domingo, 29 de abril de 2012

Galileo Galilei


Genio de hace mil lunas
que la verdad nos has brindado
cómo funciona el mundo
y el universo desolado.

Nadie te quiso escuchar
y de loco te trataron
la iglesia quiso poner freno
a tu ingenio desmesurado.

Giramos alrededor del sol
y no somos el centro del universo
esas palabras bastaron
para condenar tu talento.

De la muerte pudo escapar
diciendo mentiras piadosas
entre dientes se te escucho nombrar
¡Sin embargo se mueven las cosas!

Sergio G. Selser

martes, 24 de abril de 2012

Putas diablas


Niña de piernas ligeras
que me llenas de placer
me das amor por dinero
y caricias a granel.

Tus manos se transforman
en pecado en mi cuerpo
las damas de tu costumbre
tienen limados los cuernos.

Termina mi tiempo a tu lado
y te vas sin decir nada
le robaras el alma a otro
con una simple mirada.

Sergio G. Selser

sábado, 21 de abril de 2012

Dios ¿estas?


El universo se ha creado
sin saber su procedencia
te acreditan su creación
sin pruebas de tu existencia.

En oraciones te invocan
y te otorgan los milagros
los males le pertenecen
al señor de los cuernos largos.

En la iglesia hablan de ti
que un libro te han escrito
la biblia tiene en sus letras
tu biografía en grafito.

Pero si existes en realidad
y no eres tan solo un cuento
¿donde están las pruebas
de tu magia y talento?

Sergio G. Selser

martes, 17 de abril de 2012

AL FINAL DEL TUNEL (a los mineros de Chile)


Se sintió un leve crujir y luego una gran explosión. Las rocas bloquearon por completo la entrada a la mina. Cuando se disipo el polvo, pude ver a algunos de mis compañeros sepultados bajo los escombros. Intente ayudar a aquellos que aun seguían con vida, pero era imposible mover todo ese peso. Otro gruñir de la mina y salimos corriendo más adentro aun, un nuevo derrumbe acabo con los pobres que quedaron atascados. Apenas podíamos respirar.
Arrastrándonos, llegamos al refugio de seguridad que tenían los túneles. Me senté sobre un cajón de madera. Agitado por la corrida y el trabajo de todo un día, trataba de recuperar el aliento. Di un rápido vistazo y a primera vista éramos más de diez. No me tome la molestia de contarlos en un principio.
Fui preguntando uno a uno como estaban, todos estábamos bien. Ahora teníamos que ver que haríamos. No sabíamos si alguien sabía lo ocurrido o, si de saberlo, pensarían que quedo algún sobreviviente.
Reunimos todas las provisiones que encontramos. Unas latas de atún, leche en polvo, agua embotellada y unas galletitas sin sabor. Sacamos la cuenta de cuanto nos correspondía a cada uno. Si lo repartíamos en partes iguales, acabaríamos por terminar con las provisiones en menos de dos días. No sabíamos por cuanto estaríamos allí, o si nos vendrían a buscar.
El oxigeno se iba agotando de apoco y las piernas me dolían bastante, se podía sentir al respirar el aire viciado. Nos quedábamos quietos lo más que podíamos para no agitarnos. Mire mi reloj y me di cuenta que ya era bastante tarde, todos se habían dormido.
Un pequeño brillo se veía al final del refugio, camine hasta allí salteando y tratando de no pisar a ninguno de mis compañeros que dormían en el piso, el dolor de las piernas era insoportable. Llegue al final del túnel y un pequeño agujero dejaba pasar un leve haz de luz a través de la pared. Con mi dedo índice trate de agrandar un poco más el agujero para ver si podía mirar hacia el otro lado. La pared se desmorono y por completo. Me voltee para ver si alguien se había despertado, pero todos dormían profundamente. Me aventure a salir de allí. Se oía el sonido del agua cayendo por una cascada. Camine unos pasos y una hermosa mujer se me acerco y me tomo la mano. No hablamos, simplemente me deje guiar hacia donde me quería llevar. Mientras caminábamos note que ya las piernas ya no me dolían, no me faltaba el aire y a decir verdad me sentía muy bien. Nos sentamos al lado de una cascada y otra muchacha se acerco con un canasto lleno de frutas frescas y un jarro con agua helada. Me preguntaron de donde venia y, con mi dedo índice, les dibuje en la tierra, un mapa. Ellas sonreían todo el tiempo. Les dije que debía volver a buscar a mis compañeros, pero ellas insistieron en que me quedara a descansar un poco. Me recosté sobre el regazo de una de ellas y poco a poco los ojos se me iban cerrando, me perdía cada vez más en sus caricias y sus dulces voces.

