías de su mujer y brindarle todas las caricias y besos que les sean requeridos y obviamente, luego del sexo, debe cerrar con un rico chocolate o una suave ducha juntos y un agradable abrazo mientras conversan delicadamente.
Un hombre debe escuchar a su mujer, pero no solo verbalmente, ellas hablan mucho sutilmente, debe saber entender cuando necesitan un abrazo, un silencio, una palabra de comprensión o de apoyo. Estar atentos a cuando se cambian el peinado, cuando se compraron ropa nueva, etcétera.

Bueno, si todo esto les parece mucho a los hombres, no tengan novia ni se casen, cómprense una muñeca inflable y no jodan.
Hay una frase que me la dijo mí hermana y dice así:
 “No se te agranda el pene por pegarle a tu mujer ni se te achica por lavar los platos”.
Sergio G. Selser

jueves, 7 de febrero de 2013

¿Quién es Dios?


Al parecer Dios esta graficado o caracterizado por un tipo alto, de barba blanca larga y tupida, pelo de igual color y largo, todo este paquete adornado con un triangulo flotante sobre su cabeza que no se que representa, como tampoco sé que significa en los supuestos ángeles con un aro o brazalete en su cabeza, pero parece ser que todo lo que este por sobre la cabeza de uno en el cielo, flota.
Como he explicado en alguna oportunidad no soy un hombre creyente, lo esotérico o mejor dicho, lo espiritual me es difícil de entender, como el fanatismo futbolístico o de cualquier índole.
He ido a la iglesia de chico, más por obligación parental que por voluntad propia, ningún chico en su sano juicio se quiere levantar un domingo temprano por propio deseo, y he escuchado de todo respecto de este muchacho, bueno y vengativo a la vez, egocéntrico y omnipotente, al parecer representa todo, lo bueno y lo malo, pero parece ser que lo malo se le suele adjudicar a su opuesto poderoso, el Diablo.
Pero ¿quién es en realidad Dios? Obviamente es un invento, el ser humano no puede soportar la idea de que al morir todo se acabe y no exista nada más. Estamos más cerca de un contacto con un extraterrestre que con la llegada de todopoderoso. Una de las cosas que llama mi atención es la cantidad de excusas que se utilizan para justificar su poca intervención con el ser humano por parte de este ser, parece que él nos creo y de ahí en adelante nos las tenemos que arreglar solos, pero siempre agradeciendo la buena fortuna cuando algo sale bien solo a causa de nuestro esfuerzo o suerte. La verdad es que la agencia de publicidad que le han armado es mejor que la del presidente de estados unidos Obama.
Dios es solo un mito conceptual, bien armado y bien difundido, pero no deja de ser solo eso. Pero supongamos por un instante que existe, y es todo eso que describe el famoso libro La biblia, en ningún lado dice que debamos construir iglesias, o dar el diezmo o andar vestidos como estúpidos los domingos en las misas, ni que hay que hacerle caso a un idiota como Benedicto XVI o cualquiera de sus secuaces como curas, monjas párrocos, frailes etcétera. Uno puede profesar la religión y rezarle a Dios desde la comodidad de su casa, viendo la tele, con el aire acondicionado a gusto y tomando una rica coca-cola, yo creo que al muchachón de arriba no le va a molestar esto.

En fin, cada quien es dueño de creer en lo que quiera, pero creo que mejor es tomar el concepto de Dios y aplicar la parte linda de esto, la bondad, el amor al prójimo, la honestidad y todas esas palabras lindas que no sirven para un carajo en la vida cotidiana y son muy poco aplicables. Quien quiera ser como Ned Flanders en los Simpson, hágalo y viva como el culo, yo me apego mas a la vida de Homero, y la paso mucho mejor.

