domingo, 14 de octubre de 2012

Sobre la amistad


De chico hacer amigos es una cuestión natural. No se necesita demasiado para que algún niño sea amigo de otro, a decir verdad, el único requisito era tener ganas de divertirse. Con el solo hecho de que sea alguien al que le guste jugar, alcanzaba.
De grande parece ser que ese único requerimiento antes mencionado, no alcanza. Uno debe pertenecer a alguna franja de extracto social, tener algún tipo de trabajo o quién sabe, otros tantos requisitos, pero sin duda son más de uno y eso es algo que molesta y agota.
Pero ¿Qué es la amistad? La verdad es que es un concepto tan difícil de definir como el amor o la mentira (en alguna oportunidad hablare sobre esta ultima).
Para tratar de definir de alguna forma este concepto les contare que a los, aproximadamente trece años de edad, me llevaron a vivir fuera de Buenos Aires. Con la idea de un futuro mejor, nos mudamos a Santiago de Chile con toda la familia. Allí tuve la oportunidad de conocer otra cultura, y hacer algunos amigos, pero sin duda el más destacado de todos ellos fue (y sigue siendo) Guillermo Montoya, que se transformo en mi mejor amigo. Pasábamos todo el tiempo junto, las mejores aventuras que pude tener fueron junto a él. Cuento con una batería enorme de anécdotas que, de escribirlas, podría yo  hacer un libro entero.
¿Qué tendrá que ver con la amistad esta historia? Sería una pregunta valida. Claro que estoy haciendo hincapié sobre la amistad entre dos personas, pero lo mejor viene después de esta aclaración.
Guillermo y yo fuimos amigos desde que yo llegue a ese país. Fue de gran ayuda para mí, ya que no es fácil adaptarse a toda una cultura nueva. Unos cinco años más tarde, tuvimos que regresar a Buenos Aires y no nos volvimos a ver sino hasta después de unos aproximadamente dieciocho años después. Yo viaje a Santiago y le avise que iba así nos veíamos un rato. La sensación que sentí y que creo que el también, fue la misma que sentíamos cuando yo vivía allí. Esa sensación de que nos habíamos dejado de ver el día anterior. Nada había cambiado, a pesar de que ya somos adultos, nos miramos y nos acordamos de las aventuras pasadas y creo que con ganas de seguir ese ritmo de vida. Claro que ya sé que no es posible, el está casado, tiene hijos y un trabajo, todas las cosas que hacen los adultos cuando crecen. Yo por mi parte, me quede en Neverland (el país del nunca jamás), siguiendo con algunos de mis sueños, viajando y trabajando cuando se me acaba el dinero.

Sin duda, la amistad no puede ser otra cosa que esa sensación de aventura que solo compartes con quien es tu igual, pasen los años o adquieran responsabilidades.

Sergio G. Selser

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