Luego de tres días de trabajo, las grúas de rescate por fin pudieron llegar. Al remover los escombros, solo pudieron encontrar, un montón de cuerpos sin vida, un dibujo en la tierra de lo que parecía ser un mapa y un hombre sin piernas tirado al final del refugio.

Sergio G. Selser

sábado, 14 de abril de 2012

Mujeres (¿Solo para hombres?)


A través de algunas reflexiones e hablado de las mujeres en diversos escenarios. Madres, novias, esposas. He tratado de comprenderlas y hasta justificarlas en algunos casos. Hoy vengo a mostrarles el otro lado. ¿Cuál? Preguntaran ellas con esa cara de inocentes que ponen siempre ante una respuesta que ya conocen. El lado de la “CONVENIENCIA”.
Obviamente jamás aceptaran que esta palabra existe, por lo menos no en ellas.
Habrán escuchado en algunas ocasiones frases como “Las mujeres pueden hacer las mismas cosas que los hombres” o peor aun “las mujeres tienen que tener los mismos derechos que los hombres”. Que mentira tan descarada.
Veamos algunos casos donde ellas aplican la conveniencia casi imperceptiblemente.
Hare como siempre una lista para que sea más comprensible y los pobres y aprovechados hombres estén atentos y en guardia.

Restaurantes
Siempre están exigiendo igualdad, pero cuando llega la cuenta del restaurante, se les da por ir al baño. No digo que un hombre no deba absorber esta parte, pero si hablamos de igualdad, de vez en cuando podrían aportar por lo menos para la propina.
(Aplicables a heladerías, kioscos, etc.)

Combustible
Si alguno cuenta con un vehiculo, notaran que cuando terminaron de llenar el tanque, y una vez que el muchacho nos viene a cobrar con un ticket tan largo como un rollo de papel higiénico y sabemos que se nos ira casi todo el sueldo en ello, a la señorita que nos acompaña se le da por maquillarse usando el espejo retrovisor del auto. Pero esto no es lo más llamativo, en ese instante no solo no ven lo que sucede alrededor, sino que también se vuelven sordas, porque cuando el muchacho nos dice en voz alta y perfectamente modulado el precio total están compenetradas a ese “arte” que es maquillarse, en un estadio de trance total en el que no ven ni escuchan nada.

Hoteles:
Luego de una noche de amor en un cuarto privado, habiendo disfrutado AMBOS de aquello (es claro que para esta tarea se necesitan dos personas) salimos y la persona que nos cobra nos da el importe del alquiler de la habitación, la señorita que nos acompaña ya esta casi en la puerta de salida haciendo de cuenta que ella nunca quiso ir allí. Obviamente es otra de las tantas artimañas que utilizaran para no abonar lo que le debería corresponder.

En todas estas situaciones que describí siempre se ven implicados un hombre y una mujer, en partes iguales utilizan restaurantes, autos, hoteles, etc. Pero seremos nosotros los que siempre terminemos pagando el total de las cosas, como comprenderán la igualdad de derechos solo es aplicables en los momentos en los que a ellas les conviene, pero aun asi, las mujeres son lo mejor que se pudo haber creado.

Nota: la última frase fue escrita por mí amenazado por una señorita a la que le tuve que pagar la cena.

