martes, 29 de mayo de 2012

Descripción de mi infierno



Siempre se me dijo que el cielo quedaba hacia arriba, por ende el infierno, siendo lo opuesto, debería quedar hacia abajo. Claro que mí arriba no es el mismo que el de aquel que vive en el lado contrario del planeta, así que esto siempre me confundió.
Que al cielo iban las personas que se portaron bien en la tierra y al infierno, aquellas que no lo hicieron. Al parecer el cielo representa todo lo bueno de las cosas mientras que el infierno, lo hace con las cosas malas.
Mi duda siempre fue si el cielo y el infierno no eran en si, el mismo lugar.
Una vez en medio de una conversación acote que el atún era la comida más horrible del planeta y que ningún ser humano en su sano juicio podía comer semejante cosa. A esto, uno de mis interlocutores agrego –a mi me encanta el atún- con un entusiasmo pocas veces visto por mi hacia algo tan horripilante.
En ese momento me lance a escribir la descripción del infierno, o mejor dicho, de mi infierno.

Sin duda el infierno debe estar comandado por alguien. Ninguna empresa puede funcionar sin un gerente. Este cargo lo ocupa alguien al que se lo llamo Diablo, quien tiene diferentes apodos o nombres que supongo se lo habrán puesto sus empleados (esto es inevitable en cualquier ámbito o trabajo) y algunos son bastante conocidos: Lucifer, Mefistófeles, etc. El comanda este lugar siguiendo una regla muy simple, hacer lo opuesto a lo que hace su principal competidor, el cielo, que a su vez, también tiene un gerente (que según se cree es macanudo cosa con lo cual discrepo, ya que ningún gerente es macanudo, a lo mucho es más simpático lo cual no lo hace mejor). Este personaje recibe el nombre de Dios, y al igual que su antónimo, cuenta con su dotación de apodos: el barba, el Señor, etc.

Para que este lugar funcione como se espera, el sufrimiento debe ser, breve y cambiante, es decir que si no se cumple una de estas condiciones, no será efectivo.
Si el sufrimiento es siempre el mismo y constante, uno le empieza como hasta agarrar el gustito, es decir que se termina acostumbrando, y si esto sucede, ya no es una tortura como debe ser. Para este fin el Diablo se las tiene que ingeniar. Pero primero él tiene que conocer cuales son aquellas cosas que a uno no le gustan, así que yo por mi parte le voy a facilitar las cosas haciendo una lista a continuación de las cosas que seguro debe haber y habrá para mi en el infierno.

