viernes, 28 de diciembre de 2012

Amistades 2.0



En alguna oportunidad escribí sobre la amistad, como muchos de los sentimientos, este me es un poco ajeno, ya que a lo largo de mi vida no he tenido muchos y los que he tenido y aun tengo, ya han ido haciendo sus vidas, se casaron, tuvieron hijos, tienen trabajos y todas esas cosas que hacen los adultos.
A medida que mi vida fue avanzando, la de mis amigos también y nos fuimos alejando cada día más. Hoy solo cuento con unos poquísimos, estando entre ellos mi mejor amigo Guillermo Montoya, lo único malo es que vivimos a 1500 kilómetros de distancia.
A la sazón de que mi círculo de amistades cuenta con espacio suficiente para incorporar adeptos, me pareció bueno incorporar nuevos amigos, pero la amistad, al igual que el amor es algo que sucede y uno por más  que quiera, no puede forzar la amistad, pero es bueno estar atento por si pasa.
Un día sin pensarlo, hable con una mujer extremadamente linda e interesante, con quien hicimos conexión casi de inmediato, esta muchacha es Nicole y gracias a ella conocí a Dani (compañero de trabajo de Nicole) y Cristian, amigo de Dani. Rápidamente pegamos buena onda (jerga antigua, es decir, de mi epoca) y un día sin más me invitaron a comer pizza y luego nos juntamos en la casa de Nicole a cenar una noche, y mientras cenábamos y yo hacia uno de mis peculiares stand up, los mire y me di cuenta de que tenia nuevos amigos. Lo llamativo de esto es nuestras diferencias de edades, yo cuento con 36 años y mis nuevos amigos entre 19 y 24 años.
Todo esto me puso a pensar y tras este pensamiento, como corresponde nació una pregunta ¿son mejores mis nuevos amigos que aquellos que he tenido por varios años?
Hace poco empecé a trabajar en un restaurante que solo se dedican a la comida para personas celiacas, el pan, las empanadas y todas las comidas tienen un sabor distinto al que uno está acostumbrado, pero solo eso, era distinto, así que entendí que mis nuevos amigos solo son distintos, con un condimento que solo la juventud puede brindar, llenos de energía, preguntas graciosas, chistes malísimos y divertidos al mismo tiempo, frases incoherentes, pero  que a su vez me dan una visión nueva de cómo ven ellos el mundo.
A mis nuevos amigos Nicole, Dani y Cristian, mis amigos 2.0, llenos de tecnología y jerga que muchas veces no entiendo le doy las ¡GRACIAS! Han hecho a este humilde escritor, una persona mejor y camino a un sentimiento que hasta ahora creía que jamás volvería, FELICIDAD.

Sergio G. Selser

martes, 25 de diciembre de 2012

¡¡Feliz mentirosa Navidad!!