Sergio G. Selser

lunes, 28 de enero de 2013

Más sobre amistad


Como he explicado en varias ocasiones, las emociones o mejor dicho, los sentimientos me son ajenos y difíciles de asimilar, entre ellos encontré el de la amistad el cual desarrollare de la mejor forma posible a continuación.
Al parecer existe en la amistad (al igual que en los noviazgos) un reglamento o protocolo a seguir, todos los que he conocido parecen conocerlo excepto yo, nunca se cuantas veces debo llamar a una señorita ni cuáles son los momentos adecuados para ese fin, no sé cuando se proponen salidas con amigos o si se lo debe llamar cuando está enfermo o se debe ir a visitar si está internado.
Yo siempre termino por perder novias y amigos por no seguir la guía o manual de instrucciones que aparentemente viene en conjunto con un amigo o una novia, simplemente hago lo que me sale y por lo general tengo la sensación de que siempre parece ser o poco o mucho, pero nunca lo adecuado.
A través de una reflexión viene siempre una pregunta ¿Cómo se debe actuar en cuestiones de amistad? La verdad es que no se, y creo que nunca lo sabré, por lo pronto solo dejo que la otra contra parte tome las iniciativas y de esta manera, más o menos van saliendo bien las cosas.

Al parecer la amistad solo aparece en la juventud, donde las consecuencias de los actos no son tomadas en cuenta, pero mejor aun, donde esas consecuencias se comparten con otros a quienes tampoco les importa los resultados de aquella ecuación, solo importa transitar las aventuras con quien es tu igual, por eso, como la amistad solo es “amiga” de la juventud, me busque nuevos amigos, jóvenes y llenos de ganas de aventuras nuevas, no los puedo acompañar siempre, la juventud me ha abandonado hace un tiempo, pero es fantástico poder ser parte de aquellas hazañas en las que sí puedo participar.

Sergio G. Selser
(Gracias Nikki, Dani, Cris)

sábado, 19 de enero de 2013

Que loco esto de la internet ¿no?


Yo nací en la era en la que el internet no existía, y si existía, no la conocía. Antiguamente para contactarte con alguien debías llamar a su casa tantas veces como sea necesario hasta encontrarlo. El teléfono contaba con un disco plástico con números  que servían para discar y en el cual casi nunca entraban los dedos. Cuando mejoro un poco la tecnología, se podía dejar un mensaje en una contestadora automática, luego llegaron los celulares y el internet y ya nadie quedo inubicable y la privacidad de todos quedo expuesta aun en contra de uno.
Pero así como el internet permite buscar mucha información también permite la ramificación de la locura. Cuando yo era chico, para anunciar el fin del mundo, por ejemplo, se debía de salir corriendo con un megáfono y una campana gritando –“SE ACERCA EL FIN DEL MUNDO”- y solo se podía hacer esto por el tiempo que se lo permitiese su capacidad física, así que no tenía demasiado impacto, ya que la recepción de este apocalipsis era limitada. Hoy en día, un loco cualquiera puede profesar el fin del mundo desde la comodidad de su hogar, sentado en una cómoda silla, tomando coca-cola y con el aire acondicionado puesto en una temperatura a gusto.
Encontramos páginas donde se fomenta la anorexia y la bulimia, los pedófilos que antes estaban limitados geográficamente, hoy arman redes sociales y se magnifican.
 El internet es una buena herramienta de trabajo, y debe ser utilizada como tal, sirve para comunicarse con quienes no están cerca, pero también esto nos juega en contra, nos va aislando de a poco del mundo, porque para saber de algún amigo, antes se lo llamaba por teléfono o se lo iba a visitar y si no se lo encontraba por estas vías, luego se le reclamaba diciendo –“te llame varias veces y hasta fui a tu casa”-, hoy el reclamo, que también sirve como excusa es –“hace rato que no te veo conectado”-.
Los padres deben estar alertas y hacer un seguimiento de las conductas de sus hijos y chequera (tantas veces como les sea posible), que cosas ven en internet.  No pueden dejar al azar y al criterio de un niño, la utilización de un medio tan manipulador como lo es el internet. He visto familias cenando a destiempo porque alguno de sus hijos esta chateando y no se sienta a la mesa.

Utilicen el internet en forma prudente, pero también, apaguen la computadora, siéntense a merendar o a cenar toda la familia. Cuéntense las novedades del día, hablen de todos los temas posibles, miren en la televisión algún programa que sea del gusto general, peléense de ser necesario, pero veo que ya ni siquiera eso hacen.  Antes uno discutía con un miembro de la familia y se daba media vuelta y daba un portazo, ahora, tras una ciber- discusión, solo lo eliminamos del facebook. 