Los alimentos serian una de las armas más efectivas para el sufrimiento, pero hay que saber usarla, y el Diablo lo sabe. No me va a alimentar con las comidas que me gustan, sino con aquellas que más odio.
Dentro de esta gama definiré aquellos comestibles que más aborrezco comenzando por lo que consideraríamos nutritivo dejando para después el resto:
a) Atún en todas sus formas: En ensaladas, tartas, sándwich, chistes, pensamientos, ideas, afiches, propagandas.
 b) Guiso de arroz: que ser humano puede ingerir una comida que no se define si se come con cuchara o con tenedor y, que al intentar comerla a penas lo sirven (siempre tan caliente como la temperatura de la superficie solar), los arroces y su jugo se desparraman antes de la mitad del camino entre el plato y la boca y que, al llegar a esta ultima, algunos de aquellos que sobrevivieron al tremendo viaje, se pegan en el paladar y otros bajan por la garganta, haciendo una breve escala en la lengua, con una velocidad sonica y prácticamente desgarrándolo a uno por dentro con un calor interior insoportable, prefiriendo morir antes que seguir en esa tortura, tirando manotazos al aire buscando un vaso con alguna bebida, sacando la lengua, aventándose aire con la mano y realizando un show por el cual no fuimos contratados. Lo peor es que a este acto de crueldad uno accedió por propia voluntad (o voluntad de su madre si se es chico).
c) Polenta: Otro “supuesto” alimento nutritivo. Una comida que claramente puede ser confundida con cualquier tipo de excreción humana o no humana. Me parece un elemento perfecto para que ocupe un lugar en mi infierno. A demás es una comida que se utiliza tanto en almuerzos o cenas de las personas, como caninas o de algún otro animal, según he presenciado con mis propios ojos; y no niego a esta altura que muchas veces se ve mejor la comida del perro, llena de viseras y recortes de carne, que aquella que incluye una aberración como lo es la polenta. Pero lo peor es que algunos la hacen fría y la utilizan como postre. Cuando uno cree que no se puede hacer nada más asqueroso con ella, descubro una cosa como esta.
d) Tofu: Si alguna vez tuvieron la posibilidad de masticar telgopor o cartón mojado, creo que cualquiera de esas dos cosas seria más rico que intentar, siquiera, oler este error de la naturaleza.
e) Coliflor: Evidentemente en algún momento de la historia hubo una explosión nuclear que dejo como consecuencias, muertos, devastaciones, gente con enfermedades y deformidades, suelos estériles y la coliflor. No entra en mi cabeza que este producto este en la naturaleza por Motus propio o creación divina. No tiene nada de divino ni su aspecto ni su horrible sabor.  
f) Radicheta: Haciéndose pasar muchas veces por otro vegetal, este se camufla para que uno se lo coma y así experimente la sensación de amargura más grande que jamás experimentara. Si uno esta acostumbrado a beber sus infusiones con azúcar o edulcorante y en alguna oportunidad se olvido de ponerlos en su bebida y le dio un sorbo y argumento “que amargo que esta esto”, nunca se podrá compara con la amargura que le dejara prácticamente para toda su vida, esta hoja. Creo, sin miedo a exagerar, que saborear un clavo oxidado estaría más dentro de las acciones normales de un ser humano, que la de ir a la verdulería y pagar por un atado de este aniquilador de papilas gustativas.

Dejando de lado lo “nutritivo” pasemos a lo que supuestamente o habitualmente se lo considera rico y poco sano: lo dulce.
Para esta lista empezare con las cosas denominadas aptas para un postre.
a) Compota, en todas sus formas y sabores: Esto es básicamente fruta cocinada. El olor que segrega esta distorsión de postre, esta a la altura de un vertedero. Creo que una persona podría morir tan solo con oler esto.
b) Gelatina: Hay dos clases de ella, con y sin sabor. Imagínense que si este supuesto liquido-sólido ya es asqueroso con sabor, no me alcanza la imaginación para adivinar como debe ser el mismo, carente de el.
Una rareza de esta combinación de estados (sólido liquido / liquido sólido), es que es algo que se corta con cuchara y al entrar en la boca se termina por beber. No hay que quitarle crédito al loco que invento esta atrocidad.
Continuemos con la merienda.
a) Frutas secas: Si ya arrancamos con que una fruta, que debe ser natural y fresca, es seca, bueno, no creo que deba agregar demasiado. Cualquier cosa que lleve por apellido “seca” en cuanto a alimentos se trata, no puede ser nada rico.