Cuando era chico, la navidad era una época de regocijo, gente feliz, regalos por todos lados y la eterna espera de la llegada de Papa Noel, como ya he mencionado en alguna oportunidad, siempre fui analítico de todas las situaciones y no voy a dejar escapar la oportunidad de brindar mis pensamientos sobre esta mentirosa celebración.
Al parecer, la navidad debería celebrar el nacimiento del niño Jesús, pero en vez de eso, festejamos la llegada de Papa Noel. Viejo de barbas blancas, vestido rojo y en un trineo volador impulsado por renos, ¿existe una imagen más diabólica que esta? Ya de por si el reno me parece un animal maléfico y endemoniado, pero un tipo entrando de noche en las casas en donde hay niños, raya más en lo pedófilo que en la ternura.
Todos arman el árbol navideño, adornados con bolas de colores y luces que prenden y apagan y que en la oscuridad de la noche, las sombras proyectadas rebelan imágenes confusas y aterradoras, los adornos colgados en la puerta de entrada, golpean sin cesar con cada bocanada de viento que las acaricia. ¿No me digan que todo este conjunto de cosas no les puso los pelos de puntas?
Los Romanos contaban con una festividad llamadas Saturnales, una de las celebraciones solsticios más antiguas conocidas. Se creía que Saturno (dios romano de la agricultura) había gobernado en la edad de oro de Italia, época de ricas cosechas y abundantes alimentos. Estas fiestas saturnales se celebraban del 17 al 24 de Diciembre y eran unos días de regocijo y goce. Los negocios se cerraban para que no hubiese nada que interrumpa el festejo, los esclavos y sirvientes contaban con un permiso temporal y hasta en ocasiones, llegaban a ser servidos por sus amos. Los regalos se intercambiaban por doquier.
Luego otra fiesta de solsticio se hizo popular entre los soldados romanos. Heliogábalo (sacerdote del Dios-sol siríaco) ocupo el trono romano entre el 218 y el 222, en aquellos tiempos, Mitra (Dios solar de Persia) se popularizo entre dichos soldados. Esta fiesta llamada mitraista, celebraba el nacimiento de Mitra (el Sol) el día 25 de Diciembre, así que se juntaron las saturnales con las mitraistas y se estableció el día de festejo el 25 de Diciembre una fecha un poco al azar.
La cristiandad mantenía una reñida pelea con los mitraistas por sumar adeptos, pero el cristianismo contaba con una ventaja, admitía a las mujeres, mientras que el mitraismo no, y sin duda es la madres quien influye en los hijos a la hora de lo espiritual.
A mediamos del 300 la cristiandad absorbió todas las cosas buenas de las saturnales, los negocios cerrados, el intercambio de regalos, y el nacimiento de Jesús fue establecido el 25 de Diciembre de forma arbitraria para festejar la navidad.

Hoy, cientos de años después, aun seguimos festejando uno de los ritos más antiguos del mundo: la celebración del nacimiento del Sol.

Sergio G. Selser

sábado, 22 de diciembre de 2012

El verdadero amor para la verdadera mujer


Como ya he mencionado en alguna oportunidad, los sentimientos y las emociones me han ido abandonando de a poco. Los noviazgos me son ajenos y las conquistas pasajeras son más familiares.
Pero el sentimiento que más capta mi atención es el amor. Cuantas veces habré escuchado hablar sobre esto en diferentes circunstancias, sus ramificaciones me tienen, hasta el día de hoy, en una perplejidad aparentemente eterna. Cuando hablo de las ramificaciones, hablo de la variedad que este sentimiento tiene, es decir, el amor por un hombre o una mujer que los lleva a convivir, el amor por un amigo, el amor por un hijo, y así sucesivamente.  
Amar es un concepto general y a veces puntual. Cuando es puntual, parece ser que se apunta a los amigos, hobbies, comidas, etcétera, pero cuando es general, solo se aplica a la persona con la que uno quiere compartir su vida, o como se conoce vulgarmente, la media naranja.
He creído, en muchas ocasiones, haber encontrado a mi media naranja, es decir, a mi amor verdadero en algunas de las señoritas con las que he salido, luego sobrevino la desilusión y posteriormente la decepción. Solía poner en ellas, todo mi amor y confianza y luego me daba cuenta de que la relación era solo una ilusión, quizás parte de mi intolerancia y poco entendimiento hacia las emociones, fue generada por estas situaciones.
Entonces entendí que el amor no era una cuestión que se podía brindar así porque si a cualquier muchacha que se cruzara por mi camino, sino que debía seleccionarla sabiamente. Como es de esperarse, la sabiduría poco me ayudo en cuestiones de amor, y hacer un análisis previo de una señorita antes de confiar nuevamente, no me sirvió de nada, porque el cerebro y el corazón (en el sentido poético) funcionan y razonan de maneras diferentes.
¿Cómo hacer entonces para saber a quien bríndale el amor de este fantástico muchacho? La respuesta es mucho más simple de lo que creí, y es que el amor es algo que sucede y nada más. No se puede crear ni forzar, y, por más que yo quisiera que alguna de las chicas a las que les ofrecí mis sentimientos fuese mi media naranja, eso no sucedería jamás si no es que así debía ser.

Así que decidí esperar hasta que aparezca aquella mujer perfecta, aquella que debe estar muy cerca, pero que mi machacado corazón y mi razonamiento reinante, no me permiten ver quién es.

