martes, 30 de octubre de 2012

Analizando a los psicólogos


En general los profesionales me son una cuestión un tanto insoportables, al parecer, el tener un titulo les brinda la capacidad de ser autoridades en el tema que estudiaron. No les quito merito a sus años de estudio y esfuerzo, eso es valorable, pero no por eso van a ser los único que pueden hablar.
Hoy pongo en la mira a los psicólogos, extraños seres que todo lo analizan, si te tropiezas con una piedra, inmediatamente tienes un problema con tu mamá. El complejo de un pervertido como lo fue Edipo, se convirtió en un lema a seguir por estos seres.
Isaac Asimov  en uno de sus libros donde hablaba sobre astronomía dijo: “el cerebro humano en su composición, es más compleja que una estrella, por eso los astrónomos saben mucho sobre estrellas y los psicólogos tan poco sobre el cerebro”.
No encontré frase más acertada. Pero dejemos descansar en paz a Isaac.
He hablado con varios psicólogos, psiquiatras, analistas, consultores, psicoanalistas, etcétera, que me da la impresión que entre tantas variantes ya se perdió la esencia del psicoanálisis en si. Con tantas variedades para elegir, llegaron a convertirse casi en su equivalente espiritual, la religión. Miles de caminos todos buscando la misma respuesta. Unos buscan llegar a la respuesta final, Dios, los amantes del psicoanálisis a “en qué momento desvió uno el camino”. A mí me suena a lo mismo. La verdad es que personas como los curas, Papas, sacerdotes, psicólogos y sus derivados deberían trabajar en el área de Marketing de alguna empresa, sin duda venden un producto más rentable y popular que la coca-cola, un producto intangible como lo es la FE. Los religiosos miran al cielo antes de rezar y ponen la fe allí, los psicólogos te miran a los ojos antes de tratar de entrar en tus pensamientos y ponen la fe en las palabras, los psiquiatras en las pastillas que te bajan la ansiedad.
No soy tan obtuso para ver que en algunos casos la psicología a ayudado a algunos al igual que la religión a otros, pero aquellos que fueron ayudados (por lo menos los que yo he conocido) los resultados lo vieron después de varios años de terapia. Y aquí viene la fantástica pregunta ¿no es posible que la terapia no allá ayudado en nada y que solo fue cuestión de tiempo para que el individuo lo resuelva por si solo? Quien puede refutar esto, simple, NADIE.
Una vez hablando con mi abuela, me contó (yo era bastante chico, tendría unos diez años) que le curó a uno de sus hijos no recuerdo que enfermedad tan solo con vitamina “C”, ante mi total asombro (y descreencia) me dijo –“así es, yo le daba a tu tío vitaminas C durante un mes, luego paraba una semana y retomábamos las vitaminas otro mes y así sucesivamente durante cinco años”-. No creo ser un genio (aunque mi amiga Nicole así lo crea y la adoro por eso) pero no creo que sea necesario serlo para darse cuenta de que después de cinco años, lo más seguro es que mi tío se curó solo, y no gracias a las mencionadas vitaminas.
En definitiva la psicología lleva más de cien años de estar mal encarada según mi forma de ver. Los psicólogos te dicen aquellas cosas que uno ya sabe, y si no lo sabe en el momento de la terapia, lo sabrá mientras se ducha, o habla con algún amigo, o ve la televisión, o hace alguna actividad divertida, que es en donde surgen las mejores ideas.
En estas línea que estoy escribiendo me estoy refiriendo (para que quede claro) a aquellas personas que acuden al psicólogo o alguno de sus secuaces sin necesidad más que querer resolver los problemas cotidianos y de solución simple. Va dirigido a aquellas madres y padres que envían a sus hijos (o peor a su mascota) a hablar con alguien que ellos no conocen en vez de sentarse a la mesa y preguntarle directamente que les pasa, porque están tristes, que les gustaría hacer, si están cómodos con su sexualidad mostrarles el interés y el apoyo a través del amor. Nadie va a conocer mejor a un hijo que sus propios padres, salvando claro que estos padres sean unos estúpidos e insensibles.

Dejemos un poco de lado a los narcos y empecemos a plantar nosotros. No es una apología del delito o de la droga, a lo que voy directamente es a que trabajemos un poco en nosotros, sentemos en una plaza a analizar lo que nos pasa en vez de ir a preguntar a un “alguien” ¿Qué pasa conmigo doctor? Como si uno no conociera la respuesta de antemano.

