Como he explicado en
alguna ocasión, mi vida ha sido (y sigue siendo) extraña. Mi cerebro no me da
descanso ni siquiera dormido.
He sido cuestionado en
muchos aspectos, laboralmente, afectivamente e intelectualmente, pero es en
este último donde me centrare.
Según algunos (no daré
nombres) mi capacidad reflexiva o de análisis carece de vocabulario, para
otros, yo no soy un filosofo (cosa que considero ser) para otros más, debería leer aún más de lo
que leo para así poder contar con el apoyo de lo dicho por los “grandes
pensadores” del pasado, como si me importara la opinión de un tipo que está
muerto. No es que no valore lo escrito por alguien más, sino que yo le doy
valor a lo que yo digo y pienso primero y luego (y si es que me queda espacio),
comento lo dicho por tal o cual pensador, escritor o dibujo animado.
La verdad es que creo que
aquellos que me suelen atacar, o, carecen de pensamiento propio, o les genero
algún tipo de envidia y no son capaces de aceptarlo.
Mi profesora de filosofía
es una de las que cree que para ser filosofo hay que estudiar filosofía y tener
el título universitario que acredita esto, yo creo que con lanzarse a pensar y
cuestionar cual niño de cinco años, alcanza y sobra para esta tarea.
No me importa que me
ataquen, dependiendo del humor con el que cuente en el momento de los disparos,
me defiendo o los dejo pasar, es decir que, si mi atacante es una persona con
buenos argumentos y pensamiento propio y no empieza a decir: –“como dijo una vez…”- y cree
que con robarle la frase a otro puede pasar por inteligente, le hago un poco de
batalla, pero si veo que es un estúpido y mis carga de argumentos no va a tener
destinatario (solo por su imbecilidad innata), prefiero ahorrarme la saliva y
ocuparla en besar a una bella muchacha.
Pero espero que este tipo
de personas no deje de atacarme, como bien digo en el titulo de esta reflexión,
le dan material a este hermoso filósofo pensador independiente, carente de
vocabulario.
(Qué difícil es ser
sarcástico en letras)
Sergio G. Selser