Sergio G. Selser

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Iglesia = secta


Como ya es habitual en mí arrancare diciendo que alguna cuestión me ha llamado la atención de chico. Cuando uno es niño, hace las cosas que los padres y el resto de los adultos lo obligan a hacer, aun en contra de nuestra voluntad, como comer brócoli, ir a la escuela y lo peor ir a la Iglesia. Sermones interminable que no hacen otra cosa que aburrirte diciendo durante quien sabe cuántas horas, que te vas a ir al infierno. Un tipo lee al azar, los pasajes de la biblia, que a su vez es sostenida por un muchacho más joven mientras el cura o no sé como se llaman, lee en voz alta cosas incoherentes y al final hay que decir AMEN. Yo simplemente esperaba a que termine de decir la oración y repetía como un estúpido Amen y me volvía a sentar. Te hacen sentar y para tantas veces como el orador lo decida a su gusto y piacere.
En una de estas interminables misas, me dedique a darle un provecho real a mi tiempo y me puse a pensar, como siempre a través de un pensamiento me surgió un pregunta, una un poco complicada ¿Qué diferencia hay entre la iglesia y las sectas?
Mientras buscaba la respuesta miraba al cura, luego miraba al resto de los idiotas que estábamos ahí y descubrí que no hay diferencia entre un tipo que dirige una secta y uno que dirige una iglesia. El sectario, cuenta con fieles que siguen todas sus abstractas locuras, oraciones, ritos, reuniones, mientras que el cura o como se llame cuenta con fieles que, siguen todas sus locuras abstractas, oraciones, ritos reuniones.
Un sectario, solicita se sacien sus deseos sexuales excusándolos y encubriéndolos en ritos, la iglesia abusa de los menores y lo oculta, excusándoles y encubriéndolos entre sus clericós.
Ambos, sectas e Iglesias parecen coordinar en estos aspectos. Fieles anonadados por adornadas palabras, promesas falsas, miedos impuestos por el imbécil que se para en el estrado y les dice que si no hacen los que él les dice nunca alcanzaran la paz espiritual o el cielo o no viajaran al planeta ”Felicidonia” en una nave espacial.
La verdad que aun en este siglo, donde las brujas debería de haberse extinguido, seguimos creyendo en las palabras de unos cuantos idiotas, sin ir más lejos (y como ya lo he mencionado anteriormente) nosotros los Argentinos contamos con nuestro sectario Claudio María Domínguez, también recibimos al Sri Sri Shankar, y solo nos falta la visita del más grande de los mentirosos y rey de las sectas Benedicto XXVI y así se va todo a la mierda.
Ya he mencionado en algún escrito que, aunque no soy creyente,  creo que Dios es otra cosa distinta de lo que profesa la Iglesia, no creo que Dios o su Hijo Jesús de haber estado en la tierra le sacaran el diezmo a la gente, ni las haría parar y sentar ni decir amén detrás de una frase incoherente escrita por quien sabe quién. No creo que Dios tapase jamás las atrocidades de cosas como el genocidio, escondidas de tras de las cruzadas, pero solo por una cuestión de simple conveniencia, Dios necesita gente y el genocidio aminora la clientela.

En fin, me canse de escuchar a estos sectarios, curas, oradores, sanadores, políticos etcétera, que no hacen otra cosa que aprovecharse de algunos. Si Dios existe, me las arreglare con él cara a cara cuando llegue el momento, pero no voy a dejar que un estúpido vestido con sotana y sombrero de chef me diga lo que debo hacer según un criterio azaroso.

Como una cuestión poco habitual, dejare para ustedes “mis fieles seguidores”, una hermosa poesía que en alguna oportunidad le hice a Benedicto.

