viernes, 14 de diciembre de 2012

Leer o no leer, esa es la cuestión.


De chico nuca fui un gran lector. Los libros que me daban en la escuela en la clase de literatura, me parecían horrendos y aburridos. Viviendo en Chile, me hicieron leer Papelucho detective de Marcela Paz y Lanchas en la Bahía de Manuel Rojas. El primero de ellos lo leí a los doce años cuando aún estaba en el siclo básico primario y el segundo ya en la secundaria. Por aquella época mis intereses estaban más arraigados a pasarla bien en la escuela que al de aprender cualquier cosa, y para mi, leer era una tortura. Hoy, ya más de grande, me he convertido en un asiduo lector. Los libros de historia son los que más me gustan, seguidos por los de ciencia ficción, cuentos cortos y ciencia general. Lo que descubrí a través de las letras, es que mi círculo de amigo se iba reduciendo a medida que mi biblioteca se iba incrementando. Las conversaciones vacías que antes me parecían divertidas, cada vez me empezaron a sonar más estúpidas. Pero, a pesar de que mis círculos amistosos cambiaban y se achicaban, mis oportunidades iban mejorando. Mis arduos discursos captaban la atención de mis receptores y las mujeres quedaban fascinadas por mis agudos pensamientos y mi amplio vocabulario. Las entrevistas laborales eran una cuestión sencilla de sortear y lograba obtener los trabajos que quería sin mayor esfuerzo.
Hoy en día, puedo asegurar que las letras me han brindado una herramienta fantástica y por fin entendí la frase “la pluma es más fuerte que la espada” o algo así.
Uno va por la vida escuchando que debe estudiar y leer porque esto nos ayudara en muchos ámbitos de la vida, los padres son los primeros en fomentar esto (aunque ellos no lo hagan y pongan como excusa el trabajo, la familia, las responsabilidades, etcétera y diciendo la frase más estúpida del mundo –“no hagas como tu yo que no tuve la oportunidad”-)  y luego los maestro y profesores, que creen que están ayudando en algo haciéndolos leer “El mío cid”, que está escrito en versos, una porquería de libro, aburrido y tedioso y por demás incomprensible, habiendo tanta literatura entretenida.  
Evitan los libros de ciencia ficción por quien sabe qué idea barata de educador mediocre que tienen los maestros, cuando la ciencia ficción estimula mucho la imaginación. Algunos profesores argumentan que tienen que dar cierto material de lectura solo porque está en el programa escolar que dicta el ministerio de educación, como si alguno del ministerio entendiera algo de la educación.
Para estimular la lectura se debería empezar por explicar los beneficios que esta trae y que en verdad importan, si se le habla a los varones, decirles que conquistaran más mujeres (u hombres en el caso de los gays) porque sus argumentos de conquista se verán enriquecidos por los conocimientos adquiridos, en el caso de las mujeres, les harán ver que no solo maquillarse, peinarse y saber cocinar son las herramientas que deben utilizar al momento de una conquista del sexo opuesto (o del mismo sexo en caso de las gays) y que les abrirán mucho más las puertas al momento de una entrevista laboral o un ascenso.

Gustavo Sabella, arquitecto, profesor de universidad y tío de quien les escribe dijo sabiamente en alguna de nuestras extrañas conversaciones:
-“Siempre es mejor leer que no leer”-
Sabias y simples palabras para resumir lo escrito.
Sergio G. Selser

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