Como ya he expresado en
alguna oportunidad, los profesionales me son difíciles de soportar, su
semblante de “sabelotodo” me pone nervioso. Seres despreciables, repetidores de
frases armadas y fotocopias de libros de texto, pareciera ser que solo ellos
son los autorizados a opinar.
Hablando con una
nutricionista, le pregunte si el alimento sin gluten afectaba en algún punto a
los que no eran celiacos ya que yo trabajo en un restaurante apto para estas
personas (es decir los celiacos), ella con la mejor voluntad me informo que no
hay problema en comer sin gluten y que el intestino, trabajo mejor carente de
trigo, vale aclarar que ella, aparte de ser nutricionista, también es celiaca.
En este intercambio de
preguntas y respuestas, me dijo con una seguridad increíble: -“fíjate tú que el hombre hace
10.000 años no conocía el trigo y vivía igual”-, no podía creer que su
argumento sea tan barato. Así que con mi mayor sarcasmo (pero cuidando al
cliente como corresponde) le dije que también en esa época el promedio de vida
era de unos 40 años ya que los alimentos (sobre todo la carne) se comían
crudos, la gente moría sin más y que, luego de descubrir el cocido, el promedio
de vida subió considerablemente.
Eso me dio la pauta de que
los profesionales no suelen pensar demasiado, solo se dedican a repetir lo
“aprendido” y no le brindan ni siquiera un pequeño análisis, ya que si apelamos
a que el ser humano no comía trigo hace no sé cuantos miles de años, bueno,
tampoco conocía la rueda o la penicilina y no por eso su vida era mejor.
La tendencia del
profesional pareciera ser que es la de repetir como un loro. Una vez un
muchacho me conto que fue a dar un examen oral y cuando el profesor le hace la
pregunta, el se quedo callado unos segundos, a esto, el profesor le dijo
–“bueno, hable”- y el muchacho le contesto –un momento, estoy pensado- y el
profesor le respondió –no piense, solo hable-, es decir que lo único que le
hubiese hecho falta a este joven es haber contado con un poco de memoria.
Me tienen arto estos
imitadores de conocimientos, que creen que por haber aprobado un par de
exámenes en la facultad, son autoridades en alguna materia; yo puedo hablar al
mismo nivel que cualquiera de estos disque profesionales, porque el
conocimiento no solo se encuentra en la universidad, el mundo está lleno de
libros y cuando carezco de ellos, bueno, apelo a mi análisis, a mi experiencia
y a mi sabio y maravilloso juicio.
Sergio G. Selser