Sergio G. Selser

jueves, 25 de octubre de 2012

Relato de una depresión (La vida a través de una ventana)


La lluvia caía suavemente haciendo surcos indescifrables a través del vidrio de la ventana que daba al patio. El piso mojado por completo no me invitaba a salir a contemplar esas maravillosas gotas que llegaban desde miles de kilómetros de distancia desde ese cielo gris.
Con la frente apoyada en el vidrio mi mente me daba un paseo por mi horrible vida. Me di cuenta que la mayor parte de mi niñez se había esfumado y que solo una pequeña porción de recuerdos me acompañaba y me torturaba. Ya no recuerdo a mis amigos de la infancia, ni la escuela, ni siquiera un solo recuerdo de alguna maestra.
El silbido del agua hirviendo me recordó que estaba preparando algo caliente para tomar. Volqué el agua en la taza y fije la mirada en las hebras que iban tiñendo de a poco todo el contenido. Acerque la taza a mi boca y deje por unos instantes que el aroma invadiera mi cerebro, combinándolo con el paisaje de la lluvia que se intensificaba cada vez más. Mis lágrimas hacían pequeñas explosiones al tocar mi bebida.
Sentado en mi cama sostenía mi taza con la mano izquierda, con la derecha, seguía los surcos que le daban forma al cuchillo. Apoye mi taza en la mesita de noche he introduje el frío metal en mi muñeca. Mientras terminaba mi taza de té, el sueño y la sangre me iban llevando de a poco a ese lugar donde siempre había querido estar.

Sergio G. Selser

lunes, 22 de octubre de 2012

Mi primer beso


No soy un hombre muy emocional, sin duda que el razonamiento lógico cuadraría mejor en mí. Así que las emociones me son una cuestión difícil de asimilar. Todo lo que pasa por mi vida, tiene que ser llevado a un tono lógico, y eso en cuestiones de amor, no funciona.
Al parecer las emociones activan una gran parte del cerebro, mientras que en las cuestiones opuestas lo hacen en menor cantidad. Quizás sea porque las emociones son totalmente ilógicas e irracionales. En ocasiones nos enojamos por pequeñeces, en otras grandes problemas nos pasan sin mayores consecuencias que una fruncida de ceño. Nos enamoramos de personas imposibles y a los amores posibles los dejamos pasar.
Cuando una situación común toma un giro romántico, yo no sé qué hacer en esas ocasiones. Una sonrisa de una mujer hermosa, me saca de mi tan cómodo “eje racional”, y me deja girando como un trompo sin poder tomar curso de mis acciones por un periodo para mi eterno. Luego la lógica retoma las riendas y todo vuelve a su centro.
Pero sin duda no hay nada más espectacular que el primer beso. Y no hablo tan solo del primer beso que uno da por primera vez (valga la redundancia), sino del primer beso que se da siempre que uno besa a una persona nueva, y me refiero en carácter romántico. Cada vez que iniciamos una nueva relación amorosa, ese “primer beso” que uno le da a ese ser que nos gusta tanto es único e irrepetible.
Más allá de que yo no sea el ser más emocional, las emociones son mas una característica femenina que masculina, los hombres en general no estamos del todo familiarizados con este concepto.
Sin duda, tomamos actitudes románticas eventualmente, pero por lo general son forzados por una contra-actitud femenina, es decir, que prácticamente nos tienen que poner en la cara para que nos demos cuenta que necesitan, un abrazo, una palabra linda o que le brindemos una simple mirada de complicidad.
Pero no crean que no contamos con emociones, o por lo menos no yo. Hay una en particular que es la que más me gusta y es el momento previo a decirle a una señorita que me gusta y besarla por primera vez. La carga emocional que esto conlleva para mi es extremadamente insoportable, pero al mismo tiempo impresionantemente hermosa.

 Esta de más decir que jamás me puse a analizar esta situación, no llegaría nunca a ninguna explicación lógica. Ya lo dice una conocida frase de una canción de un grupo musical argentino La Renga:
“El corazón tiene razones que la propia razón nunca entenderá”

Sergio G. Selser

viernes, 19 de octubre de 2012

Más rápido que la velocidad de la luz


La ciencia es algo que me fascino desde siempre. Animado por ese fantástico ímpetu de búsqueda, le di a mi cerebro un paseo por la astronomía, la física, la cosmología, etcétera. Siempre las cuestiones que iban más allá de las fronteras de nuestra atmósfera, me parecieron interesantes.
Como ha sido y sigue siendo, soy un asiduo cuestionador de todo lo que veo. Conductas humanas, conductas animales, movimientos celestiales, es realidad cuestiono todo lo que puedo, desde una conversación trivial hasta los avances en ciencia y tecnología.
Como ya he aclarado en alguna instancia, no creo que solo aquellos que cuentan con un título universitario o trabajan en la nasa sean los únicos que pueden hablar o tener ideas. Cuantas veces habrán oído frases tales como “lo dijo Pepe, que trabaja en el hospital no se cuanto y es médico”, como si su palabra fuera algo que no se debe discutir y se debe aceptar sin más.
Aquellos que me conocen saben que no me caen bien en general los profesionales, menos los médicos, y peor los psicólogos, que viven suponiendo y conjeturando y te pasean por diagnósticos erráticos y te dan para tomar pastillas para quien sabe que con horarios inamovibles, por periodos incomprensibles y medicamentos de marcas que solo ellos “recomiendan” luego de un previo pacto con alguna empresa farmacológica.
Pero no nos desviemos ni perdamos el tiempo en estos mediocres seres y hablemos de algo que si es interesante.

