domingo, 3 de mayo de 2015

Big brother (fábrica de Selsers)

Siendo hermano mayor de ocho individuos, varios varones y muchas mujeres, me pase la vida en compañía, y con ciertas responsabilidades las cuales venían con el certificado de nacimiento, en letras muy muy chicas aparentemente.
Al ir creciendo iban apareciendo en la casa más y más humanos y cada uno de ellos serían una responsabilidad que se le sumaban a quienes los fabricaban, pero hay allí un tercer socio de esta compañía de creaciones humanas que, sin ser consultado previamente, era responsable directo de los elementos de manufactura que allí se hacían.
Este ser es el hermano / a mayor, quien tendrá grandes responsabilidades sobre estos seres más pequeños que si mismo, casi las mismas que la de los responsables directos, es decir, la de los padres; padres que colocan en las espaldas del hijo / a mayor, la misma cantidad de carga de responsabilidad que las que a ellos les corresponde.
Cuantas veces abran oído estos pobres seres incomprendidos (los hermanos / as mayores) de la boca de sus padres: “para eso sos el mayor”, “y bueno, eso te pasa por ser la mayor”, “ayuda a tu hermano, dale, si no lo cuidas vos que sos el mayor ¿Quién lo va a hacer?”, y con estas SÁDICAS manipulaciones mentales te van metiendo en la cabeza desde chico que <<ESA>> es tu obligación en la familia y en la vida. Cuanta hipocresía y caradurismo soporta uno cuando es chico y no puede defenderse.
Quizás  quien lea esto y no es hermano mayor pensara que es una exageración o que ser el mayor tiene otras recompensas, bueno NO, no hay ninguna recompensa y NO es para nada exagerado.
Pero muchas veces no son los mayores quienes sufren este karma, muchas veces lo vi en hermanos que no son los mayores pero que actúan como tales.
¿Qué pasa por la cabeza de un padre que hace esto con su hijo?, ¿Qué pasa por la cabeza de una madre que se va quitando obligaciones a costillas de un hijo?
No parecen pensar que un hijo mayor o hija mayor son también hijos, porque a la hora de las repartijas de regalos, premios o ropa nueva siempre arrancan por el más chico, a la hora de repartir la comida en la mesa, es el último en ser servido sin darle a este, la posibilidad de elegirse la pata de pollo porque esa es para el más chico que está creciendo y necesita más energía, o está  el otro que juega al futbol y quiere ser futbolista y por eso hay que comprarle a él primero los botines antes que a uno las zapatillas; que debemos dejarlo ver lo que quiera en la televisión porque es chico.
En alguna otra oportunidad hablare de estos seres irracionales que son los padres, hoy estoy enfocado en los hermanos y hermanas mayores.
Esto no es para hacerme ver como una persona sufrida o víctima, esto es para abrir ojos, me di cuenta que este papel de hermano mayor debe tener fecha de caducidad, no se puede vivir pensando en los demás, por más que sean tus hermanos y hermanas, ellos son responsabilidad de los padres y ya de adultos, son su propia responsabilidad, está bien “quizás” colaborar un poco en casa en la educación o protección de los hermanos más chicos, pero no es justo que uno deba sacrificar su existencia o su tiempo por seres que no deberían ser NI SON, nuestra responsabilidad, ni siquiera en una mínima parte, porque así como uno no pide nacer, mucho menos pide hermanos, y muchísimo menos pedimos responsabilidades.

Ser hermano mayor es una de mis mejores virtudes creo yo, tengo una gran devoción por ellos, pero hoy mi duda sigue siendo: SI LO ELEGÍ O ME LO IMPLANTARON.


Sergio G. Selser

miércoles, 1 de enero de 2014

Eso que tú haces

Al parecer la actividad de algunas personas está por encima de la de los demás. Siempre esta esa sensación de que el trabajo que alguien realiza es más importante que el del resto; pero no obstante esto, también está la cuestión de la desvalorización del esfuerzo ajeno, esto paso sobre todo en los trabajos, donde el querer progresar va de la mano con el menoscabar a los compañeros de labores, para sobresalir o para que su propia mediocridad sea menos notoria.
Ser malvado y mencionar los errores ajenos parece ser más fácil que ganar credibilidad y confianza a base de esfuerzo personal.
Yo soy un gastronómico de alma, me encanta el rubro pero es en el cual estas cosas son más notorias. Rivalidades entre los turnos opuestos y frases que se escucha a diario: -“¿has visto como dejaron de sucios los platos el turno anterior?”-, como si esto impulsara a cualquiera a pensar que aquel que emitió la crítica es mejor lavador de platos. Es obvio que lo que está tratando de hacer es un pequeño auto elogio indirecto (como odio a estos imbéciles).  

