domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Consejos tuyos? ¿Para que los quiero?

Las personas están siempre dispuestas a brindar sabiduría barata. A través de los consejos, quieren dejar para la posteridad una frase que haga que uno los recuerde.
Como ya es habitual en mi, mi ira racional (o irracional) se apodera de mis manos y me da por escribir. Hoy atacare a esos falsos, despreciables e innecesarios seres que son los consejeros. No estoy hablando de consejeros profesionales como psicólogos, psicoanalistas o esa nueva y extraña rama que salieron ahora los couseling, hablo de esos familiares, amigos, vecinos y cualquiera de estos repulsivos seres que van por la vida aconsejando a los demás. Imbéciles que van tirando a diestra y siniestra frases como:
–“Lo que no mata engorda”- o también –“la muerte es parte de la vida”- , o uno de los que más odio –“en la moto, el chasis eres tú”- y roban dichos y los largan en los momentos en los que creen que alguien los necesita aun sin ser solicitados por el otro.
La verdad es que los consejos son una porquería y los consejeros son aun peores.
Creo nunca voy a comprender a las adultos. Son seres realmente extraños, van por la vida aconsejando a los demás y no son capaces de tener el control de su propia existencia. Dan consejos desde una perspectiva en la que no se encuentran y con un facilismo y mediocridad que me resulta vomitivo.
Una vez leí en una de esas redes sociales algo que decía más o menos así: la diferencia entre un consejo tuyo y una pizza de delivery es que a la pizza si la pedí.
Yo soy un tipo con algunos líos de ánimo, de poco contacto social y de unos trastornos de otros tipos y siempre me encuentro con algún idiota que me quiere aconsejar sobre cómo debería hacer yo para mejorar mi vida, cuando lo primero que tendría que saber es si quiero mejorara algo, aunque lo primero que debería hacer es no aconsejarme en lo más mínimo.
Quizás alguno me este brindando un consejo con la mejor voluntad del mundo, hasta incluso con afecto o cariño, no me importa, no los quiero.

Un poeta griego llamado Sófocles dijo una vez:
“Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos”.


Sergio G. Selser

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