b) Galletitas obleas o también conocidas como operas: Una combinación de naranja y limón. Entre dulce y acido. Entra a la boca con una aparente sensación de dulzura y en el segundo siguiente te da un golpe de acidez en el  paladar, rebota en el cerebro y te dan ganas de lavarte la lengua y toda la boca con lavandina (si cree que es exagerado, usted exagera).
En este punto debo hacer una confesión, aproximadamente una vez por año como un par de estas para recordarme lo horrendas que son. Esto lo hago solo con dos de toda la lista de productos de mi infierno. 
c) Caramelos palitos de la selva y fizz: El primero de estos dos cuasi dulces, es uno de los caramelos más difíciles de abrir. Casi tan difícil como sacarle el celofán a un CD o silbar comiendo un alfajor de maicena. La dificultad de la apertura de esta golosina, incremento mucho la ingesta de papel en los niños al no poder abrirlos y terminar comiéndoselos con envoltorio y todo (este es el segundo producto que suelo comer una vez al año). El segundo, da una sensación de tener en la boca, pero sobre todo en la lengua, cables de electricidad pelados y conectados a 220 voltios. Esto no es algo que pasa rápidamente, sino que a uno le parece que nunca acabaran las descargas eléctricas, las cuales, no contentas con aniquilar el único músculo que nos ayuda a enviar la comida hacia adentro evitando así que fallezcamos producto de la inanición, manda chorros de electricidad al cerebro dejándonos totalmente estupidos por un lapso de quien sabe cuantas horas, días o meses (según la cantidad ingerida), dejándonos vulnerable a que se aprovechen de nosotros haciéndonos firmar, en un estado de idiotez total, contratos, prestamos o incluso, llevándonos al altar. Estoy seguro que este método se uso como tortura en épocas de dictaduras o guerras.
d) Alfajores de frutas: ¿Puede haber una creación más cruel que esta? Me a pasado de chico, el no fijarme en el envoltorio del alfajor con el cuidado debido (cosa que ahora si hago) donde decía el sabor del mismo, pensando que era de uno que a mi si me gustaba y pegarle un mordisco enorme y apasionado y querer morir al segundo siguiente.

Teniendo todos estos ingredientes, el Diablo debe buscar la combinación que más nos incomode, de lo contrario no habría sufrimiento. Pero ¿Cómo se logra esto? De una manera muy simple, al momento de que me toque alimentarme, el Diablo me traerá, por ejemplo, una tarta de atún, pero, al yo morderla, tendrá sabor a polenta, de esta manera no podré jamás prepararme para el supuesto sabor que deberían tener los alimentos. Así como el atún sabrá a polenta, el guiso de arroz tendrá sabor a caramelos fizz, las galletitas de obleas, sabor a coliflor y así sucesivamente. Pero estos sabores se irán combinando con cada mordisco y así uno nunca estará preparado para el sabor que vendrá. Todo esto estará acompañado de las insoportables carcajadas de el Diablo que serán iguales a las de la persona que más detestemos, justamente por su risa insoportable.
 A todo esto debemos agregarles los condimentos que se debe de tener un infierno que se respete, dolor, fuego, tridentes pinchándonos las nalgas a cada rato, olor a azufre, etc.
Pero seguro a muchas personas (y de echo conozco a algunos de estos lunáticos) les encantan aquellos productos que yo puse en mi infierno, ósea que se puede deducir que para ellos estos alimentos estarían muy bien para su cielo.
Esto me lleva a una única deducción: el cielo y el infierno es el mismo lugar o por lo menos las dos sucursales pertenecen al mismo dueño.
Nota: nimiedades que el Diablo tendrá en cuenta cuando las opciones se le estén acabando o quiera molestarme más aun.
1- Hacerme levantar un pan que en apariencia esta seco y esta completamente mojado. Esto provoca en mí una sensación entre náuseas y convulsiones combinadas.
2- Caminar descalzo por el piso y que cada dos o tres pasos haya tirado un soldadito de plástico o una pieza de lego.

