martes, 29 de mayo de 2012

Descripción de mi infierno



Siempre se me dijo que el cielo quedaba hacia arriba, por ende el infierno, siendo lo opuesto, debería quedar hacia abajo. Claro que mí arriba no es el mismo que el de aquel que vive en el lado contrario del planeta, así que esto siempre me confundió.
Que al cielo iban las personas que se portaron bien en la tierra y al infierno, aquellas que no lo hicieron. Al parecer el cielo representa todo lo bueno de las cosas mientras que el infierno, lo hace con las cosas malas.
Mi duda siempre fue si el cielo y el infierno no eran en si, el mismo lugar.
Una vez en medio de una conversación acote que el atún era la comida más horrible del planeta y que ningún ser humano en su sano juicio podía comer semejante cosa. A esto, uno de mis interlocutores agrego –a mi me encanta el atún- con un entusiasmo pocas veces visto por mi hacia algo tan horripilante.
En ese momento me lance a escribir la descripción del infierno, o mejor dicho, de mi infierno.

Sin duda el infierno debe estar comandado por alguien. Ninguna empresa puede funcionar sin un gerente. Este cargo lo ocupa alguien al que se lo llamo Diablo, quien tiene diferentes apodos o nombres que supongo se lo habrán puesto sus empleados (esto es inevitable en cualquier ámbito o trabajo) y algunos son bastante conocidos: Lucifer, Mefistófeles, etc. El comanda este lugar siguiendo una regla muy simple, hacer lo opuesto a lo que hace su principal competidor, el cielo, que a su vez, también tiene un gerente (que según se cree es macanudo cosa con lo cual discrepo, ya que ningún gerente es macanudo, a lo mucho es más simpático lo cual no lo hace mejor). Este personaje recibe el nombre de Dios, y al igual que su antónimo, cuenta con su dotación de apodos: el barba, el Señor, etc.

Para que este lugar funcione como se espera, el sufrimiento debe ser, breve y cambiante, es decir que si no se cumple una de estas condiciones, no será efectivo.
Si el sufrimiento es siempre el mismo y constante, uno le empieza como hasta agarrar el gustito, es decir que se termina acostumbrando, y si esto sucede, ya no es una tortura como debe ser. Para este fin el Diablo se las tiene que ingeniar. Pero primero él tiene que conocer cuales son aquellas cosas que a uno no le gustan, así que yo por mi parte le voy a facilitar las cosas haciendo una lista a continuación de las cosas que seguro debe haber y habrá para mi en el infierno.

Los alimentos serian una de las armas más efectivas para el sufrimiento, pero hay que saber usarla, y el Diablo lo sabe. No me va a alimentar con las comidas que me gustan, sino con aquellas que más odio.
Dentro de esta gama definiré aquellos comestibles que más aborrezco comenzando por lo que consideraríamos nutritivo dejando para después el resto:
a) Atún en todas sus formas: En ensaladas, tartas, sándwich, chistes, pensamientos, ideas, afiches, propagandas.
 b) Guiso de arroz: que ser humano puede ingerir una comida que no se define si se come con cuchara o con tenedor y, que al intentar comerla a penas lo sirven (siempre tan caliente como la temperatura de la superficie solar), los arroces y su jugo se desparraman antes de la mitad del camino entre el plato y la boca y que, al llegar a esta ultima, algunos de aquellos que sobrevivieron al tremendo viaje, se pegan en el paladar y otros bajan por la garganta, haciendo una breve escala en la lengua, con una velocidad sonica y prácticamente desgarrándolo a uno por dentro con un calor interior insoportable, prefiriendo morir antes que seguir en esa tortura, tirando manotazos al aire buscando un vaso con alguna bebida, sacando la lengua, aventándose aire con la mano y realizando un show por el cual no fuimos contratados. Lo peor es que a este acto de crueldad uno accedió por propia voluntad (o voluntad de su madre si se es chico).
c) Polenta: Otro “supuesto” alimento nutritivo. Una comida que claramente puede ser confundida con cualquier tipo de excreción humana o no humana. Me parece un elemento perfecto para que ocupe un lugar en mi infierno. A demás es una comida que se utiliza tanto en almuerzos o cenas de las personas, como caninas o de algún otro animal, según he presenciado con mis propios ojos; y no niego a esta altura que muchas veces se ve mejor la comida del perro, llena de viseras y recortes de carne, que aquella que incluye una aberración como lo es la polenta. Pero lo peor es que algunos la hacen fría y la utilizan como postre. Cuando uno cree que no se puede hacer nada más asqueroso con ella, descubro una cosa como esta.
d) Tofu: Si alguna vez tuvieron la posibilidad de masticar telgopor o cartón mojado, creo que cualquiera de esas dos cosas seria más rico que intentar, siquiera, oler este error de la naturaleza.
e) Coliflor: Evidentemente en algún momento de la historia hubo una explosión nuclear que dejo como consecuencias, muertos, devastaciones, gente con enfermedades y deformidades, suelos estériles y la coliflor. No entra en mi cabeza que este producto este en la naturaleza por Motus propio o creación divina. No tiene nada de divino ni su aspecto ni su horrible sabor.  
f) Radicheta: Haciéndose pasar muchas veces por otro vegetal, este se camufla para que uno se lo coma y así experimente la sensación de amargura más grande que jamás experimentara. Si uno esta acostumbrado a beber sus infusiones con azúcar o edulcorante y en alguna oportunidad se olvido de ponerlos en su bebida y le dio un sorbo y argumento “que amargo que esta esto”, nunca se podrá compara con la amargura que le dejara prácticamente para toda su vida, esta hoja. Creo, sin miedo a exagerar, que saborear un clavo oxidado estaría más dentro de las acciones normales de un ser humano, que la de ir a la verdulería y pagar por un atado de este aniquilador de papilas gustativas.

