domingo, 31 de marzo de 2013

El titulo por delante


Como ya he expresado en alguna oportunidad, los profesionales me son difíciles de soportar, su semblante de “sabelotodo” me pone nervioso. Seres despreciables, repetidores de frases armadas y fotocopias de libros de texto, pareciera ser que solo ellos son los autorizados a opinar.
Hablando con una nutricionista, le pregunte si el alimento sin gluten afectaba en algún punto a los que no eran celiacos ya que yo trabajo en un restaurante apto para estas personas (es decir los celiacos), ella con la mejor voluntad me informo que no hay problema en comer sin gluten y que el intestino, trabajo mejor carente de trigo, vale aclarar que ella, aparte de ser nutricionista, también es celiaca.
En este intercambio de preguntas y respuestas, me dijo con una seguridad increíble:           -“fíjate tú que el hombre hace 10.000 años no conocía el trigo y vivía igual”-, no podía creer que su argumento sea tan barato. Así que con mi mayor sarcasmo (pero cuidando al cliente como corresponde) le dije que también en esa época el promedio de vida era de unos 40 años ya que los alimentos (sobre todo la carne) se comían crudos, la gente moría sin más y que, luego de descubrir el cocido, el promedio de vida subió considerablemente.
Eso me dio la pauta de que los profesionales no suelen pensar demasiado, solo se dedican a repetir lo “aprendido” y no le brindan ni siquiera un pequeño análisis, ya que si apelamos a que el ser humano no comía trigo hace no sé cuantos miles de años, bueno, tampoco conocía la rueda o la penicilina y no por eso su vida era mejor.
La tendencia del profesional pareciera ser que es la de repetir como un loro. Una vez un muchacho me conto que fue a dar un examen oral y cuando el profesor le hace la pregunta, el se quedo callado unos segundos, a esto, el profesor le dijo –“bueno, hable”- y el muchacho le contesto –un momento, estoy pensado- y el profesor le respondió –no piense, solo hable-, es decir que lo único que le hubiese hecho falta a este joven es haber contado con un poco de memoria.

Me tienen arto estos imitadores de conocimientos, que creen que por haber aprobado un par de exámenes en la facultad, son autoridades en alguna materia; yo puedo hablar al mismo nivel que cualquiera de estos disque profesionales, porque el conocimiento no solo se encuentra en la universidad, el mundo está lleno de libros y cuando carezco de ellos, bueno, apelo a mi análisis, a mi experiencia y a mi sabio y maravilloso juicio.

Sergio G. Selser

domingo, 24 de marzo de 2013

Adultos vs. Chicos


Hace poco, unas de mis hermanas fue atacada por una mujer que se podría poner dentro del rango de los adultos, pero solo por sus más de 50 años de edad, no por su actitud ni su pensamiento.
Esta mujer sintió que mi hermana la estaba burlando, por suerte yo estaba presente y no solo  por mi calidad de hermano mayor la defendí, sino porque presencie la conversación completa y vi que no hubo animosidad de ninguna índole por parte de mi hermana, así que mi instinto de protección salió de mi cuerpo con la fuerza de la bala de un cañón y arremetí con mi mayor sarcasmo y elocuencia en un principio y luego de perder la paciencia, continúe con palabras que no valen la pena repetir. Lo bueno de esta situación es que me puso a pensar y me brindo material para escribir.
Muchos de los adultos consideran que merecen respeto tan solo por el hecho de contar con una edad en la que se la pueden exigir a un niño, pero solo por diferencia física y no por otra cosa; y les exigen buenos modales y educación aun siendo el adulto, carente de ella.
He presenciado este tipo de situaciones muchas veces y he visto como el adulto es quien genera que un niño o joven, le falte al respeto, pero se tiende a reprender al más débil, los padres al conocer esta situación, piden disculpas en nombre de su hijo y acompañan esta situación con la típica frase –“no sé de dónde saca estas cosas, yo no lo eduque así”- poniendo su integridad como padre por delante, antes de preguntarle a su hijo (a quien debería defender ante todo y todos) que fue lo que lo llevo a determinada conducta, porque tranquilamente puede ser el adulto en discordia quien lo haya incitado a que el niño perdiera la paciencia, porque pareciera ser, que solo los adultos son capaces de enojarse y responder a otro ser humano.
He mencionado en alguna oportunidad mi falta de apego en cuanto a los adultos se refiere, aun teniendo que padecer esta situación siendo uno de ellos, los adultos actúan de forma extraña, siguiendo protocolos que ellos mismos se imponen, siguiendo reglas que ellos mismos se generan aun estando en contra de ellas, guiados por la estúpida fantasía que es así es como se debe comportar un adulto. Cuantas veces habrán oído por parte de estos seres insoportables –“a veces se deben hacer cosas que a uno no le gustan”-

