miércoles, 19 de diciembre de 2012

Iglesia = secta


Como ya es habitual en mí arrancare diciendo que alguna cuestión me ha llamado la atención de chico. Cuando uno es niño, hace las cosas que los padres y el resto de los adultos lo obligan a hacer, aun en contra de nuestra voluntad, como comer brócoli, ir a la escuela y lo peor ir a la Iglesia. Sermones interminable que no hacen otra cosa que aburrirte diciendo durante quien sabe cuántas horas, que te vas a ir al infierno. Un tipo lee al azar, los pasajes de la biblia, que a su vez es sostenida por un muchacho más joven mientras el cura o no sé como se llaman, lee en voz alta cosas incoherentes y al final hay que decir AMEN. Yo simplemente esperaba a que termine de decir la oración y repetía como un estúpido Amen y me volvía a sentar. Te hacen sentar y para tantas veces como el orador lo decida a su gusto y piacere.
En una de estas interminables misas, me dedique a darle un provecho real a mi tiempo y me puse a pensar, como siempre a través de un pensamiento me surgió un pregunta, una un poco complicada ¿Qué diferencia hay entre la iglesia y las sectas?
Mientras buscaba la respuesta miraba al cura, luego miraba al resto de los idiotas que estábamos ahí y descubrí que no hay diferencia entre un tipo que dirige una secta y uno que dirige una iglesia. El sectario, cuenta con fieles que siguen todas sus abstractas locuras, oraciones, ritos, reuniones, mientras que el cura o como se llame cuenta con fieles que, siguen todas sus locuras abstractas, oraciones, ritos reuniones.
Un sectario, solicita se sacien sus deseos sexuales excusándolos y encubriéndolos en ritos, la iglesia abusa de los menores y lo oculta, excusándoles y encubriéndolos entre sus clericós.
Ambos, sectas e Iglesias parecen coordinar en estos aspectos. Fieles anonadados por adornadas palabras, promesas falsas, miedos impuestos por el imbécil que se para en el estrado y les dice que si no hacen los que él les dice nunca alcanzaran la paz espiritual o el cielo o no viajaran al planeta ”Felicidonia” en una nave espacial.
La verdad que aun en este siglo, donde las brujas debería de haberse extinguido, seguimos creyendo en las palabras de unos cuantos idiotas, sin ir más lejos (y como ya lo he mencionado anteriormente) nosotros los Argentinos contamos con nuestro sectario Claudio María Domínguez, también recibimos al Sri Sri Shankar, y solo nos falta la visita del más grande de los mentirosos y rey de las sectas Benedicto XXVI y así se va todo a la mierda.
Ya he mencionado en algún escrito que, aunque no soy creyente,  creo que Dios es otra cosa distinta de lo que profesa la Iglesia, no creo que Dios o su Hijo Jesús de haber estado en la tierra le sacaran el diezmo a la gente, ni las haría parar y sentar ni decir amén detrás de una frase incoherente escrita por quien sabe quién. No creo que Dios tapase jamás las atrocidades de cosas como el genocidio, escondidas de tras de las cruzadas, pero solo por una cuestión de simple conveniencia, Dios necesita gente y el genocidio aminora la clientela.

En fin, me canse de escuchar a estos sectarios, curas, oradores, sanadores, políticos etcétera, que no hacen otra cosa que aprovecharse de algunos. Si Dios existe, me las arreglare con él cara a cara cuando llegue el momento, pero no voy a dejar que un estúpido vestido con sotana y sombrero de chef me diga lo que debo hacer según un criterio azaroso.

Como una cuestión poco habitual, dejare para ustedes “mis fieles seguidores”, una hermosa poesía que en alguna oportunidad le hice a Benedicto.

Oda a Benedicto XXVI

Se cree dueño de la religión
y piensa que él es la ley
tocado por la mano de Dios
camina como si fuese un rey

Nunca mira a sus fieles
ni les otorga esperanzas
habla sin decir nada
solo con palabras no alcanza

Su morada tiene en sus techos
millones en oro de colores
los adornos sanarían a muchos
de sus fieles, sus dolores

Cenara tranquilo por las noches
sin pensar en el sufrimiento
de aquellos que no cuentan con nada
ni siquiera para los alimentos

Saldrá al balcón a pregonar
la palabra de Dios sin pensarlo
nos hará culpables de todo
pero él, “sabrá perdonarnos”.

En el nombre del padre hablara
al hijo también nombrara
el espíritu santo será
quien cierre este farsa al orar

Sergio G. Selser

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