De chico
hacer amigos es una cuestión natural. No se necesita demasiado para que algún niño
sea amigo de otro, a decir verdad, el único requisito era tener ganas de divertirse.
Con el solo hecho de que sea alguien al que le guste jugar, alcanzaba.
De
grande parece ser que ese único requerimiento antes mencionado, no alcanza. Uno
debe pertenecer a alguna franja de extracto social, tener algún tipo de trabajo
o quién sabe, otros tantos requisitos, pero sin duda son más de uno y eso es
algo que molesta y agota.
Pero
¿Qué es la amistad? La verdad es que es un concepto tan difícil de definir como
el amor o la mentira (en alguna oportunidad hablare sobre esta ultima).
Para
tratar de definir de alguna forma este concepto les contare que a los,
aproximadamente trece años de edad, me llevaron a vivir fuera de Buenos Aires.
Con la idea de un futuro mejor, nos mudamos a Santiago de Chile con toda la
familia. Allí tuve la oportunidad de conocer otra cultura, y hacer algunos
amigos, pero sin duda el más destacado de todos ellos fue (y sigue siendo)
Guillermo Montoya, que se transformo en mi mejor amigo. Pasábamos todo el
tiempo junto, las mejores aventuras que pude tener fueron junto a él. Cuento
con una batería enorme de anécdotas que, de escribirlas, podría yo hacer un libro entero.
¿Qué tendrá
que ver con la amistad esta historia? Sería una pregunta valida. Claro que
estoy haciendo hincapié sobre la amistad entre dos personas, pero lo mejor
viene después de esta aclaración.
Guillermo
y yo fuimos amigos desde que yo llegue a ese país. Fue de gran ayuda para mí,
ya que no es fácil adaptarse a toda una cultura nueva. Unos cinco años más
tarde, tuvimos que regresar a Buenos Aires y no nos volvimos a ver sino hasta después
de unos aproximadamente dieciocho años después. Yo viaje a Santiago y le avise
que iba así nos veíamos un rato. La sensación que sentí y que creo que el también,
fue la misma que sentíamos cuando yo vivía allí. Esa sensación de que nos habíamos
dejado de ver el día anterior. Nada había cambiado, a pesar de que ya somos
adultos, nos miramos y nos acordamos de las aventuras pasadas y creo que con
ganas de seguir ese ritmo de vida. Claro que ya sé que no es posible, el está
casado, tiene hijos y un trabajo, todas las cosas que hacen los adultos cuando
crecen. Yo por mi parte, me quede en Neverland (el país del nunca jamás),
siguiendo con algunos de mis sueños, viajando y trabajando cuando se me acaba
el dinero.
Sin
duda, la amistad no puede ser otra cosa que esa sensación de aventura que solo
compartes con quien es tu igual, pasen los años o adquieran responsabilidades.
Sergio
G. Selser
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