Qué lindo es ser chico, porque la mayor parte del tiempo, uno no se preocupa por las banalidades de la vida, agradezco poder continuar en Never Land (el país del nunca jamás de Piter Pan), donde hago siempre lo que quiero y digo siempre lo que pienso.

Sergio G. Selser

jueves, 14 de marzo de 2013

Mi programa de radio


Fieles seguidores, a partir del Domingo 17/Marzo/2013 y de 23:00 a 24:00, comienza mi programa de Radio "acerca de nada" por AM 610. También pueden escucharlo vía Internet a través de http://www.radioam610.com.ar/ "Los espero a todos"

lunes, 11 de marzo de 2013

Padres… castradores de sueños


Como es habitual en mi, hablare de un tema delicado con la violencia que ya caracteriza mis escritos y sin medirme en cuanto a mis pensamientos. Lo lindo de ser adulto (creo que debe ser lo único lindo) es poder decir lo que se piensa sin necesidad de tener que tener cuidado de las palabras que uno emite como cuando uno es chico y lo retan si dicen “mierda” o “puto”  o cualquier tipo de las denominadas <<malas palabras>>, pero los adultos pueden decir guerra, hambre, maltrato infantil con total soltura y no ubican a estos conceptos dentro del rango de las malas palabras.
Ser padre (me han dicho quienes dicen serlo) es una de las mejores cosas que te pueden pasar, tener hijos entra dentro de las tres cosas que se deben hacer antes de morir, las otras dos son, plantar un árbol y escribir un libro, no se quien es el pelotudo que invento esto, pero se suele seguir esta regla sin mayor análisis y los imbéciles largan esta perorata económica en charlas “filosóficas” de bajo nivel.
Pero ser padres implica una responsabilidad mayor que la de solo enviar a sus crías a la escuela, darles de comer y vestirlos, hay un mundo aparentemente desconocido por los engendradores de vida; un mundo de sentimientos y pensamientos por parte de los hijos que parecen ser ajenos al conocimiento de la gran mayoría de los padres.
Seguro que muchos de ustedes habrán conocido o habrán escuchado en alguna oportunidad, de alguna persona que es depresiva, o algún caso de suicidio, o personas que son malas sin necesidad, etcétera, y que muchos han recurrido a psicólogos o psiquiatras sin encontrar en ellos ninguna respuesta de donde provienen sus problemas, como es obvio, la mayoría de ellos, proviene o se genero en su niñez. Padres que no saben escuchar a sus hijos, o peor, padres que no le interesa escuchar a sus hijos, que no se preocupan por saber que piensan o que sienten. Padres que toman decisiones individuales en “POS” del beneficio familiar, pero en realidad es solo es pos del beneficio personal. Familias que se mudan de ciudad porque su papá consiguió un mejor empleo, y despojan a sus retoños de amigos de quien sabe cuántos años de amistad, de novias o amores juveniles sin mayor consideración que la de su propio bienestar. Te mudan de barrio y de escuela con la excusa de mierda y la frase de porquería que la acompaña: -“acá vas a hacer nuevos amigos”- como si a uno le interesara hacer nuevos amigos, cuando los antiguos o los de siempre son con quienes uno a vivido las mejores aventuras.
A estos padres de bajo presupuesto, les envió toda mi ira irracional, bien les daría una enorme patada en el culo para que reaccionen y vean, y escuchen, y pidan las opiniones de sus hijos y que analicen la situación y comprendan que por un “bienestar” momentáneo pueden causar un mal mucho mayor. He escuchado en muchísimas conversaciones, hombre y mujeres recordando amores juveniles desechos por la imbecilidad y estupidez de algún padre o madre que no lo supo escuchar o entender en el momento adecuado.
Seguro estos padres saldrán con la baratísima excusa de que hay ocasiones en que se deben tomar decisiones difíciles y que duelen; ¡ARTO Y CANSADO! me tienen con estas bifurcaciones argumentativas y escapes por el solo hecho de creer que hacen lo correcto cuando no se tomaron el tiempo para conocer a  sus hijos.