Sergio G. Selser

jueves, 17 de enero de 2013

Atáquenme sin argumentos que yo, con paciencia, les explico y me defiendo


Hace poco escribí una reflexión llamada “SI no te dejas ayudar, entonces ¿Qué quieres de mí?”, hermosa reflexión donde expongo COMO SIEMPRE mi parecer sobre algún tema, en ese caso ataco a la psicología.
Como era de esperarse, recibí un ataque directo, me dijeron que deje de insultar el trabajo de los psicólogos, consultores, y demás aliados, ya que la pareja de mi atacante estudio y trabaja de algo de eso de psicología. Desde que empecé a escribir tuve la idea de que lo que decía era lo suficientemente explicito, claro que también violento y cruel, pero que siempre se entendió lo que quería decir, este ataque me rebelo que, evidentemente, lo que escribo no es tan claro como creía.
Siempre digo en cada cosa que escribo que son solo (remarco esto) mis ideas las que expongo y nada más, se puede estar de acuerdo o no con ellas, pero es solo la opinión de una persona.
Voy a tratar de ser lo más claro posible, a quienes ataco no son a las parejas de amigas/os, sino a la psicología, consultoría, analista, etcétera, a la carrera que está falto de examen y estudios científicos más profundos, que les falta (cuando no carece) de elementos más reales que sostengan a la profesión, y a la falta de interés de quienes la ejercen, en no avanzar en investigaciones y se dedican a atender pacientes repitiendo lo aprendido sin más cual trabajo en serie.
¿Quedo claro lo que dije? Espero que sí, porque si tengo que explicar cada artículo que subo o cada ataque que recibo, bueno, me voy a desviar de mi propósito real que es el de escribir lo que pienso y siento.

De todas maneras agradezco las opiniones y comentarios amenazantes, me dan material de sobra para más escritos, pero no cederé ante ellas (es decir las amenazas u opiniones opuestas), debido a una cosa que leí cuando era chico que decía algo así:
“Uno empieza a envejecer cuando dice lo opuesto a lo que piensa”, y la verdad es que no está en mi envejecer, por lo menos no por ahora.

Sergio G. Selser

martes, 15 de enero de 2013

Si no te dejas ayudar, entonces ¿Qué quieres de mí?


Los profesionales me son una cosa difícil de soportar, entre ellos se encuentran los psicólogos y sus secuaces, psiquiatras, consultores, psicoanalistas, etcétera. Extraños seres que creen que todo tiene un origen y un porqué. En algún momento, alguno de ellos se le ocurrió la excusa más fantástica que se ha inventado, -“si no te dejas ayudar, entonces yo tampoco puedo ayudarte”-, genial excusa para desentenderse de cualquier tipo de situación.
Lo peor de esta frase, es que se ha trasladado a todos los habitantes y es utilizada sin mayor problema por aquellos que fingen preocupación por alguien, pero que en realidad, no tienen ganas de ocuparse, entonces con esta barata excusa de “no te puedo ayudar si no me lo permites”, se eximen de toda responsabilidad.
Si se “considera” ayudar a un drogadicto porque se tiene la idea de que ese camino que lleva no es el correcto, hablaran con él y le dirán cual sabios de la psicología, -“debes dejar la droga”-, como si el drogadicto no supiese esto. Obviamente que él pondrá toda la resistencia posible, la droga es lo que lo mantiene con vida y evita que se suicide. Lo mismo pasara con el anoréxico, el gordo, el obsesivo. Todos pondrán una barrera ante la tentativa de que quieran romper con este equilibrio que les da su desequilibrio psicológico.
Entonces, la pregunta aquí es ¿es verdad que al que se quiere ayudar, debe permitirlo?
La respuesta es más que obvia, NO, no es necesario, el drogadicto querrá permanecer drogado, el gordo querrá seguir comiendo, el anoréxico evitara la comida y así sucesivamente con todos los trastornos.
Creo que lo primero es ver si vale la pena ayudar a alguno, no podemos ir por la vida salvando a todos y debemos seleccionar a quien le brindamos parte de nuestro tiempo. Después, debemos evaluar si es necesario ayudar a quien nosotros consideramos que necesitan ayuda. Muchos de los que tienen un supuesto desorden son muy consientes de ello, y viven mejor y son más felices estando envueltos en estos supuestos trastornos.    
No hace mucho, me ofrecieron “ayuda” porque alguien tuvo la idea de que yo estoy o estaba deprimido, me veía que no hablaba demasiado, que no tenia metas (no sé de dónde sacaron eso), que no trabajaba (más por vago que por otra cosa) y que me la pasaba desenchufado de la realidad. La verdad es que la vida de un escritor es solitaria, todos los pensamientos son propios y se plasman recién en el papel. Las metas no son visibles y debemos, o por lo menos yo, estar desenchufados de la realidad para darle espacio a la imaginación.