Yo por mi parte trabajo siempre como si estuviese solo, me importa una mierda mis “compañeros” de trabajo. Si hablan mal de mí me tiene sin cuidado, porque yo solo conozco una sola forma de trabajar, y es de forma “EXCELENTE” y quien me ataque solo expondrá su falta de capacidad y su desconocimiento laboral, y también si hablan mal de mí, bien se puede ir a la misma concha de su madre.


Sergio G. Selser 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Vive y deja morir

Pareciera ser que sobre ciertas situaciones no tenesmos control ni opinión, como por ejemplo el nacer. Nadie nos pregunta si queremos venir al mundo, solo nos traen sin más.
Pero en su oposición, es decir, el morir, tampoco nos pertenece esa decisión, hablo de decisión legal claro está, porque cualquier fulano puede ponerse una pistola en la sien y volarse los sesos o tirarse a las vías del tren, pero hablo de lo legal.
La vida debe, según lo veo yo, tener o contar con algún sentido, es decir, que debemos tener algo por lo cual vivir, un amor, un hijo, el dulce de leche o los chocolates, algo, lo que sea, si no se cuenta con eso, no entiendo cual sería el sentido de vivir.
El morir debería venir en el certificado de nacimiento, es decir la decisión de hasta cuando uno debe vivir nos debería pertenecer, porque si mi vida es una reverenda mierda ¿Por qué debo esperar hasta los 80 años para que termine esta tortura a causa de una “naturaleza divina”? ¿Por qué esperar para terminar con algo que quizás ni siquiera debería haber comenzado?
La verdad es que para muchos la vida es un infierno. He conocido a muchos que estando vivos parecen muertos y muchos vivos que deberían morir.

Esta reflexión es corta, no creo que sea necesario aclarar más, pero si les puedo asegurar algo, mi vida es mía, y les aseguro que también lo será mi muerte. Si no es que un desafortunado hecho maligno del universo me gane de mano, seré yo y solo yo quien decida cuando me convertiré en el alimento de unos hermosos gusanos.

“Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo”.
Platón (filosofo griego)


Sergio G. Selser

domingo, 10 de noviembre de 2013

¿Consejos tuyos? ¿Para que los quiero?

Las personas están siempre dispuestas a brindar sabiduría barata. A través de los consejos, quieren dejar para la posteridad una frase que haga que uno los recuerde.
Como ya es habitual en mi, mi ira racional (o irracional) se apodera de mis manos y me da por escribir. Hoy atacare a esos falsos, despreciables e innecesarios seres que son los consejeros. No estoy hablando de consejeros profesionales como psicólogos, psicoanalistas o esa nueva y extraña rama que salieron ahora los couseling, hablo de esos familiares, amigos, vecinos y cualquiera de estos repulsivos seres que van por la vida aconsejando a los demás. Imbéciles que van tirando a diestra y siniestra frases como:
–“Lo que no mata engorda”- o también –“la muerte es parte de la vida”- , o uno de los que más odio –“en la moto, el chasis eres tú”- y roban dichos y los largan en los momentos en los que creen que alguien los necesita aun sin ser solicitados por el otro.
La verdad es que los consejos son una porquería y los consejeros son aun peores.
Creo nunca voy a comprender a las adultos. Son seres realmente extraños, van por la vida aconsejando a los demás y no son capaces de tener el control de su propia existencia. Dan consejos desde una perspectiva en la que no se encuentran y con un facilismo y mediocridad que me resulta vomitivo.
Una vez leí en una de esas redes sociales algo que decía más o menos así: la diferencia entre un consejo tuyo y una pizza de delivery es que a la pizza si la pedí.
Yo soy un tipo con algunos líos de ánimo, de poco contacto social y de unos trastornos de otros tipos y siempre me encuentro con algún idiota que me quiere aconsejar sobre cómo debería hacer yo para mejorar mi vida, cuando lo primero que tendría que saber es si quiero mejorara algo, aunque lo primero que debería hacer es no aconsejarme en lo más mínimo.
Quizás alguno me este brindando un consejo con la mejor voluntad del mundo, hasta incluso con afecto o cariño, no me importa, no los quiero.