La velocidad de la luz está establecida en alrededor unos 300.000 Km. /seg. Es decir que la luz hace un recorrido de 300.000 kilómetros en tan solo un segundo en el vacío absoluto. Esto se debe a que a dicha velocidad es imposible adquirir más masa, lo que quiere decir es que por más que empujemos un objeto para que viaje más rápido que eso, no se podrá lograr. Sé que es un poco difícil de entender, pero centrémonos en que quizás no se pueda ir más rápido que esto. Claro que esto es pura teoría, pero una teoría aceptada y utilizable. Esta medida nos permite medir distancias astronómicas tales como las distancia de estrellas, galaxias, u objetos lejanos que se encuentran en nuestro universo.
Pero hay algo una pregunta que siempre me quedo dando vueltas ¿es realmente imposible que no se pueda viajar más rápido que la luz? Para resolver esta cuestión haré una breve explicación.
Como sabemos, el Big Bang es conocido como el inicio de todo lo que hoy conocemos y denominamos universo. La teoría (para hacerla resumida) dice que todo se encontraba concentrado en un punto inmensamente denso e inmensamente caliente, es decir que todo lo que hoy existe, se encontraba “amontonado” en lo que se denomino <<huevo cósmico>>. Este huevo cósmico es solo una forma de graficar lo que anteriormente he explicado. Ahora bien, en un momento de la historia, este punto extremadamente denso y extremadamente caliente exploto, y le dio vida y forma al universo. ¿Qué había antes del “huevo cósmico”? La verdad es que eso no es importante ya que nuestra existencia se dio con el inicio de esa fantástica explosión, lo que haya ocurrido un segundo antes me tiene sin cuidado, por eso no haré ninguna referencia a ello, pero si en cuanto a que antes de la explosión, probablemente no existía nada, es decir que el universo se desparramo sobre la base de la nada tal como se desparramaría una gota que forma una mancha de tinta sobre un papel en blanco, esparciéndose en diferentes sentidos abarcando todo lo posible en relación a la cantidad de tinta que conlleve la gota que crea la mancha.
Si tienen la posibilidad hagan la prueba y verán que el dibujo final de la mancha, se forma en una fracción de segundo luego de que la gota toca el papel, de igual manera, el universo luego de esa gran explosión, quedo formado casi en su totalidad. Pero nosotros sabemos que la mancha de tinta se formara sobre la base de un papel en blanco, papel el cual, determinara cual ha de ser el tamaño y la forma de la mancha que dejara la gota, en base al papel utilizado, su contextura y capacidad de absorción. Pero en cuanto al universo, no sabemos sobre la base de que se expandió el universo, así que no sabemos si en ese momento inicial, la velocidad de la luz era (en ese mili-segundo que tardo en expandirse el universo), su capacidad máxima de velocidad.
 Quizás sobre “eso” en lo que se desparramo toda la energía, se podía viajar más allá de ese límite hoy aceptado.
Seguro los físicos o cosmólogos dirán que se necesitan ecuaciones matemáticas que afirmen esto, bueno, yo digo que no las tengo. Mala suerte, de eso que se encargue otro.

Sergio G. Selser

martes, 16 de octubre de 2012

Cerebro vs. CPU (Pensando sobre el pensamiento)