Sergio G. Selser

miércoles, 23 de mayo de 2012

Vida soñada


A los treinta y cinco años ya la vida me empezaba a pesar. Un poco cansado de la rutina.
Un viernes después de trabajar, me senté en una banca de la plaza que estaba a un par de cuadras de mi casa. Saque mi cigarrillo de la marca “Mar iguana” y me puse a fumar mirando hacia el cielo. Con mis manos atrás de mi nuca me recosté en el pasto. Me deje llevar por la brisa que recorría mi cara. Mis pensamientos me llevaron por los caminos del amor, una novia perdida, un beso olvidado. También me llevo de paseo por mi infancia, los días en los que estuve en la primaria, ¿cuantas cosas que me acordaba y que me encantaría hacer de nuevo? Besar a aquella niña que me gustaba y no me anime. Decirle a la maestra que no me caía nada bien y lo fea que era. Pero bueno, lo hecho, hecho esta.
El sol se estaba yendo así que pensé que ya era hora de volver.
Llegue a mi casa y me acosté sin cenar. Estaba más cansado que hambriento.
A la mañana siguiente me desperté mejor que nunca. Me sentía… joven.
Mire hacia la ventana, el sol de la mañana me daba justo en la cara. Pude ver la silueta de alguien a través de mis ojos achinados. Trate de tapar el sol con la mano izquierda y reconocí el rostro de mi mama.
-         Ya es hora de levantarse -. La escuche decir.
-         ¿Mamá? – Le pregunte con un tono de voz que definitivamente no era el mío.
-         No, soy papa Noel y es navidad -. Respondió riéndose – Claro que mamá, ¿Quién creías que era?
Me quede mudo. Mire a mi alrededor y estaba en mi cama, mejor dicho, en mi cama cuando vivía con mis padres y era un chico de doce años.
Me levante de la cama, muy tranquilamente y me mire al espejo. No quería ver lo que ya sabia, sabia que el espejo me devolvería la imagen de un muchacho, un muchacho que seria yo. Camine despacio hacia el baño, mi mamá había bajado a prepararme el desayuno. Gire la llave de la ducha y deje que un chorro de agua golpee mi cabeza para ver si me podía despertar de este sueño. Me moje bien la cabeza y la cara. Con las manos y la cabeza empapadas, busque una toalla de manos que tenia a mi izquierda. Con lo ojos cerrados me seque la cara y el pelo. Me volví a mirar en el espejo del baño y ahí estaba ese rostro juvenil.
No tenía más remedio que bajar a desayunar. Teniendo en cuenta que mi mamá hacia las tostadas mas ricas del mundo, quien se podía preocupar por otra cosa, quien no quiere unos mimos de vez en cuando.
Me senté a la mesa donde ya me esperaba mi leche con un poco de café. Mi papá me miro por encima del diario que estaba leyendo y me hizo su típica sonrisa mañanera para saludarme. Todo parecía estar normal, por lo menos para ellos. Mi hermano salio del baño y se sentó junto a mi, siempre me seguía a todos lados cuando éramos chicos.
Me prepare para ir a la escuela, busque mi guardapolvo blanco y mi mochila. Camine las dos cuadras que tenia hasta la escuela. Miraba las casas del vecindario buscando algún indicio de lo que estaba pasando. Los vecinos me saludaban como lo hicieron siempre.
Al llegar vi esa multitud de chicos corriendo para todos lados, Guillermo, mi mejor amigo, me esperaba en la puerta, siempre fue así, el sabia que yo llegaba justo sobre la hora, parece ser que algunas cosas no han cambiado (pensé). Lo salude y entramos. Me senté en el banco de siempre, ni muy adelante ni muy atrás. Hice una rápida recorrida con la vista para ver a mis nuevos antiguos compañeros. La chica que me gustaba se sentaba junto a mi banco, la mire y aun me parecía preciosa, claro que mi mirada hacia ella ya no era la misma, a pesar de que yo ahora lucia como un chico de su edad, en realidad no lo era, pero pensé que seria una buena oportunidad para decirle aquello que no me había animado antes, yo era un hombre ahora y eso no debería ser nada difícil. Me acerque y la salude con el aire de ganador que siempre me caracterizo, ella me miro y me congele. - No puede ser -. Me dije en vos baja, ya soy un adulto. – Vamos labios, muévanse -. Me decía a mi mismo.
Me senté de nuevo y deje pasar la oportunidad, la segunda oportunidad de decirle lo linda que era. Bueno, quizá mas tarde pueda resolver esto, me decía. La maestra entro y casi sin pensarlo hice el comentario que siempre me metía en problemas, le dije a mi amigo el parecido que tenia la maestra con un canario. Uno de mis compañeros había hecho un dibujo y me lo paso, largue una carcajada que automáticamente llamo la atención de todos. La maestra corto la risa con su típica frase; - A ver, ese que se ríe tanto, ¿Por qué no nos cuenta así nos reímos todos?- Como odiaba eso. Guarde el dibujo en mi bolsillo y mire como si nada hubiese pasado. La maestra se acerco a mi asiento y me dijo que le mostrara por que me reía, yo era rebelde, pero no delataría jamás a un compañero. Como siempre termine sentado en la puerta de la dirección, los maestros tenían la idea que dejándome sin estudiar un día, yo aprendería algún tipo de lección, nunca la aprendí, porque nunca supe que era lo que debía aprender. Como correspondía a un muchacho con mis características, no hice caso en eso de pararme en la puerta de la dirección y me senté en el piso. Apoyé mi cabeza en la pared y junto a mi paso la portera del colegio y me sonrío, siempre me veía en esa situación. Cerré los ojos y me sonreí. Pensé en aquel momento en el que me había acostado en la plaza a fumar mi cigarrillo de la risa y de los pensamientos que tenia en aquel momento, de cómo no pude, aun teniendo una segunda oportunidad, hablar con la chica que me gustaba o decirle a la maestra lo fea que era. El sonido de una campanilla me hizo abrir los ojos, al parecer me había dormido por un instante. Creí que era la campana del recreo, pero no, era ese maldito despertador que me recordaba cada mañana que ya no era un chico de doce años.   