Oda a Benedicto XXVI

Se cree dueño de la religión
y piensa que él es la ley
tocado por la mano de Dios
camina como si fuese un rey

Nunca mira a sus fieles
ni les otorga esperanzas
habla sin decir nada
solo con palabras no alcanza

Su morada tiene en sus techos
millones en oro de colores
los adornos sanarían a muchos
de sus fieles, sus dolores

Cenara tranquilo por las noches
sin pensar en el sufrimiento
de aquellos que no cuentan con nada
ni siquiera para los alimentos

Saldrá al balcón a pregonar
la palabra de Dios sin pensarlo
nos hará culpables de todo
pero él, “sabrá perdonarnos”.

En el nombre del padre hablara
al hijo también nombrara
el espíritu santo será
quien cierre este farsa al orar

Sergio G. Selser

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Yo te discrimino? Si, y con eso ¿Qué?


He escuchado hablar del tema de la discriminación con una impunidad vomitiva, pero como siempre me dedique a reflexionar, me siento por un momento o agarro mi yo-yo y camino mientras voy pensando. Como siempre tras un pensamiento, viene una pregunta de esas complicadas ¿es malo discriminar? Para definir si es malo o no, primero debemos ir a la raíz, definir que es discriminar.
Ante cualquier problema o situación uno siempre discrimina, al tomar una decisión y optar por una sobre un abanico de posibilidades y respuestas, estamos discriminando a aquellas que no fueron seleccionadas. Al igual que en una entrevista de trabajo al que se postulan varios candidatos, se debe de volcar por uno solo y con una o unas determinadas características, es decir, que podríamos poner a la palabra discriminación como un sinónimo de decidir. Siguiendo esta línea, podremos entender de forma fácil que las decisiones se toman al momento de tener que resolver un problema, pero la discriminación parece ser que arranca antes de un inconveniente o situación. Antes de que alguna propuesta llegue, se decide si va a ser aceptada o rechazada.
Hay personas que suelen utilizar la frase –“yo con un negro no saldría nunca”- o –“jamás saldría con un gordo”-, antes de que cualquier negro o gordo se lo proponga.
Me parece que anticiparse a los hechos de esta índole raya más en el prejuicio que en la discriminación en sí.
En la película “El libro de la Selva de Disney”, hay un fragmento donde se van llevando a Mougli a la aldea de los humanos (ya que él era un cachorro humano) y Baloo (el oso amigo de Mougli) no quería dejarlo ir. Baguira la pantera que completaba el trió le dice a Baloo en un intento de explicarle que cada uno debía estar con los de su especie:
-“cada oveja con su pareja”-, obviamente el oso no entendió lo que quiso decir la pantera, así que intento con otra frase y le dice nuevamente al oso: -“mira, tu eres un oso ¿verdad?, y no saldrías con una pantera”- a lo que Baloo respondió sabiamente:
-“yo no lo sé, hasta la fecha, ninguna pantera me lo ha propuesto”-.

Si hemos de discriminar, hagámoslo después de que algún negro o gordo, o judío nos proponga algo, decidir de antemano por el solo hecho de que alguien pertenece a un grupo o etnia a la cual no se le permitió decidir si quería entrar o no, me parece de imbécil, estúpido e idiota, y si no les gusta, bueno, acá tienen alguien más para poner en su lista de discriminación.

Sergio G. Selser

viernes, 14 de diciembre de 2012

Leer o no leer, esa es la cuestión.