En algún artículo he mencionado que soy el mayor de muchos hermanos. Cada uno de nosotros tiene una actividad o un fuerte. Uno de mis hermanos es licenciado en administración de empresas, así que en el recaen las dudas que nosotros consideramos él debería contar con las respuestas, cuestiones legales, conocimientos en matemáticas, etcétera. Otra de mis hermanas es periodista y a ella recurrimos cuando queremos interiorizar en algún tema de ámbito público, elecciones, noticias, etcétera.
Pero esta breve introducción es para apuntar al tema del pensamiento. Pero no del pensamiento en sí, sino, de la capacidad que tiene el ser humano de pensar y resolver miles de cuestiones, y muchas veces en cuestiones de segundos.
Una de las discusiones, o mejor dicho, uno de los debates que surgen frecuentemente en mi casa, es con uno de mis hermanos. A él le toca la parte de la tecnología, ya que se dedica al diseño gráfico  entonces, todo lo relacionado con la computación, pertenece a su área, y lo científico me recae a mí ya que me encanta todo lo que tenga que ver con la ciencia.
Una vez en una de las tantas charlas familiares que tenemos, mi hermano diseñador, me dijo que no estábamos muy lejos de que las computadoras lleguen a tener conciencia propia y puedan pensar y resolver problemas al mismo nivel (sino es que más) que el de un ser humano. Yo soy un ferviente defensor de la raza humana, no creo que haya habido ni hay una especie mejor que esta, más porque yo pertenezco a ella que por creerlo de verdad. No encajo con esos “amantes” de los animales que van por la vida diciendo que los animales no tienen maldad, que el perro es el mejor amigo de hombre, y toda esa sarta de estupideces que dicen quienes les hubiera ido mejor habiendo nacido como plantas o vegetales que como seres humanos .
Pero volvamos a lo que nos interesa (o mejor dicho me interesa). Mi hermano, en cada oportunidad que se le presenta, me envía un artículo sobre los avances tecnológicos. Robots que pueden abrir puertas o subir escaleras, maquinas que limpian la casa o cortan el césped. Siempre con el link que me envía para que yo lo vea, viene acompañado de una pequeña frase tal como “has visto que una maquina puede hacer el trabajo de un humano”, con una fascinación incomprensible, por lo menos para mí.  Al principio no le di mucha trascendencia a este tema, pero últimamente me puse a analizar si era posible que una computadora pudiera llegar a pensar como un ser humano. Como defensor de la raza humana, mi respuesta automática es “NO”, pero no suelo ser tan obtuso, así que le dedique un tiempo a este tema.
Las computadoras basan sus “pensamientos” en ecuaciones matemáticas. Algoritmos escritos que le brindaran al computador  la respuesta más optima ante un problema que le presentemos. Pero esta es la primera traba que tiene la computadora, debe de presentársele un problema para que ella intente resolverlo. Me dirán ustedes que al cerebro le sucede lo mismo, claro que sí, pero la ventaja que tiene el cerebro humano es que puede anticiparse a los hechos, y planificar, y hasta en ocasiones, evitar algún hecho. Las computadoras no se anticipan, tienen un abanico de respuestas más amplio que el nuestro, pero esto no quiere decir que hayan planificado nada. Pero en un sentido podríamos decir que las computadoras piensa, claro, el pensamiento o el significado de esa palabra lo utilizamos y se lo otorgamos solamente a los seres cerebrales, las computadoras por su parte podrían tener un “pensamiento” distinto al nuestro. Isaac Asimov en una de sus charlas utilizo la palabra <<zorquear>> (palabra inventada por él) para describir este tipo de pensamientos que utilizaban las computadoras.

Así que en resumen, los seres humanos pensamos y las computadoras zorquean, no creo que en ningún momento de la historia el ser humano llegue a zorquear como así tampoco las computadoras puedan pensar. Si pensara lo opuesto, bueno yo no sería humano.

Sergio G. Selser

domingo, 14 de octubre de 2012

Sobre la amistad


De chico hacer amigos es una cuestión natural. No se necesita demasiado para que algún niño sea amigo de otro, a decir verdad, el único requisito era tener ganas de divertirse. Con el solo hecho de que sea alguien al que le guste jugar, alcanzaba.
De grande parece ser que ese único requerimiento antes mencionado, no alcanza. Uno debe pertenecer a alguna franja de extracto social, tener algún tipo de trabajo o quién sabe, otros tantos requisitos, pero sin duda son más de uno y eso es algo que molesta y agota.
Pero ¿Qué es la amistad? La verdad es que es un concepto tan difícil de definir como el amor o la mentira (en alguna oportunidad hablare sobre esta ultima).
Para tratar de definir de alguna forma este concepto les contare que a los, aproximadamente trece años de edad, me llevaron a vivir fuera de Buenos Aires. Con la idea de un futuro mejor, nos mudamos a Santiago de Chile con toda la familia. Allí tuve la oportunidad de conocer otra cultura, y hacer algunos amigos, pero sin duda el más destacado de todos ellos fue (y sigue siendo) Guillermo Montoya, que se transformo en mi mejor amigo. Pasábamos todo el tiempo junto, las mejores aventuras que pude tener fueron junto a él. Cuento con una batería enorme de anécdotas que, de escribirlas, podría yo  hacer un libro entero.
¿Qué tendrá que ver con la amistad esta historia? Sería una pregunta valida. Claro que estoy haciendo hincapié sobre la amistad entre dos personas, pero lo mejor viene después de esta aclaración.
Guillermo y yo fuimos amigos desde que yo llegue a ese país. Fue de gran ayuda para mí, ya que no es fácil adaptarse a toda una cultura nueva. Unos cinco años más tarde, tuvimos que regresar a Buenos Aires y no nos volvimos a ver sino hasta después de unos aproximadamente dieciocho años después. Yo viaje a Santiago y le avise que iba así nos veíamos un rato. La sensación que sentí y que creo que el también, fue la misma que sentíamos cuando yo vivía allí. Esa sensación de que nos habíamos dejado de ver el día anterior. Nada había cambiado, a pesar de que ya somos adultos, nos miramos y nos acordamos de las aventuras pasadas y creo que con ganas de seguir ese ritmo de vida. Claro que ya sé que no es posible, el está casado, tiene hijos y un trabajo, todas las cosas que hacen los adultos cuando crecen. Yo por mi parte, me quede en Neverland (el país del nunca jamás), siguiendo con algunos de mis sueños, viajando y trabajando cuando se me acaba el dinero.