Sergio G. Selser

sábado, 19 de mayo de 2012

Last travel


Salí de casa como todas las mañanas, con la misma cara de sueño de siempre, un poco despeinada y con una mirada de pocos amigos.
Me detuve en la parada del colectivo y me quede mirando a la nada. Un ruido espantoso se sintió y me trajo de vuelta a la realidad. Vi como se acercaba un auto a toda velocidad y di un salto que en otra oportunidad me hubiese parecido imposible. Alcancé  a ver el choque más espectacular que jamás haya presenciado. Me mire y pensé en la suerte que había tenido y me sorprendí de lo rápido que había reaccionado.
Camine para despejarme un poco y calmarme del susto que había pasado. Llegue hasta la siguiente parada y mientras lo hacia un vecino paso junto a mi; lo salude y siguió de largo como si no existiera.
 Llegue y me senté en una banca que estaba allí. Mire a lo lejos y vi que el colectivo se acercaba. El cielo se obscureció de repente y el clima se puso bastante frío. Me subí y me senté en el último asiento. No me había dado cuenta pero era la única pasajera. El colectivo dio la vuelta y pasamos nuevamente por donde había ocurrido el accidente. Mire para ver si podía reconocer a la victima y allí estaba yo entre aquel auto y la pared de una casa. Mire al chofer y no había nadie al volante y entendí que ese seria mi ultimo viaje.

Sergio G. Selser 

domingo, 13 de mayo de 2012

El cuento infinito (sin fin)