Si se va a ayudar a alguien, háganlo convencidos de lo que hacen y háganlo hasta el final. Traten de tener la información correcta y completa en cuanto a si el que va a ser ayudado, vale la pena o ver si no es mejor su vida así, que anteriormente, es decir, que si van a hacer una movimiento por alguien den todo de sí, sino, no molesten, y déjennos vivir en nuestro fantástico mundo desequilibrado.

Sergio G. Selser

sábado, 12 de enero de 2013

¿Cómo que repites el año escolar?


Arrancare esta reflexión recordándoles que no me llevo bien con los adultos en general, aun teniendo que padecerlo siendo uno de ellos. Hoy arremeteré contra unos en particular, los padres; padres por casualidad y no por elección. No soy un estúpido que no sabe que el 90% de la humanidad se genero por casualidad, preservativos pinchados, cuentas menstruales mal sacadas, descuidos varios (no hace falta especificar), pero eso no es lo que me interesa hoy, hoy voy a poner en la mira a los padres, pero no en todos, no hay que generalizar, solo lo hare con el 98% de ellos.
Llegando el fin de año escolar, muchos padres se enteran recién a esta altura que su hijo/a esta a punto de repetir el año, algunos amenazan a su descendencia diciéndoles que no tendrán vacaciones o no verán a sus amigos, o se quedaran sin internet por un periodo de quien sabe cuántos días o meses en castigo por no haber estudiado lo suficiente o por lo menos, lo necesario, o peor aún, los golpean. Otros prometen regalos exorbitantes si logran dar todas las materias finales de forma exitosa, queriendo así, fabricar un milagro. Para esta situación en particular voy a usar una frase de mi abuelo Sabella en que se ajusta perfectamente a esto, el hablaba del pago de un alquiler de una vivienda, o mejor dicho de su deuda, decía él –“quien no puede pagar un mes de alquiler, menos podrá pagar dos”-, es decir, que un niño que no pudo aprobar las materias durante todo un año, difícilmente podrá hacerlo en unos pocos días.
El resultado de toda esta introducción es, como siempre, una pregunta ¿son culpables los niños por no estudiar? Creo que ya adivinaron mi respuesta, NO, claro que nos son los culpables, yo culpare directamente a los padres, imbéciles que no escuchan a sus hijos, que no revisan sus carpetas y cuadernos para ver cómo les va en la escuela a esos seres que ellos trajeron al mundo sin preguntarles, que dejan la educación en manos de terceros, maestro, profesores, niñeras, tutores y luego les reclaman a medio mundo por un error que ellos se esforzaron en generar.
No puedo hablar desde el punto de vista de un padre ya que no lo soy, pero no por eso estoy ciego y no veo lo que hacen con sus hijos.
Como ya he mencionado en alguna oportunidad, soy hermano mayor de un gran número de personas y soy, en muchos casos, insoportable cuando se trata de que estudien y se eduquen, reviso carpetas, hablo con los maestros y profesores, voy a las reuniones escolares, estoy atento a que hagan las tareas que les envían. Claro, los padres dirán que deben trabajar para poder darles una educación digna, que excusa tan barata, ¿Cuánto tiempo les lleva mirar un cuaderno? ¿Cuánto tiempo les demanda preguntarles que vieron en la escuela?

Franco de Vita es un cantante que no está dentro de lo que escucho, pero tiene un tema llamado “No basta”, hermosa canción que refleja lo que aquí hoy he expuesto.
Dejen de culpar a sus hijos por las desatenciones de ustedes, padres casuales y poco atentos que luego tratan de solucionar todo con un premio (en el mejor o peor de los casos) o con un castigo (en el peor o mejor de los casos). Siéntense cinco minutos con sus hijos y hablen con ellos, permítanse conocer a esos seres que son su responsabilidad desde que nacen hasta que mueren, y si no están dispuestos a asumir esa responsabilidad, la solución es muy simple, no tengan hijos.

Sergio G. Selser