Sin duda, la amistad no puede ser otra cosa que esa sensación de aventura que solo compartes con quien es tu igual, pasen los años o adquieran responsabilidades.

Sergio G. Selser

jueves, 11 de octubre de 2012

Barata humildad


Arrancare esta reflexión como arranco muchas de ellas.
De chico se me dijo las cualidades que deberían cumplir las personas para ser tomadas como tal, es decir una persona. La bondad y honestidad estarían como uno de los primeros requisitos, para luego acompañarlo el esfuerzo y la humildad. 
Los primeros tres requisitos me parecía que no estaban del todo mal, teniendo en cuenta, que todo ese conjunto de palabras no eran más que estupideces que suele decir la gente (no las personas). Pero sin duda, el concepto de “la humildad” era algo que no podía dejar que se escapara sin hacer un breve análisis sobre ello.
Para aquellos que me conocen, sabrán que en mi no hay una pizca de humildad en todo mi ser. Siempre soy el más lindo, el más inteligente, el más audaz, el más etcétera, etcétera. En resumen el mejor de todos. Ante una señorita, será la humildad quien juegue un papel fundamental a la hora de la conquista, ya que me haré carente de ella sin ningún problema y le demostrarle a la dama a conquistar, que no hay diferencia entre mi y superman. Ante una entrevista laboral, seré el mejor empleado que podrán encontrar.
Así que para aquellos que crean que el “ser humilde” es algo positivo, para mí es uno de los enemigos a vencer. ¿Por qué está mal visto el que uno tenga cualidades y quiera ser ostentoso? Directamente a este ser, se los cataloga de no ser humildes.
Pongamos un ejemplo tan barato como el titulo de esta reflexión, Leonel Messi, ha sido catalogado el mejor jugador del mundo en el fútbol  pero él es el primero que NO lo puede decir. Mi pensamiento es que es Él es el primero que debería hacer ostentación de ello, sino, de que sirve ser el mejor si uno no puede decírselo a nadie, ¿para que esforzarse en ser el N°1 si uno no lo puede disfrutar haciendo lo que más les gusta a todos, ¡agrandarse y lucirse ante el resto de los mortales!? Nadie podría recriminar  a Messi si dice –yo soy el mejor del mundo-, porque por voto popular fue elegido como tal.
Así que en resumen, no soy muy tolerante al momento en el que me ponen su “carta” de humilde, si saben algo, muéstrenlo, todas las veces que puedan. Si son buenos en matemáticas, ostenten todo el tiempo, y vallan por la vida escribiendo ecuaciones que nadie entiende. Si son lindos, díganlo sin mayores problemas, salgan en revistan y posen como modelos. Si son buenos cantantes, vallan cantado por cualquier parte, en cada fiesta, en cada reunión.

La humildad está muy sobre valorada, al igual que sus asquerosos secuaces, la modestia y la verdad.

Sergio G. Selser 

martes, 9 de octubre de 2012

Astronomía vs. Astrología


A lo largo de mi camino en busca de las respuestas a las preguntas que me iban surgiendo, me tope con personas (en su mayoría mujeres) que me preguntaban o se preguntaban entre ellas continuamente ¿de qué signo eres? Sin duda es una pregunta fácil para romper el hielo, sobre todo si se trata de conquistar a una dama y siempre y cuando te encuentres aun en los años 80´, porque solo entonces serbia este tipo de “entradas” a una conversación con una señorita.
Ahora bien, yo me tome en serio este tema de los signos, investigue un poco y me derivo en una rama llamada Astrología. Me puse a ver de qué se trataba y descubrí que era esta, quien estudiaba a los astros y su relación con nuestras vidas. Claro que no me tomo mucho tiempo el descubrir que esto eran simples estupideces. No vaya uno a creer que, (por ejemplo) Neptuno este en conjunción con Saturno, sus problemas financieros se resolverán, o lo hará pelear con un ser querido. Nadie en su sano juicio creería en esto, si es así, entonces deberá creer en todas las demás artes ocultas, como el Tarot, los rituales satánicos, el mal de ojo (u ojeo en algunos países), rezar y creer en los ángeles. No sería justo creer en una porción de estas cosas y en otras no.
La ASTRONOMIA por su parte se basa también (en un aspecto) en el movimiento de los planetas y su comportamiento, pero también abarca a todo el universo, asteroides, estrellas, agujeros negros, etcétera. La astronomía se basa en el razonamiento lógico y en el estudio profundo de los hechos.
La astrología ha trazado una especie de mapa o carta guía a la cual han explotado por siglos, repartidos en doce (12) signos a los que denominaron HOROSCOPO. Signos que nos irán diciendo día a día lo que es más conveniente para nosotros según el movimiento de unos cuerpos celestes (o planetas) que se encuentran a millones de kilómetros de nosotros. Es decir que si el planeta se encuentra en conjunción con otro, el horóscopo nos dirá si nos deberemos cuidar del consumo excesivo de grasas transgénicas,        
¡” ¿Que ser en su sano juicio podría creer esto?”! Aunque no lo crea, muchas. Si, millones leen a diario en los periódicos su horóscopo antes de salir de su casa, o peor aún, lo leen para ve si “conviene” ese día salir de su casa.
Si los “ASTROLOGOS” le dedicaran un poco de su tiempo al estudio real del comportamiento celestial, se darían cuanta que: primero, las distancias que hay entre uno y otro planeta y a su vez, nosotros, son enormes y no hay forma de que nos afecte en lo mas mínimo su marcha (en lo individual). Segundo, que conociendo dichas distancias, por más que se quiera y se trate de poner en un orden racional, los astro que hoy están en conjunción, lo estarán por mucho tiempo, y seguramente lo estaban antes de leer el horóscopo ese día.
No se dejen engañar, y presten atención a que, si bien las palabras Astronomía y Astrología son parecidas, la primera se basa en la razón y los hechos y la segunda en creencias y sensaciones.
Por mi parte no he conocido a ningún “astrologo” que me haya dicho jamás algo que concuerde con mi persona, sin ir más lejos mi hermano constantemente le está preguntando a las personas que va conociendo – ¿de qué signo eres?- y al obtener la respuesta (no importa cuál sea el signo de la persona en cuestión) siempre les dice lo mismo respecto al signo. –Seguro eres una persona tranquila, pero cuando te enojas, seguro que tiembla todo-, y ellos asienten fervientemente por este acierto en cuanto a su personalidad, y eso que él trabaja y se relaciona en su mayoría con profesionales. Evidentemente, la estupidez no discrimina a los diplomados.