Las luces de un auto que venia en sentido contrario me hicieron frenar sobre un costado de la ruta. Cansado de manejar, decidí pasar la noche en el siguiente pueblo.
Mientras cargaba gasolina en una estación de servicios al costado de una ruta  poco transitada, miraba el mapa apoyado en el capot de mi viejo chevy.
Le pregunte al muchacho que le cargaba combustible a mi auto si conocía algún lugar donde pudiese pasar la noche cerca de allí, me dijo que a unos veinte minutos había un pueblo y que tenía un pequeño hotel. Mire mi mapa pero no figuraba ningún pueblo y mucho menos un hotel, pero mi mapa era viejo, así que seguí las instrucciones del encargado de la gasolinera.
Cerca de los veinte minutos de viaje, vi a lo lejos unas luces. Llegue a la entrada del pueblo el cartel decía “Saliendo de  cityell”, no le preste atención en ese momento, supuse que estaba mal colocado, debería decir bienvenido o entrando, pero con lo cansado que estaba no le di demasiada importancia.
Estacione mi auto frente al hotel. La puerta de entrada se veía vieja y desgastada, la luz del portal se apagaba y prendía a cada rato, como si estuviese en cortocircuito. Pase mi maleta de la mano derecha a la izquierda y gire el picaporte. El chillido suave de las bisagras oxidadas acompaño a mi brazo mientras empujaba la puerta hacia adentro. Asome la cabeza antes de meter mi cuerpo en aquel antro. Camine hasta el mostrador y con cada paso que resonaba en la sala de al lado, mi corazón se aceleraba un poco mas. Toque el timbre mientras miraba a mí alrededor buscando alguna señal de vida. Mire a la izquierda y no había indicios de que nadie estuviese por allí. Gire a la derecha y de repente pegue un grito de asombro, tenia a mi lado a una horrenda mujer casi pegada a mi rostro.
-         Disculpe mi asombro, pensé que no había nadie.- Le dije a la anciana.
Sin mover un solo músculo de su cara, camino hasta el otro lado del mostrador a paso lento. Muy lento. Saco un libro polvoriento, lo abrió y me dio un lápiz, me indico un renglón donde debía poner mi nombre para registrarme. La mire y luego baje la mirada para escribir, mientras lo hacia, observe que el ultimo que lo había hecho había sido hace varios meces y pensé que ese lugar no era muy popular por lo visto y sonreí hacia mis adentros. Levante la vista para devolver el lápiz y ya no había nadie. Con la mano levantada y mi total asombro, recorrí con la mirada todo el lugar nuevamente. Un joven un poco rengo se acercaba desde la sala contigua. Tomo mi maleta y me hizo un gesto moviendo su cabeza para que lo siguiera. Aparentemente nadie hablaba en ese lugar.
Llegamos a mi habitación. Entre y le di un billete al muchacho.
-Gracias y nos vemos mañana-. Dije y me hizo una leve sonrisa que no me gusto nada.
-Lárguese antes del amanecer-. Me dijo en vos muy baja y me señalo su reloj, decía las cinco y trece. Creo que esa seria la hora de la salida del sol.
-¿Por qué? ¿Qué pasa si decido quedarme más tiempo? - Salio sin decir mas.
No entendía nada de lo que sucedía y por fin el cansancio me venció. Cerré la puerta y me tire en la cama, con ropa y todo, ni siquiera alcance a soltar las llaves que tenia en la mano. A eso de las cuatro de la madrugada un murmullo me despertó.
-         ¿Qué le has dicho? - Se escucho fuera de mi habitación. Me pareció que era la voz de la anciana que me registro. Tenia que ser ella, no parecía haber nadie en ese lugar más que ella, el muchacho y yo.
-         Nada, te juro que no le dije nada.- Dijo la que era sin duda, la voz del mi maletero.


Me levante y abrí muy lentamente la puerta de la habitación. Mire hacia fuera y los vi forcejeando en el pasillo. El reloj de pared que había en el cuarto, giraba para todos lados. Cerré la puerta y me fui a mojar la cara. No podía entender nada de lo que pasaba. Creí estar soñando aun.
Volví a la puerta para ver si podía escuchar un poco más.
-         Mira, si le has dicho algo… -Amenazo la anciana.
-         De verdad, no le dije nada. -Argumento el chico y se soltó de de la mano que le había sujetado su brazo.
Cerré despacio la puerta y me senté por un instante en la cama a tratar de ordenar mis ideas.
Me levante y me asome una vez más. Un hombre alto se acerba por el corredor. En la mano izquierda tenia una bolsa de plástico, en la otra un rifle. Sentí que me miraba y que su mirada llegaba hasta mis pensamientos.
Trabe la puerta y junte mis cosas. Abrí la ventana y las lance hacia fuera. Cuando puse mi pierna sobre el borde, sentí un disparo que hizo un gran agujero en el medio de la puerta. De un golpe, el portador del rifle y la bolsa, rompió todo lo que se interponía entre el y yo. Salte desde donde estaba y me doble el pie al caer. Corrí sin mirar hacia atrás hasta mi auto arrastrando mi maleta y mi pierna derecha.
Abrí la puerta y tire todo lo que tenia en la mano en el asiento del acompañante y encendí el motor. Escuche otro disparo, las manos me temblaban muchísimo. Puse el motor en primera y cuando pise el acelerador tenia la punta del rifle justo sobre mi ojo izquierdo. Cerré los ojos y acelere rogando, esperando, que no le saliera el disparo. Al abrir los ojos nuevamente, mire por el espejo retrovisor y lo vi corriendo hacia mi. Arrojo la bolsa y el rifle y salto sobre el baúl del automóvil. Sus ojos eran totalmente negros. El reloj de mi tablero marcaba las cinco y trece. Volví a mirar por el espejo y pude ver como esa horrible criatura desaparecía ante mis ojos llenos de asombro y desconcierto.     