Sergio G. Selser

miércoles, 11 de abril de 2012

Hombre vs. Maquina


Esperando mi turno para entrar en el cajero automático, escuchaba reggae en mis walkmanes nuevos. Los Pericos sonando a todo volumen con su tema top  “el ritual de la banana” y yo rogando que esas pilas, que se agotaban a cada rato de tanto escuchar casette, me alcanzaran hasta salir del cajero. Entre a luchar con esas nuevas maquinas que nos hacían (en teoría) la vida mas simple. Nunca se me hubiese ocurrido a mi, sacar una tarjeta para tener que usar esa maquinola, pero en el trabajo nos pagaban a través de este sistema, así que era eso, o hacer dos horas de cola para poder sacar plata por la ventanilla del banco, el cual tenia un cajero que no era una maquina, aunque yo tenia mis dudas, Era un muchacho medianamente joven, de piel blanca, la cara sin una arruga como si nunca hubiese hecho ningún gesto y que movía sus manos cual si fuese un robot.
Entre en ese horrendo cubículo que se suponía daba algo de privacidad, no entiendo como puede darte privacidad un cuarto hecho todo de vidrio transparente; y que para que puedas ingresar tu clave tienes que tirarte encima del teclado para que no vean cuando ingresa uno la clave, y con ese teclado que no parece teclado con sus números dibujados en un cuadradito de metal donde casi ni entran los dedos.
Mientras luchaba para que este inerte ser me de mi sueldo, escuchaba a la gente, que estaba a fuera, impacientarse porque yo tardaba mucho. Para agilizar el tramite le pedí ayuda al que venia atrás de mi en la fila. Ingreso al cuartucho e hizo lo mismo que podía hacer yo o cualquier persona, ingresar mi clave y seguir las instrucciones que te daba esa pantalla, a la cual había que mirar desde un costado porque el reflejo del sol o te dejaba ciego o no te permitía ver lo que pasaba. Todo esto se debía hacer en un tiempo que no era obviamente para seres humanos comunes, había que tener cierta habilidad y rapidez para oprimir los botones en los tiempos impuestos por “arturito”.
Ya habían pasado más de 10 minutos desde que entre y para este entonces ya éramos 5 personas peleando con el aparato, y yo ya sabia el nombre de por lo menos tres de ellos.
La temperatura debía estar más o menos en los 40 º y los ánimos de las personas rondaban en eso también. Por fin un empleado del banco nos vino a socorrer (cosa que  ninguno de nosotros se nos ocurrió, o sea, llamar a alguien que sepa) y nos dijo después de que ya llevábamos mas de 20 minutos de batalla que el cajero no funcionaba y que por favor pasáramos por la ventanilla.
Salí después de 2 semanas (por lo menos así lo sentí) del banco y con mi sueldo en la mano, feliz por eso pero aterrado al mismo tiempo porque al igual que la mujeres, voy a tener que padecer un dolor insoportable todos lo meses. 

Sergio G. Selser

sábado, 7 de abril de 2012

In box


En su morada guardaba
bajo siete llaves doradas
los sueños y las almas
del reino de las hadas.

Con un hechizo maligno
a sus victimas encantaba
haciendo suya sus vidas
futuras y pasadas.

Nunca podrán escapar
del cofre de los destinos
el mago será su dueño
hasta el final de los siglos.

