…y ahí
estaba ella, sentada frente al televisor, maldiciendo las noticias, odiando a
todos y a todo, tratando de ablandar esa, horrenda galleta sin sabor mojándola
en el jarro con leche fría, metiendo los dedos y luego llevándoselos a la boca
dejando un camino de migas y leche entre ese tarro viejo y descolorido y su
inaguantable rostro arrugado. Derramando la mitad en el piso porque su párkinson
no le permitía estabilidad y su poca vista no la ayudaba. ¿Cuántos años tiene?
Ya le habíamos perdido la cuenta.
Mi
hermano y yo la miramos al unisonó y los dos pensamos lo mismo, ¿Cuándo se va a
morir esta vieja de mierda? Parecía que nunca, y tampoco nunca nos dejaba que
lo olvidáramos, ni siquiera por unos pocos segundos, gritando, insultando,
tosiendo, vomitando o llamándonos para que la llevemos al baño, mientras nos
decía lo inútiles que éramos y que nunca nos casamos porque somos unos
fracasados.
No pude
aguantar más y en esa mirada que sostenía contra mi madre, la ira me gano.
Agarre la pala de la chimenea y le pegue en el medio del cráneo, cayó al suelo
como una bolsa de papas. Me miro y trato de hablar, levante la pala nuevamente
y un tiro le borro esa horrenda sonrisa de su insoportable boca, mi hermano le
dio con la escopeta justo entre los ojos y le voló la cabeza.
Sin
decir ni una palabra, la envolvimos en la cortina del baño y la llevamos al
patio. Hicimos un agujero lo más lejano
del rancho posible y la enterramos para siempre. Cansados, volvimos hasta la casa sin decir
una sola palabra, abrimos la puerta y oímos el silencio más hermoso del mundo.
Ya no se oía ese, rechinar de la silla mecedora, taladrándonos la cabeza como
un reloj de agujas que no para un segundo su marcha. Nos fuimos cada uno a su
habitación.
Sergio
G. Selser
jajajajjaja chistoso pero el problema con mamá cuando somos grandes es que prooyectamos en ella nuestra insoportable vida... mirar la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro...
ResponderEliminarEs solo un cuento.
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