domingo, 25 de agosto de 2013

Me equivoque otra vez

Al parecer equivocarse esta dentro de las condiciones humanas, cometer un error es lo habitual. Cuantas veces habrán escuchado –“bueno, me equivoque, un error lo comete cualquiera”-, excelente excusa para salir bien parado de una situación desfavorable.
Pero el problema de los errores no son los errores en sí mismos, sino las consecuencias que estos acarrean y la falta de aceptación de estos errores.
Pero peor es aquel que dice –“yo cuando me equivoco acepto mis errores-“, claro esto pareciera marcar que este individuo es una persona medianamente aceptable, pareciera ser que con solo reconocer el error, uno es mejor persona que el resto, pero esto no borra ni enmienda dicho error cometido. Peores son aquellos que creen que su error está por debajo de los cometidos por otros seres o que no son tan graves como haber matado a alguien, como si hubiese una barra medidora de errores en donde uno puede encontrar si la equivocación cometida es grave o no.
Obviamente esta medida la puede brindar solo la o las personas afectadas, el que haya cometido el hecho tratara siempre de minimizar el hecho para que así también pueda minimizar sus consecuencias y las repercusiones, y que su castigo quede nulo o sea lo menos caótico posible.
Yo soy un tipo que vive cometiendo errores, pero a diferencia del resto de los mortales (o de algunos de ellos) no suelo pedir disculpas ni perdón, porque eso me parece una hipocresía, el error cometido está hecho y el tiempo no puede volver a tras, así que, si lo puedo solucionar, bien, pero si no puedo hacerlo, acepto las consecuencias.
Friedrich Nietzsche habla del engaño en su libro sobre la verdad y la mentira, dice él: “el problema de ser engañados no está en el engaño en sí, sino en lo perjudicados que podamos salir a raíz del engaño”. La cita no es textual, pero así me sonó más entendible.

Equivocarse es cuando metes la mano en el cajón de los cubiertos con la intención de sacar un tenedor y sacas una cuchara. Cuando agarras una factura para pagar y llegas al banco y era otra distinta a la que correspondía. Cuando tomas una calle y era otra, esos son errores, pero ¿Por qué aclaro esto? Porque estoy arto de escuchar que un un ladron es un tipo que cometió un “error”, que un pedófilo es alguien que se “equivoco”, que un político que perjudica a su pueblo es alguien que se “confundió”.

El error y todas sus variantes gramaticales son la HIPOCRECIA misma con otro nombre más estético. Como se suele decir en Argentina “ES LA MISMA MIERDA CON DISTINTO OLOR”.     


Sergio G. Selser

lunes, 5 de agosto de 2013

Defendiendo a los menos

En ocasiones me topó con gente extraña, pero ninguna más extraña que aquella que defiende causas o personas que desconocen de la primera y no se asocia con la segunda.
Es sabido por todos los habitantes del país en el que resido (Argentina), que hay hospitales que hacen campañas para juntar algún objeto para efectos solidarios, como por ejemplo tapas plásticas de botellas, o papel y que se necesitan no sé cuantas toneladas del plástico o el papel para que el hospital reciba por parte de quien sabe qué empresa, institución o estrella de la televisión, un juego de sabanas nuevas.
Hace poco en mi local un muchacho quería tirar un pedazo de papel en un cesto de basura y le mostré donde estaba, a esto mientras arrojaba el papel me dijo:      -Te voy a armar una cajita para que recicles el papel que se junta para el hospital-. ¿Pueden creer el grado de caradurez de este individuo?
Le dije con mi habitual simpatía que él se hacia el preocupado por la ecología o el bienestar ajeno, pero había venido a mi local en automóvil, tenía un paquete de cigarrillos y aparte era un estúpido. Ninguna de estas tres cosas beneficiaba en nada a la ecología o bienestar del planeta, ni al hospital.
Me enferman estos defensores de pobres y ausentes que creen que con donar $5.00 por mes a Green Peace o decir en reuniones familiares o de amigos (en el caso de que un imbécil logre tener amigos) -¡Hay que ayudar a los que no tienen!- y luego pasan por al lado de uno que pide monedas o ven un chico tirado en la calle muerto de frio y miran hacia otro lado.
Harto me tienen estos falsos solidarios, que tuvieron la ventaja de no pasar hambre ni frio o estar internado en un hospital público, esperando un turno para que te operen para ver si te logras salvar.
Mugrientos que se llenan la boca con palabras robadas e ideas ajenas de quienes si hacen algo, de a quienes si le importa el prójimo.
Esto es aplicable a los políticos, yo de eso no entiendo, es decir de política, pero no tengo  que ser un genio para ver cómo me cagan los que me gobiernan o peor aún, aquellos que yo elegí para que me gobiernen. También a los famosos y periodistas (no todos, pero si 98% de ellos) que “prestan” su fama para hacer alguna publicidad barata de una organización que no conoce ni siquiera, que es lo que hace.

Albert Einstein dijo: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Me parece que puede aplicar a lo escrito por mí.


Sergio G. Selser