De chico nuca fui un gran lector. Los libros que me daban en la escuela en la clase de literatura, me parecían horrendos y aburridos. Viviendo en Chile, me hicieron leer Papelucho detective de Marcela Paz y Lanchas en la Bahía de Manuel Rojas. El primero de ellos lo leí a los doce años cuando aún estaba en el siclo básico primario y el segundo ya en la secundaria. Por aquella época mis intereses estaban más arraigados a pasarla bien en la escuela que al de aprender cualquier cosa, y para mi, leer era una tortura. Hoy, ya más de grande, me he convertido en un asiduo lector. Los libros de historia son los que más me gustan, seguidos por los de ciencia ficción, cuentos cortos y ciencia general. Lo que descubrí a través de las letras, es que mi círculo de amigo se iba reduciendo a medida que mi biblioteca se iba incrementando. Las conversaciones vacías que antes me parecían divertidas, cada vez me empezaron a sonar más estúpidas. Pero, a pesar de que mis círculos amistosos cambiaban y se achicaban, mis oportunidades iban mejorando. Mis arduos discursos captaban la atención de mis receptores y las mujeres quedaban fascinadas por mis agudos pensamientos y mi amplio vocabulario. Las entrevistas laborales eran una cuestión sencilla de sortear y lograba obtener los trabajos que quería sin mayor esfuerzo.
Hoy en día, puedo asegurar que las letras me han brindado una herramienta fantástica y por fin entendí la frase “la pluma es más fuerte que la espada” o algo así.
Uno va por la vida escuchando que debe estudiar y leer porque esto nos ayudara en muchos ámbitos de la vida, los padres son los primeros en fomentar esto (aunque ellos no lo hagan y pongan como excusa el trabajo, la familia, las responsabilidades, etcétera y diciendo la frase más estúpida del mundo –“no hagas como tu yo que no tuve la oportunidad”-)  y luego los maestro y profesores, que creen que están ayudando en algo haciéndolos leer “El mío cid”, que está escrito en versos, una porquería de libro, aburrido y tedioso y por demás incomprensible, habiendo tanta literatura entretenida.  
Evitan los libros de ciencia ficción por quien sabe qué idea barata de educador mediocre que tienen los maestros, cuando la ciencia ficción estimula mucho la imaginación. Algunos profesores argumentan que tienen que dar cierto material de lectura solo porque está en el programa escolar que dicta el ministerio de educación, como si alguno del ministerio entendiera algo de la educación.
Para estimular la lectura se debería empezar por explicar los beneficios que esta trae y que en verdad importan, si se le habla a los varones, decirles que conquistaran más mujeres (u hombres en el caso de los gays) porque sus argumentos de conquista se verán enriquecidos por los conocimientos adquiridos, en el caso de las mujeres, les harán ver que no solo maquillarse, peinarse y saber cocinar son las herramientas que deben utilizar al momento de una conquista del sexo opuesto (o del mismo sexo en caso de las gays) y que les abrirán mucho más las puertas al momento de una entrevista laboral o un ascenso.

Gustavo Sabella, arquitecto, profesor de universidad y tío de quien les escribe dijo sabiamente en alguna de nuestras extrañas conversaciones:
-“Siempre es mejor leer que no leer”-
Sabias y simples palabras para resumir lo escrito.
Sergio G. Selser

martes, 11 de diciembre de 2012

Los dientes del perro


León Tolstoi tiene un cuento llamado “El perro muerto”, hermoso relato que habla de Jesús y sus discípulos y yo les contare a grandes rasgos como era.
Había un perro muerto tirado en una calle, con una soga al cuello y en estado de total putrefacción, uno comento sobre el olor insoportable que emanaba, otro argumento lo horrible del estado de la piel y los órganos, otro dijo que estorbaba el camino. Jesús se acerco y dijo –“sus dientes son más blancos que las perlas”-.
Seguro conocen aquella burda frase “ver el vaso medio lleno y no medio vacío”.
China Zorrilla, una de las mejores actrices que conozco, en una entrevista dijo que ella solía ver lo bueno en aquello que no lo era, ella veía los dientes blancos como perlas, en la putrefacción y descomposición de aquel perro muerto de Tolstoi. Tardíamente, encontré ese condimento mágico que encierra el verle el lado bueno a aquellas situaciones que no lo eran, digo tardíamente porque, a mis 36 años, pienso que deje pasar muchos años de poder sacarle provecho a las desventuras, aunque aun me queden muchos años más por aprovechar.
Las canciones de Andrés Calamaro siempre me parecieron interesantes y hay una frase en particular que se acomoda a este hermoso escrito y dice: -“yo no sé lo que quiero, pero sé lo que NO quiero”-, sabiendo lo que no queremos, ya tenemos el cincuenta por ciento de la batalla ganada.
He visto y sabido de padres que castigan a sus hijos cuando llegan a su casa con una mala nota en alguna materia de la escuela, y que, en vez de sentarse a evaluar la prueba y ver en qué cosas fallaron para reforzar en esa área, simplemente los dejan sin salir y sin ver a sus amigos. Muchachas que se encierran a llorar por un amor fallido y solo atinan a decirle cosas como –“yo te dije que él no era para ti”- , en vez de hablar sobre que pudo haber fallado y ver de mejorarlo para una posible reconciliación, o para la próxima vez.