Si no están dispuestos a hacerse cargo de todo el conjunto de cosas que implica ser padres, la solución es muy fácil no tenga hijo, cómprense estatuas de jardín vestidos de duendes, eso no implica ningún sacrificio ni responsabilidad.

Sergio G. Selser 

domingo, 3 de marzo de 2013

Animales sueltos (Cuando más conozco a mi perro más quiero a la gente)


En varias ocasiones he escuchado comparaciones entre los animales y los seres humanos, sobre todo con los animales domésticos, perros, gatos, etcétera. Frases estúpidas dichas por los defensores de los animales, me hacen hervir la sangre. Una vez una compañera de trabajo a la que le hice referencia que a mí en lo particular me eran indiferentes los animales, salto de su silla y con un fanatismo pocas veces visto me dijo a voz en cuello:      –“¿Cómo pueden serte indiferente los perros? Ellos no conocen la palabra rencor”- a lo que mi aguda, automática e hiriente respuesta fue –“bueno, pero tampoco conocen la palabra xilófono”-. Obviamente no me hablo por muchos días, lo cual le dio un hermoso respiro a mi ser, ya que no suelo interactuar con imbéciles y falsos defensores de causas inexistentes.
Los animales no son lo mejor de este planeta aunque así lo quieran hacer parecer muchos, los Leones, sin ir más lejos, cada vez que toman una nueva manada, matan a todos los cachorros que no son de él para evitar que alguno le quiera robar el trono cuando crezca. En los gorilas, el macho alfa mata a cualquiera que quiera destronarlo y es el único encargado de copular con las hembras. La araña viuda negra, mata al macho después aparearse. Los elefantes abandonan a sus crías si luego de nacer no logran pararse rápidamente. Y así podríamos describir una larga lista de animales y sus horrendas costumbres. Claro que la excusa habitual es que ellos siguen sus instintos (como si el ser humano careciera de ellos), y que nosotros como seres pensantes, deberíamos dominarlos.
Los animales viven y ese es su único trabajo, no son más inteligentes que los seres humanos, no son mejores que nosotros y aunque no conozcan la palabra rencor, eso no los convierte en algo bueno. No estoy en contra de su existencia, cuento en mi haber con dos gatos y dos perros, pero ninguno de ellos me ayuda en la limpieza de la casa ni en el preparado del almuerzo.
Tengan animales aquellos que en verdad se van a ocupar de ellos, he visto como muchos se jactan de la cantidad o pedigrí de sus mascotas, y luego no les cambian ni siquiera el agua.

Una vez la tía de una ex amiga mía, en una charla sobre gatos (no hay nada que me moleste más que perder el tiempo hablando de seres a quienes no le importan lo que digamos), me dijo una de las frases más estúpidas del mundo en referencia a su propio gato: -“¿sabías que los gatos son más inteligentes que nosotros?”- con el aire y la mirada de quien cuenta con los conocimientos que nadie más posee; mi ira, mi sarcasmo, mi intolerancia y mi falta de respeto salieron de mi cuerpo con la fuerza de un tornado y dije:                  
-“si es tan inteligente tu gato, dile a ese mugriento cuadrúpedo que me prepare un café a ver si puede hacerlo”-
Ahora ya saben por qué dije al principio, una ex amiga.

Sergio G. Selser