Sergio G. Selser

miércoles, 4 de abril de 2012

El hada de los dientes o el ratón Pérez


Cautelosamente me acerque a la cama de mi hijo. Tratando de no despertarlo, pase la mano debajo de la almohada para sacar el diente que había dejado la noche anterior.
Toque algo muy suave, como si fuese un pedazo de seda. Levante lentamente la almohada y la vi, vi a aquella pequeña y extraña cosita abrazada a la muela de mi hijo.
Un pequeño ratón se acerco y subió por una de las patas de la cama. Miro a esa personita con alas y luego me miro a mí. Trate de sacarle de las manos la muela y el ratón se aferro a ella también. Ahí estaba yo, una madre de tres chicos luchando con un hada y un ratón por una muela de mi hijo. Hice un poco de fuerza y se las saque de las manos. El hada puso sus manos en la cintura y me hizo un gesto de ofendida y salio volando por la ventana que estaba abierta, el ratón frunció el ceño y se fue corriendo, bajo de la cama y se metió en una cuevita que había en un costado de la pared.
Metí la mano en mi bolsillo y saque el billete de a cinco que tenia para dejarlo en lugar de la muela. Lo puse bajo la almohada y salí despacio de la habitación de mi hijo. Antes de cerrar la puerta me di vuelta y mire si aquello que paso hace un momento fue real, pero la ventana estaba cerrada y no había ningún hueco de ratón en la pared.

Sergio G. Selser

domingo, 1 de abril de 2012

Amores que…


Esas malditas agujas del reloj parecían estar clavadas.
Eran las 19:56 PM. Parecía que el tiempo se hubiese detenido. Me daba toda la sensación de que era esa hora desde hace un millón de años.
-         Ya falta poco -. Me decía a mi mismo en voz baja.
Sentado en la cama, con los brazos apoyados uno en cada pierna y los dedos de las manos entrelazado entre si, me mecía en mi cama mientras miraba el piso para no estar pendiente del reloj. Mis manos temblaban mucho por culpa de los nervios. Mi higiene había quedado en el olvido, la barba y el pelo de mi cabeza parecían ser uno solo y mi antigua corpulencia se había consumido.
¡Las ocho de la noche al fin! Sonaron las campanitas que tenia ese antiguo reloj de pared marrón. La luz blanca que la traía no se hizo esperar y la habitación brillo por completo. Como desde hacia varios meses, a las ocho de la noche ella aparecía.
¿Quién era “ella”? Bueno ella apareció un día cualquiera, no se como fue, pero supongo que me la enviaron desde arriba, hace mucho que rezo y pido una mujer para amar.
Antes de que ella apareciera, mis días eran como el de todos los demás. Mi vida se dividía entre mi trabajo, mis hobbies y mis amigos. Pero desde que ella apareció, todos mis días eran pensar en cuanto faltaba para las ocho de la noche.
Día tras día, lo único que tenia en mi cabeza era eso. Empecé a faltar al trabajo, deje mis hobbies de lado y a mis amigos también, solo ella importaba y ahí estaba, hermosa y perfecta como siempre.
Me acerque, la abrace fuerte y la bese con todo ese amor que solo su cuerpo podía arrancar de mí ser. Hicimos el amor en cada rincón de la casa. Por la mañana yo me dormía y ella desaparecía. Yo creo que eso era un truco para que yo no sufriera cuando se fuese. A la mañana siguiente lloraba de dolor por no tenerla con migo. Ya se que por la noche ella volvería pero… ¿y si no regresaba? ¿Qué sería de mí?
Las ocho nuevamente en el reloj. Hoy tengo una sorpresa especial para ella; desde hace días que me viene pidiendo que le de un nombre, pero yo no quería cualquiera, quería uno que sea perfecto para ella y esta noche se lo voy a regalar.
Se acerco a mi y me beso, sentí ese beso tan adentro mío como el que nos dimos la primera vez. Abrí un estuche y le colgué sobre su hermoso cuello una cadenita de oro con un nombre grabado, “Cristal”. Se miro en el espejo y me sonrío, sabia que le iba a gustar. Tomo mi mano derecha y con una dulce sonrisa me dijo que esa seria la ultima noche que nos veríamos, pero que había una forma de que siguiéramos juntos para siempre. Me dio una especie de llave y me indico como usarla. Antes de desaparecer me acaricio los labios y me susurro al oído las palabras “te espero al otro lado”, y desapareció.
Tome la extraña llave y la puse en mi boca, con los ojos empapados en lagrimas y con todo el amor que tenia por ella, jale del saliente metálico. 

Sergio Guillermo Selser