En esta fantástica reflexión les diré que aprendí a ver en ese perro putrefacto, los dientes blancos y que aunque aún no he sabido lo que quiero, he podido definir lo que no quiero y creo que eso, ya es un buen medio vaso lleno.

Sergio G. Selser

domingo, 9 de diciembre de 2012

Matando al amor con seguridad.


Cuantas veces habrán escuchado alguna afirmación tratando de hacerse pasar por palabras sabias. Frases espeluznantes que parecieran encubrir un dejo de verdad, tras aquella rima barata y asonante; “lo que no mata, engorda”, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, o la peor de todas, “los celosos son inseguros”.
Confesé en algún monologo sin sentido, que era (y sigo siendo) <<celoso>>, a lo que mis interlocutores, casi al unisonó y casi a coro, me dijeron: -“eso es porque eres inseguro”-. No sabía que para amar a alguien, se debía comprar un “seguro”; lo peor de todo, es no saber qué tipo de seguro debo comprar, uno de vida, uno contra incendios o contra todo riesgo, aunque para mi, contra terceros parecía lo más correcto, ya que solo uno de los dos saldría dañado, y, peor aún, es tampoco saber si se lo debía sacar a ella o a mí al no conocer quién sería el perjudicado.
Como siempre y ante una de estos tantos ataques imbéciles que recibo, aun, tras el desconocimiento del atacante, me senté a reflexionar si la seguridad, o mejor dicho, la carencia de ella, estaban relacionadas directamente con los celos.
Los celos, según mi parecer, en cuanto a amores se refiere, viene por el temor de la pérdida de un ser que amamos, o mejor dicho, el temor de la usurpación o robo, de alguien a quien amamos, provocado por la idea de que ese alguien nos pertenece tan solo por el hecho de que nosotros, nos permitimos pertenecerle.
Creo que ese temor a la pérdida, es los que nos permite estar alertas a las necesidades y pedidos “ocultos” de quien amamos. Un abrazo en momento de debilidad, un beso ante la necesidad de una sensación, un “te quiero” ante la búsqueda de un sonido agradable.
Los celos tienen muy mala fama, que más quiere uno que el hecho de que lo celen un poco. Sentirse deseado, que duden y dudar de la posibilidad de ser secuestrados por otro que escucho la necesidad en el momento indicado.

Soy celoso, y de aquellos que no dicen nada en el momento en el que los celos me incendian por dentro, tan solo porque alguien miro a esa mujer que yo descubrí y que es la mejor del mundo, y hasta ese momento, era mi secreto y mi tesoro oculto, hoy hay otro que encontró una “copia” del mapa que indica su existencia, solo le resta, saber como buscarlo.

Sergio G. Selser

viernes, 7 de diciembre de 2012

¡¡Que inmaduro eres!! Que soy ¿una fruta acaso?