Un poeta griego llamado Sófocles dijo una vez:
“Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos”.


Sergio G. Selser

domingo, 27 de octubre de 2013

Trabajando duro o durando en el trabajo

Como muchos de ustedes, he dedicado una pequeña porción de mi vida a trabajar para alguien más. No contando con la posibilidad ni las ganas de tener un negocio propio, hice lo que la mayoría de la humanidad, poner mis capacidades al servicio de un tercero.
Nunca tuve mayores inconvenientes, trabajar no es en sí una carga para mí ya que solo me quedo a trabajar en los lugares en donde me siento cómodo.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención en cada uno de los empleos que he tenido son mis compañeros de trabajo, insoportables seres que se quejan de todo; que si el día esta lindo ellos tienen que estar ahí atrapados cual esclavos en una mina, que hoy es el cumpleaños de no sé quién y ellos están ahí matándose trabajando, o la clásica muestra de heroísmo barato –“hoy no iba a venir, pero bueno, vine igual sino ¿Quién hace las cosas?-“ como si fueran imprescindibles o dignos de ser nominados al premio nobel.
La verdad es que los compañeros laborales son una porquería, seres individualistas, envidiosos, cagadores y estafadores que la mayoría de las veces se nutren de los compañeros de todas las maneras posibles, se roban las lapiceras, se comen las galletitas de aquel que siempre compra, se adjudican trabajos que no hicieron o quieren tener merito o ser participes de tareas que fueron hechas por otros, pero se esconden y se justifican y peor, le echan la culpa a otro compañero cuando las cosas salen mal.
Como ya explique en alguno que otro escrito yo no me llevo bien con los adultos, mucho menos con adultos compañeros de trabajo, porque no puedo entender que siendo todos participes del mismo fin laboral, cada uno se comporte como si su trabajo fuese más importante que el del resto, arrancando por los gerentes que caminan como estrellas de cine por los pasillos de las oficinas, haciéndose llamar “SEÑOR” o que le antepongan el titulo del cargo o peor, el título obtenido en la facultad. Que gente de mierda que quieren que le digan “el doctor pepe” o “el ingeniero Toto” o la “profesora Anita”, caraduras faltos de identidad y seguridad que se vienen a mostrar como omnipotentes ante las personas a quienes deben guiar.  Pero no voy a arremeter solo contra los que ocupan cargos gerenciales o de rango, también les voy a patear el culo al resto de los seres que tienen el resto de las funciones. Pésimos compañeros de trabajo que siempre están tratando de sobresalir a costa de desacreditaciones de otro compañero de trabajo para parecer ellos más capaces que el resto (o de lo que realmente son). Mugrientos de mierda que van hablando mal de todos los que trabajan con él o ella descalificando el esfuerzo de quienes empiezan a progresar o de quienes están por encima en cargos diciendo frases tales como: -“si yo estuviese a cargo de esta empresa les daría más tiempo de almuerzo, más sueldo y más libertades”- haciendo promesas ridículas como si fueran políticos postulándose a un cargo, y ni siquiera pueden completar las tareas designadas.
La verdad es que no encajo en muchísimos lugares. No soporto las conversaciones de oficina, el tener que saludar o decir algo cada vez que uno se encuentra con alguien (y eso sucede unas 20 veces en una jornada). Tener que escuchar las múltiples quejas de quienes odian el lugar de trabajo y odian su vida y me la cuentan como si a mí me importara lo que les pasa a ellos o a alguno de sus hijos o peor aún, a algunas de sus mascotas.

El trabajo en grupo será posible cuando cada integrante entienda y sienta que es parte integral de un fin claro y definido.