Sergio G. Selser

domingo, 7 de octubre de 2012

Matando a mamá


…y ahí estaba ella, sentada frente al televisor, maldiciendo las noticias, odiando a todos y a todo, tratando de ablandar esa, horrenda galleta sin sabor mojándola en el jarro con leche fría, metiendo los dedos y luego llevándoselos a la boca dejando un camino de migas y leche entre ese tarro viejo y descolorido y su inaguantable rostro arrugado. Derramando la mitad en el piso porque su párkinson no le permitía estabilidad y su poca vista no la ayudaba. ¿Cuántos años tiene? Ya le habíamos perdido la cuenta.
Mi hermano y yo la miramos al unisonó y los dos pensamos lo mismo, ¿Cuándo se va a morir esta vieja de mierda? Parecía que nunca, y tampoco nunca nos dejaba que lo olvidáramos, ni siquiera por unos pocos segundos, gritando, insultando, tosiendo, vomitando o llamándonos para que la llevemos al baño, mientras nos decía lo inútiles que éramos y que nunca nos casamos porque somos unos fracasados.
No pude aguantar más y en esa mirada que sostenía contra mi madre, la ira me gano. Agarre la pala de la chimenea y le pegue en el medio del cráneo, cayó al suelo como una bolsa de papas. Me miro y trato de hablar, levante la pala nuevamente y un tiro le borro esa horrenda sonrisa de su insoportable boca, mi hermano le dio con la escopeta justo entre los ojos y le voló la cabeza.
Sin decir ni una palabra, la envolvimos en la cortina del baño y la llevamos al patio. Hicimos un agujero  lo más lejano del rancho posible y la enterramos para siempre.  Cansados, volvimos hasta la casa sin decir una sola palabra, abrimos la puerta y oímos el silencio más hermoso del mundo. Ya no se oía ese, rechinar de la silla mecedora, taladrándonos la cabeza como un reloj de agujas que no para un segundo su marcha. Nos fuimos cada uno a su habitación.

Sergio G. Selser

viernes, 5 de octubre de 2012

Si Dios existe, ¿entonces…?