Las luces de un auto que venia en sentido contrario me hicieron frenar sobre un costado de la ruta. Cansado de manejar decidí pasar la noche en el siguiente pueblo.

Sergio G. Selser

miércoles, 9 de mayo de 2012

Amores perros


Dog se dice en ingles
can se lo conoce también
varios nombres recibe
el animal más fiel.

Nunca nos juzgara
y escuchara nuestros problemas
nos dirá lo que queremos oír
ser amigo es su lema.

A veces es un guía
otros solo un guardián
cuidara a quien ama
y a su amo respetara.

Un día ya será viejo
y la muerte le llegara
de la mano de los años
al otro mundo se ira.

Sergio G. Selser

domingo, 6 de mayo de 2012

Diábolo


Señor de los cuernos largos
al que le otorgan los males
de los pecados eres culpable
más nunca será de los mortales.

De excusas nos sirves a veces
y te acusamos el sufrimiento
el de arriba se lleva la gloria
tan solo con el arrepentimiento.

La entrada al cielo negaran
y carnada tuya seremos
sufriendo penosas torturas
si en la tierra el mal hacemos.

Ansioso estarás esperando
el día de juicio final
para guiarnos hasta abajo
a tu guarida infernal.

Sergio G. Selser

viernes, 4 de mayo de 2012

Cáncer


Peligroso gusanito
que te comes mi vida
con pasitos chiquititos
me consumes cada día.

Me pregunto como entraste
en mi cuerpo que es mi templo
con bocanadas de humo
te fuiste quedando dentro.

No le reclamo a nadie
por mi destino futuro
no me iré de este mundo
sin haber peleado duro.

Llegara un tiempo
en que mi aliento se acabe
dejare esta tierra
un día que nadie sabe.

Sergio G. Selser

jueves, 3 de mayo de 2012

Oda al Ctrl Z


De adelante para atrás
la vida nos mejoras
permitiéndonos corregirnos
antes de guardarlo en la memoria.

Sin ti lo haríamos de nuevo
borrando lo realizado
con tan solo dos teclas
la vida nos has simplificado.

De todos los comandos
eres el más importante
cerrare esta poesía
Control Z por delante.

Sergio G. Selser

martes, 1 de mayo de 2012

Peligroso pasatiempos


Sentada en el living de su enorme casa, estaba Ester. Viuda desde hace ya cinco años, se sentó a terminar un rompecabezas que tenía empezado cuando aun su marido vivía. Nunca lo había terminado, eso le traía muchos recuerdos de su amado, pero era sábado por la noche y una mujer de más de setenta años, no tiene muchas actividades para hacer, ni un sábado ni ningún otro día.
Mientras bebía un Whisky con soda, una a una iba encontrando las piezas y poniéndolas donde correspondían. No tenía la caja como guía, así que no sabia muy bien que era lo que tenia que armar. Tenía más de la mitad de la figura armada cuando se largo una terrible tormenta. La ventana de la cocina estaba abierta, y la lluvia empezó a mojar la cortina. Dejo el vaso a un lado y fue a cerrar la ventana. Al rompecabezas se le volaron unas piezas con la correntada. Se seco las manos con una pequeña toalla y volvió a terminar con su tarea. Se sentó y cuando le faltaban unas pocas piezas se dio cuanta de que habían caído al piso. Se agacho a recogerlas. Puso las ultimas en su lugar y miro el cuadro que estaba quedando armado .Era el de una mujer armando un rompecabezas y tras ella, un hombre con un largo cuchillo de cocina. Lo último que vio Ester fue el reflejo del filo del cuchillo entrando por su ojo derecho.

Sergio G. Selser