“Busca un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”
                                                                                                                        Confucio
                                                                                                             (Filósofo chino)

Sergio G. Selser

miércoles, 9 de octubre de 2013

Malas palabras / buenas palabras

Escucho hablar siempre a los adultos sobre las malas palabras. Vocablos que parecen ser ofensivos para algunos.
Como siempre, una pregunta surge a raíz de una reflexión; ¿Qué son o cuáles son las malas palabras? Y también ¿Cuáles son las buenas?
Pareciera ser que las malas son aquellas que encierran algún insulto, es mundialmente conocida la frase <<hijo de puta>> y que alude a que la mamá de alguien ejerce la prostitución, no cualquier tipo de prostitución, sino aquella que es solo por placer, es decir, sin cobrar.
Otra muy conocida, sobre todo en el habla hispana es <<la concha de tu madre>>, da la sensación que mencionar el órgano reproductor femenino de tu progenitora es insultante, pero por lo visto, casi todos los insultos mencionados hacen referencia a las pobres madres que nada tienen que ver; aunque nunca vi a nadie enojarse porque le dijesen << el codo de tu madre>>.
A las buenas palabras nadie las critica, palabras como fe, amor, compasión, solidaridad, etcétera, son tomadas como buenas, pero estas encierran prejuicios y son engañosas y también poseen un doble discurso o significado, porque al momento de ser compasivo solo se lo debe ser con un niño o un viejo o un pobre o desvalido, nadie más es digno de compasión, comprensión, solidaridad, fe o cualquiera de esas palabras de porquería que gozan con una sobre valoración inmerecida.
Por su parte, las “malas palabras” son de acción directa, sin vueltas ni bifurcaciones literarias, un golpe violento y certero al sujeto al cual va dirigido.
Creo que las malas palabras solo tienen mala fama, que nos quedaría sino para las verdaderas malas palabras, guerra, hambre, desocupación, discriminación, violencia, maltrato infantil, etcétera.

Dijo una vez un filosofo chino llamado Lao-tsé : “Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes”.

Las malas palabras no pueden hacer nada en contra de uno, siempre y cuando no le demos espacio a quien las ejecuta en nuestra contra, si creen lo contrario se pueden ir todos a la mismísima MIERDA.

Sergio G. Selser


domingo, 15 de septiembre de 2013

Agarrando a patadas a los viejos

De chico me enseñaron cuestiones sobre el respeto. Interminables peroratas en distintas situaciones. En la iglesia en los discursos del borracho del cura, decía que debíamos respetar al prójimo. En la escuela, la maestra me decía que había que respetar a los compañeros y en casa (y para rematar) había que respetar a los adultos, sobre todo a los abuelos.
Como un estúpido, yo seguí todas estas reglas, bueno casi todas, pero la que más me pesaba era la del respeto a los viejos.
Al parecer, cuando uno es viejo cuenta con inmunidad para hacer lo que quiera, pero peor, es que sus pecados pasados son perdonados u olvidados, y que por su condición de ansíanos debíamos dirigirnos a ellos con el respeto debido solo por su edad biológica circundante.
La verdad es que para mí, un viejo no merece más respeto que el que se haya ganado o merezca.
En raras ocasiones suelo interactuar con estos seres de edades avanzadas, en donde tratan de transmitirme su sabiduría o conocimientos, incluso cuando no los tienen, dándome concejos que no pedí, anécdotas que no quiero escuchar, historias de tiempos  pasados y supuestamente “mejores” que no importan ya, y soluciones para un futuro a los que ellos no van a alcanzar ni por más que quieran.
Cuando les brindo respuestas o les contesto con mi habitual “simpatía” ellos me responden todos de la misma forma –“algún día vas a llegar a mi edad”-, y yo siempre contesto lo mismo, “-espero que no”- porque la verdad es que no le encuentro nada de positivo a ser viejo. Suelen utilizar esta frase para que uno se asuste o se compadezca por una situación en las que ellos se encuentran y uno no (por suerte).

Aun a mi horrenda edad adulta, sigo sin entender el tema del respeto, en los viejos o en cualquiera y sigo creyendo que es algo que se debe ganar independientemente de la edad.
He conocido jóvenes, adultos y viejos que no merecen una pizca de mi respeto ni la de nadie.

El respeto para mi es darle al otro un valor de alguna clase, es decir, reconocer en el otro un valor de alguna clase, y si no es posible reconocer ese valor, entonces nadie, ni siquiera los viejos merecen nada de mi parte, mucho menos Respeto.


Sergio G. Selser