De chico me llamaban la atención muchas cosas. Siempre acudía a los mayores creyendo (que inocente que era entonces) que ellos tenían, o deberían tener, las respuestas.
Los Domingos me llevaban a la iglesia, tome la comunión e hice todos los rituales concernientes a las creencias católicas; claro que impulsado por mis padres, quienes son católicos y al igual que con el fútbol  donde los padres tratan de hacer a sus hijos simpatizantes del equipo que ellos veneran, intentaron ingresar en mis gustos, las (sus) creencias religiosas.
Mientras iba creciendo y, debido a mi interés por las ciencias y las respuestas a las preguntas sin respuestas, me iba alejando más de estas ideas etéreas. Pero no me alejo lo suficiente como para querer dejar de lado un tema tan importante como lo es la religión. Como es mi costumbre, comencé a buscarle el lado racional a este asunto y para conseguir una respuesta optima para mí, me pregunte si existe Dios, pregunta la cual derivo en una segunda parte de esta primera incógnita.
Arranque como siempre preguntándole a los seres menos inteligentes (los adultos) terminando en mi casa, donde ni siquiera me tome la molestia de preguntar si Dios existía, teniendo en cuenta que rezábamos al sentarnos a la mesa a almorzar. La respuesta parecía ser la de las masas,-“claro que existe”, sino, ¿Cómo explicarías la creación del universo?-. Mi respuesta irrespetuosa habitual era (y sigue siendo) –A través de los hechos científicos y demostrables-. Pero llegue a un inevitable callejón sin salida, por cada prueba científica que encontraba, existía una prueba religiosa igual de valida a la primera. Así que por más que buscara y buscara, en iguales cantidades se iban presentando evidencias.
De aquí se desprendió la segunda parte de la pregunta inicial ¿Existe Dios?, la cual era ¿es importante definir su existencia o su inexistencia? Esta pregunta me parecía más natural y más interesante de resolver. Y ahí fui, en busca de esta respuesta, acudiendo siempre primero a los adultos y luego dejando que mi razón y mi tesón me guíen por el camino correcto.  Lo primero que hice fue preguntarme a mi mismo si era importante conocer la existencia o no de Dios. Mi respuesta fue, no. Obviamente que no, no cambiaría en nada mi vida, si existe qué bueno y sino, es decir, de no existir, en el peor de los casos, no pasaría nada, más que los que nos depare nuestro universo a su entero capricho.
Me encanta cuando llego a las respuestas y me pongo contento por unos escasos tres o cuatro segundos, ya que la solución a las incógnitas son lindas mientras se las busca y su belleza dura hasta que las descubres, luego un vacío enorme y a continuación la necesidad de hacerte más preguntas.


Sergio G. Selser

miércoles, 3 de octubre de 2012

Inteligencia ¿bendición o castigo?