Hace poco fui atacado con argumentos de que, según la visión de algunos, me consideran inmaduro. Nunca me preocupo por las críticas recibidas, ya que son una buena fuente de ideas nuevas. Con esta pseudo-deducción de una supuesta inmadurez de mi parte, y sin tener ninguna fuente de información por parte de mi atacante, me lance a indagar si “quizás” y solo quizás, pudiese tener una pizca de razón. Obviamente no por conocimiento, algunos creen que porque te han visto alguna vez, ya pueden deducir toda tu vida, seguro habrán escuchado esa estúpida frase –“yo veo a alguien y enseguida le saco la ficha”-, como si uno funcionara a monedas, o la otra –“yo veo a alguien y ya sé si puedo confiar en él”-, estos mediocre “genios” debería ser detectives privados y dedicarse a resolver crímenes, pero seguro que hacen este tipo de conjeturas y comentarios porque creen que con esto demuestran algún tipo de inteligencia o habilidad que en realidad no poseen.
Pero me jacto (no siempre) de no ser tan obtuso y me puse a analizar si por una de esas casualidades que se da una cada un millón de veces, mi atacante pudiese tener razón, solo por casualidad y no por conocimiento. Me senté un momento a reflexionar e hice una lista de las cosas que hago en general, quizás alguna de estas cosas se confundan con inmadurez, pero creo que hay que empezar por saber ¿Qué es inmadurez? De la única forma en que yo puedo asociar a la madurez y su opuesto es en los vegetales, las frutas, los quesos, etcétera, no entiendo el término cuando se lo trata de trasladar a los humanos. Pienso que estas personas que hablan de la inmadurez, consideran que por estar casados, tener hijos, una casa, son “maduros” y el resto de nosotros que no poseemos ninguna de esas cosas (y peor aún, ni siquiera pensamos en obtener nada de eso), son inmaduros.
Pobres imbéciles, que creen que la vida es vivir con una sola persona y serle “fiel” y prolongar la estirpe a base de incansables esfuerzos tan solo, para que cuando uno muera allá alguien para que les lleve el cajón. Como he contado en alguna oportunidad, soy el mayor de una larga lista de hermanos propios y adoptados, tengo fascinación por cada uno de ellos y yo les brinde educación, cariño y cuidados y lance al mundo un montón de seres honesto, trabajadores y de buenos valores morales, ¿Quién me puede acusar de ser inmaduro? He logrado la gerencia en gastronomía y mi nivel cultural está por encima del promedio (lo digo con toda la falta de humildad posible). Tengo un libro escrito y publicado y mi blog crece cada día más. Cuando cuento a algunos un día típico mío actual, les comento que mi consumo televisivo es en un 90% dibujos animados, soy fanático de Bob esponja, Los padrinos mágicos, Aventure time, un show más, Los Simpson, Futurama y muchos otros, que uso el yo-yo como método de distracción y juego a la Play Station, automáticamente me tildan de infantil o inmaduro. He hecho con mi vida más que muchos, más que solo casarme, tener hijos y juntarme los domingos a comer con familiares indeseables. He viajado bastante y aun pienso seguir haciéndolo.
Algunos creen que ser maduro es seguirle la corriente a lo social, así de esa manera, será aceptado como un adulto pleno y socialmente aceptado, podrá concurrir a eventos formales y estará habilitado para hablar de cómo llevar adelante una vida, no consideraran JAMAS otro método de vivir.

Para aquellos que me consideran inmaduro o consideran a alguna persona de la misma manera, fíjense primero si no se trata de gritar de un modo indirecto que sienten envidia* porque algunos pudimos escaparnos de las garras de la sociedad y nos dedicamos a hacer todo lo que nos gusta.

*que quede claro que no tengo nada contra la envidia siempre que es bien intencionada.

Sergio G. Selser

miércoles, 5 de diciembre de 2012

¿Cuánto llevas de casado?... que increíble.


Como siempre empezare diciendo que algo en particular me llama o me llamo la atención.
Las parejas de todo el mundo cuentan cada año, la cantidad de tiempo que llevan juntos. En ocasiones arman fiestas, se intercambian regalos cual época navideña y van sumando en su calendario cerebral tachando con una cruz, los años que llevan de casados.
Nunca entendí este extraño ritual, el cual es impulsado por lo general por las mujeres y el cual es avivado con total impunidad por los hombres, quienes jamás recuerdan las fechas de los compromisos, cumpleaños, etcétera, de su pareja o de sus hijos en caso de padecerlos. Estas fechas parecen catastróficas, uno siente que se viene el fin del mundo y no sabe cuándo porque uno de los dos tiende a decir unos días antes, acuérdate que la próxima semana es… y dejan ese insoportable interrogante y pone en esa “fecha límite” la decisión de si la relación continua si lo recuerda, o peligra si no lo hace, y uno piensa ¿”Que será lo que debo recordar”? y machaca su cerebro con bombas de recuerdos mezclados, tratando de darle un orden especifico a las imágenes que le aparecen. Y empieza a enumerar de a una las cosas posibles poniéndolas entre signos de pregunta:
 1-¿Sera el cumpleaños?, 2-¿Nuestro aniversario?, y así sucesivamente. A medida que se acerca la fecha límite, uno empieza a transpirar y se siente como en esas películas donde se debe desactivar una bomba y se ve el contador como se va acercando a ese fatídico numero “cero”. Llama a los parientes, a los amigos, al verdulero, a cualquiera que lo ayude a deducir que va a pasar la siguiente semana.
Toda esta pequeña perorata fue para llegar a la pregunta ¿es necesario contar cuanto llevamos de casados?
Creo que el matrimonio debería ser una cuestión sin tiempo, hacer todo lo posible por que cada día sea como el primer día en que se conocieron, el hombre deberá ir a la conquista de su mujer y  la mujer sacara a flote todos sus encantos para atraer al conquistador.
Creo que detenerse a sumar cuantos años de casado o de novios se llevan, es incitar a una ruptura, porque se empieza a pensar que se le dedico mucho tiempo propio, a un extraño.