Dejando de lado lo “nutritivo” pasemos a lo que supuestamente o habitualmente se lo considera rico y poco sano: lo dulce.
Para esta lista empezare con las cosas denominadas aptas para un postre.
a) Compota, en todas sus formas y sabores: Esto es básicamente fruta cocinada. El olor que segrega esta distorsión de postre, esta a la altura de un vertedero. Creo que una persona podría morir tan solo con oler esto.
b) Gelatina: Hay dos clases de ella, con y sin sabor. Imagínense que si este supuesto liquido-sólido ya es asqueroso con sabor, no me alcanza la imaginación para adivinar como debe ser el mismo, carente de el.
Una rareza de esta combinación de estados (sólido liquido / liquido sólido), es que es algo que se corta con cuchara y al entrar en la boca se termina por beber. No hay que quitarle crédito al loco que invento esta atrocidad.
Continuemos con la merienda.
a) Frutas secas: Si ya arrancamos con que una fruta, que debe ser natural y fresca, es seca, bueno, no creo que deba agregar demasiado. Cualquier cosa que lleve por apellido “seca” en cuanto a alimentos se trata, no puede ser nada rico.

b) Galletitas obleas o también conocidas como operas: Una combinación de naranja y limón. Entre dulce y acido. Entra a la boca con una aparente sensación de dulzura y en el segundo siguiente te da un golpe de acidez en el  paladar, rebota en el cerebro y te dan ganas de lavarte la lengua y toda la boca con lavandina (si cree que es exagerado, usted exagera).
En este punto debo hacer una confesión, aproximadamente una vez por año como un par de estas para recordarme lo horrendas que son. Esto lo hago solo con dos de toda la lista de productos de mi infierno. 
c) Caramelos palitos de la selva y fizz: El primero de estos dos cuasi dulces, es uno de los caramelos más difíciles de abrir. Casi tan difícil como sacarle el celofán a un CD o silbar comiendo un alfajor de maicena. La dificultad de la apertura de esta golosina, incremento mucho la ingesta de papel en los niños al no poder abrirlos y terminar comiéndoselos con envoltorio y todo (este es el segundo producto que suelo comer una vez al año). El segundo, da una sensación de tener en la boca, pero sobre todo en la lengua, cables de electricidad pelados y conectados a 220 voltios. Esto no es algo que pasa rápidamente, sino que a uno le parece que nunca acabaran las descargas eléctricas, las cuales, no contentas con aniquilar el único músculo que nos ayuda a enviar la comida hacia adentro evitando así que fallezcamos producto de la inanición, manda chorros de electricidad al cerebro dejándonos totalmente estupidos por un lapso de quien sabe cuantas horas, días o meses (según la cantidad ingerida), dejándonos vulnerable a que se aprovechen de nosotros haciéndonos firmar, en un estado de idiotez total, contratos, prestamos o incluso, llevándonos al altar. Estoy seguro que este método se uso como tortura en épocas de dictaduras o guerras.
d) Alfajores de frutas: ¿Puede haber una creación más cruel que esta? Me a pasado de chico, el no fijarme en el envoltorio del alfajor con el cuidado debido (cosa que ahora si hago) donde decía el sabor del mismo, pensando que era de uno que a mi si me gustaba y pegarle un mordisco enorme y apasionado y querer morir al segundo siguiente.

Teniendo todos estos ingredientes, el Diablo debe buscar la combinación que más nos incomode, de lo contrario no habría sufrimiento. Pero ¿Cómo se logra esto? De una manera muy simple, al momento de que me toque alimentarme, el Diablo me traerá, por ejemplo, una tarta de atún, pero, al yo morderla, tendrá sabor a polenta, de esta manera no podré jamás prepararme para el supuesto sabor que deberían tener los alimentos. Así como el atún sabrá a polenta, el guiso de arroz tendrá sabor a caramelos fizz, las galletitas de obleas, sabor a coliflor y así sucesivamente. Pero estos sabores se irán combinando con cada mordisco y así uno nunca estará preparado para el sabor que vendrá. Todo esto estará acompañado de las insoportables carcajadas de el Diablo que serán iguales a las de la persona que más detestemos, justamente por su risa insoportable.
 A todo esto debemos agregarles los condimentos que se debe de tener un infierno que se respete, dolor, fuego, tridentes pinchándonos las nalgas a cada rato, olor a azufre, etc.
Pero seguro a muchas personas (y de echo conozco a algunos de estos lunáticos) les encantan aquellos productos que yo puse en mi infierno, ósea que se puede deducir que para ellos estos alimentos estarían muy bien para su cielo.
Esto me lleva a una única deducción: el cielo y el infierno es el mismo lugar o por lo menos las dos sucursales pertenecen al mismo dueño.
Nota: nimiedades que el Diablo tendrá en cuenta cuando las opciones se le estén acabando o quiera molestarme más aun.
1- Hacerme levantar un pan que en apariencia esta seco y esta completamente mojado. Esto provoca en mí una sensación entre náuseas y convulsiones combinadas.
2- Caminar descalzo por el piso y que cada dos o tres pasos haya tirado un soldadito de plástico o una pieza de lego.

Sergio G. Selser

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