De chico en la escuela siempre fui catalogado como el rebelde de la clase, bajas notas, malas conductas y siempre castigado por maestras, directoras, o cualquier docente o directivo de la institución. Nunca faltaba un motivo por el cual llamarme la atención.
Mi actitud me brindo ganancias y pérdidas. Mi semblante de sobrador me dio ventaja sobre el resto de mis compañeros varones en cuanto a las señoritas, a todas (o mejor dicho a algunas) les encantaba mi actitud de “chico malo” hasta a las más recatadas a quienes encaraba con más empeño.
Nunca hacia la tarea, jamás leía los libros que me daban para leer y del cual se tomaría seguramente una evaluación, pero, de alguna forma, termine la escuela primaria. Hasta el día de hoy no sé cómo paso, mi conclusión es que los profesores en el último año me hicieron aprobar con tal de no tener que verme más. Esa sería la solución más lógica.
El secundario no fue muy distinto a mis primeros siete años de primaria, uno no cambia (o por lo menos yo no lo hice) cuando pasa a la segunda parte de su enseñanza. Continúe con mi actitud del tipo que se las sabe todas, mis notas escolares dan crédito a mis palabras, estuve a punto de dejar mis estudios varias veces creyendo que era mejor trabajar que estudiar, que la escuela no estaba hecha para mí. Mi referencia a este pensamiento eran mis padres, los cuales no habían terminado (ninguno de los dos) su enseñanza media y aun así, tenían hijos y les daban de comer todos los días, los vestían y los mandaban a la escuela. Así que como es de esperarse, deje los estudios y me puse a trabajar.  
Alrededor de los seis años, estaba con un dolor de estomago tremendo y me preguntaba ¿Por qué el dolor de estomago difería en sensación a otros dolores internos? Y ese fue, según recuerdo yo, el momento que desencadeno lo que anteriormente describí, mi escruta rebeldía.
Quizás no encuentren la relación, pero a lo que me refiero es que de ahí en adelante fue que empecé a cuestionarme las cosas que me sucedían. Como corresponde a un chico de esa edad, no sabía a quién preguntarle y acudía a las personas que para mí, debían tener las respuestas, mis padres, porque a esa altura ya sabía o me había dado cuenta que no podía acudir a los maestros, nunca explicaban nada y si uno tenía la ocurrencia de cuestionar algo (más en mi caso) nos daban un fantástico –“porque si”- y ahí cerraban todo.
Mis padres respondían mis interrogantes desde su visión o su escaso conocimiento, adivinando las respuestas (las cuales descubrí con el tiempo que eran erróneas) en muchos casos.  Cuando me di cuenta de esto, pensé ¿ahora a quien recurro? Aun era chico tendría unos doce años más o menos y supuse que en algún momento lo sabría o lo descubriría, porque desde siempre había escuchado la frase “cuando seas grande lo vas a entender”.
Pase mi adolescencia sin más inconvenientes que los de un chico cualquiera, quizás un poco más de responsabilidades que la mayoría, ya que soy hermano mayor y siempre tuve la idea de que el bienestar de mis hermanos más chicos no solo dependía de mis padres.
Cuando empecé a trabajar, miraba a las personas que estaban por encima de mí en cargos y me preguntaba ¿Qué saben ellos que yo no sepa?  ¿Que los llevo a ocupar esos cargos? Y creía que sabían algo, una especie de secreto o formula que solo la poseían algunos. Lo primero que me paso por la cabeza fue que ellos habían terminado la secundaria y yo aun no, o que incluso habían ido más allá, estudiando alguna carrera. La respuesta parecía ser la correcta, pero luego, conociendo a estos seres un poco más en profundidad, me di cuenta de que muchos no habían estudiado más allá del secundario y eran encargado, supervisores o gerentes, entonces me di a la tarea de averiguar que era lo que hacían para ocupar esos cargos y descubrí que lo único que los diferenciaba era que tenían respuestas para sus subordinados, cualquier cosas que unos les preguntara en referencia al trabajo, ellos tenían una respuesta, y entendí que solo se necesitaba estar un poco por encima del promedio en cuanto a conocimientos, por lo menos, conocimientos laborales.
Mi descubrimiento me hizo feliz por unos, aproximadamente, tres segundos porque ahora quería saber cuál era el secreto del resto de los mortales, personas como Albert Einstein, Stephen Hawking, Isaac Asimov o Alejandro Dolina, a quien seguía a través de su programa en la radio y quien me parecía una persona extremadamente inteligente cuando reflexionaba sobre un tema, o mejor aún, cuando hacia humor, situación que siempre me pareció una tarea de mucho trabajo y que demandaba inteligencia.
Ya habiendo descubierto el “secreto” de aquellos que me superaban en cargos laborales, quería saber que hacia inteligentes a aquellos a quienes consideraba inteligentes, así que me di a la tarea de investigar.  Me puse a leer sus obras, a tratar de comprender sus mentes, a seguir sus trabajos (lo mejor que podía). Todas las cosas que iba leyendo me iban dando más conocimientos sobre algunas aéreas y en paralelo comencé a escribir ensayos de todo tipo, escribí sobre psicología, filosofía, cosmología, neurología. Como era de esperase, muchas de las cosas que yo creía ya se habían estudiado y escrito, pero eso mínimamente me decían que iba por el camino correcto en mi búsqueda.
A medida que avanzaba, mis conocimientos se iban ampliando y eso me gustaba, pero mis relaciones con el resto de las personas se iba acortando, las conversaciones vacías que solía tener con mis amigos, y que en su momento me parecían divertidas, ya no me lo parecían tanto y deje de hablar con muchos de ellos, hasta que llego un punto en el que me quede sin amigos.
En lo laboral avance y llegue a ocupar el puesto de gerente sin más esfuerzo que el de decir lo correcto en el momento indicado y alabar las estupideces de quienes se encargaban de los nombramientos gerenciales.
Al final de este recorrido por saber que hace a las personas inteligentes, pensé mejor en tratar de definir que era la inteligencia y si era mejor ser inteligente que no serlo. Supuse que era simplemente era la acumulación de información en el cerebro y su pronta evocación en los momentos adecuados, pero resulto que personas con las cuales trabajaba y que se podrían catalogar como “poco inteligentes” en varias ocasiones tenían mejores ideas que las mías incluso, mejores que las de un conjunto gerencial al momento de resolver una situación.
Entonces, la inteligencia podría definirse como la rápida resolución de problemas. Podría ser una respuesta, pero ellos no contaban con aquel ingrediente que era la acumulación de información o por lo menos, no la información necesaria para considerarlos inteligentes. En definitiva el tema de la inteligencia paso a segundo plano, ahora quería saber si era conveniente ser inteligente o no. Por mi experiencia, la inteligencia me abrió puertas, me dio cargos laborales, y me brindo un éxito increíble con las mujeres (no con todas, pero si las suficientes) pero no logro satisfacer el único sentimiento que vale la pena por lo menos para mí, no me dio la felicidad. Todos los trabajos que hago no me representan un desafío, la mayor parte de las conversaciones me suenan a nada, incluso las que provienen de algunos de aquellos a quienes se los cataloga como inteligentes. La televisión me parece el invento más grande y el desperdicio más evidente, por eso solo veo dibujos animados la mayor parte del tiempo. Hasta el día de hoy podría decir que prácticamente no poseo amigos, simplemente porque yo no encajo en las charlas y termino siempre dando un discurso sobre algún tema que a mí me parece interesante. Salgo solo a todos lados, y me remonto en ocasiones a cuando empecé con este recorrido y me veo en una salida con un grupo de personas, riendo, haciendo pésimos chistes y terminando de madrugada volviendo a casa, muerto de cansancio, pero FELIZ.

Hoy daría todo por volver atrás y poder charlar conmigo y agarrarme de los hombros y darme un sacudón y hacerme reaccionar y decirme que deje todo tal como está y me olvide de buscar algo que solo conlleva a, las descreencias religiosas, al desamor, pero lo peor, a la soledad. Solo esta uno con una insoportable carga de pensamientos y conocimientos, que están en tu cabeza como pedazos de vidrios rotos que te lastiman y no te dejan en paz ni un solo segundo, ni siquiera para dormir. 

Sergio G. Selser