A pesar de que Pele (futbolista brasileño) no es de mi total agrado, una vez le preguntaron en una entrevista, si sabía cuánto dinero tenía en su haber, el dijo:
-“Si te paras a contar, dejas de ganar”-
Una respuesta acertada y válida para resumir estas sabias palabras por mí escritas.

Sergio G. Selser

lunes, 3 de diciembre de 2012

Soy ateo gracias a Dios


La religión es algo que me llamo la atención siempre. De chico tome la comunión e iba a la iglesia cada Domingo a confesarme (no se dé que se puede confesar un chico de menos de diez años), luego de la “confesión” me quedaba a escuchar lo que decía el borracho del cura de aquella parroquia a la que asistía; digo <<el borracho del cura>> porque así era, siempre daba la misa bastante ebrio. Yo me sentaba no muy cerca de las primeras filas, más bien a lo último así podía ser el primero en salir de allí. Las misas me parecían interminables, las oraciones incoherentes y los fieles que asistían unos hipócritas. Viejas pintadas como si fuesen a ir una obra de teatro o a la entrega de los premios Oscar, hombres con camisa y corbata como quien va a una entrevista de trabajo para gerente de un banco. Olor a perfume barato y colonia de cinco litros comprados en la feria local. El cura te hacia parar y sentar a cada rato no se conque fin, supongo que el de cansarte y el de hacerte transpirar, porque el único ventilador que había era el que estaba al lado de él.
Con todos estos condimentos ubicados en el mismo tiempo espacio, se me vino a la mente el analizar si Dios existe. Luego de un breve análisis, la pregunta que me surgió fue en realidad ¿es necesario saber si Dios existe?
Creo que lo importante es si se cree o no se cree en Dios, después la existencia o no pasa a un plano secundario. SI Dios existe, el creer o descreer no afectara en nada, para aquellos que han creído, la existencia será una muestra de que sus rezos tenían una fuente de recepción, para aquellos que no creían, no creerán aunque lo tengan en frente.  
Más allá de la imagen que podemos llegar a tener de Dios, el tipo alto, canoso y de barbas blancas vestido con túnica larga, Dios es un concepto de lo que representa el bien y la bondad, creo que a eso deberían apuntar los que creen en él y no a ir a la iglesia, dar un diezmo, tomar la ostia, conocer de memoria los rezos y decir “AMEN” cuando el cura termina una oración y luego , al llegar a su casa, engañan a su pareja con el vecino, maltratan a sus hijos y se callan cuando el de la tienda les da mal el vuelto a favor de ustedes.

Si van a creer en Dios y en toda su comitiva, Jesús, la Virgen y los santos, háganlo desde la acción bondadosa y no desde una cárcel de piedra armada al estilo barroco.
A pesar de que creo que Ricardo Arjona es uno de los peores cantantes que existe, tiene un tema que puede llegar a reflejar esto que digo, “Jesús es verbo, no sustantivo”, no le presten atención a la música porque es horrenda, pero si a la letra.

Sergio G. Selser