De chico nuca fui un gran
lector. Los libros que me daban en la escuela en la clase de literatura, me
parecían horrendos y aburridos. Viviendo en Chile, me hicieron leer Papelucho
detective de Marcela Paz y Lanchas en la Bahía de Manuel Rojas. El primero de
ellos lo leí a los doce años cuando aún estaba en el siclo básico primario y el
segundo ya en la secundaria. Por aquella época mis intereses estaban más
arraigados a pasarla bien en la escuela que al de aprender cualquier cosa, y
para mi, leer era una tortura. Hoy, ya más de grande, me he convertido en un
asiduo lector. Los libros de historia son los que más me gustan, seguidos por
los de ciencia ficción, cuentos cortos y ciencia general. Lo que descubrí a
través de las letras, es que mi círculo de amigo se iba reduciendo a medida que
mi biblioteca se iba incrementando. Las conversaciones vacías que antes me
parecían divertidas, cada vez me empezaron a sonar más estúpidas. Pero, a pesar
de que mis círculos amistosos cambiaban y se achicaban, mis oportunidades iban
mejorando. Mis arduos discursos captaban la atención de mis receptores y las
mujeres quedaban fascinadas por mis agudos pensamientos y mi amplio vocabulario.
Las entrevistas laborales eran una cuestión sencilla de sortear y lograba
obtener los trabajos que quería sin mayor esfuerzo.
Hoy en día, puedo asegurar
que las letras me han brindado una herramienta fantástica y por fin entendí la
frase “la pluma es más fuerte que la espada” o algo así.
Uno va por la vida
escuchando que debe estudiar y leer porque esto nos ayudara en muchos ámbitos
de la vida, los padres son los primeros en fomentar esto (aunque ellos no lo
hagan y pongan como excusa el trabajo, la familia, las responsabilidades,
etcétera y diciendo la frase más estúpida del mundo –“no hagas como tu yo que
no tuve la oportunidad”-) y luego los
maestro y profesores, que creen que están ayudando en algo haciéndolos leer “El
mío cid”, que está escrito en versos, una porquería de libro, aburrido y
tedioso y por demás incomprensible, habiendo tanta literatura entretenida.
Evitan los libros de
ciencia ficción por quien sabe qué idea barata de educador mediocre que tienen
los maestros, cuando la ciencia ficción estimula mucho la imaginación. Algunos
profesores argumentan que tienen que dar cierto material de lectura solo porque
está en el programa escolar que dicta el ministerio de educación, como si
alguno del ministerio entendiera algo de la educación.
Para estimular la lectura
se debería empezar por explicar los beneficios que esta trae y que en verdad
importan, si se le habla a los varones, decirles que conquistaran más mujeres
(u hombres en el caso de los gays) porque sus argumentos de conquista se verán
enriquecidos por los conocimientos adquiridos, en el caso de las mujeres, les
harán ver que no solo maquillarse, peinarse y saber cocinar son las
herramientas que deben utilizar al momento de una conquista del sexo opuesto (o
del mismo sexo en caso de las gays) y que les abrirán mucho más las puertas al
momento de una entrevista laboral o un ascenso.
Gustavo Sabella,
arquitecto, profesor de universidad y tío de quien les escribe dijo sabiamente
en alguna de nuestras extrañas conversaciones:
-“Siempre es mejor leer
que no leer”-
Sabias y simples palabras
para resumir lo escrito.
Sergio G. Selser
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