Salí de
casa como todas las mañanas, con la misma cara de sueño de siempre, un poco
despeinada y con una mirada de pocos amigos.
Me detuve
en la parada del colectivo y me quede mirando a la nada. Un ruido espantoso se sintió
y me trajo de vuelta a la realidad. Vi como se acercaba un auto a toda
velocidad y di un salto que en otra oportunidad me hubiese parecido imposible. Alcancé
a ver el choque más espectacular que
jamás haya presenciado. Me mire y pensé en la suerte que había tenido y me sorprendí
de lo rápido que había reaccionado.
Camine para
despejarme un poco y calmarme del susto que había pasado. Llegue hasta la
siguiente parada y mientras lo hacia un vecino paso junto a mi; lo salude y
siguió de largo como si no existiera.
Llegue y me senté en una banca que estaba allí.
Mire a lo lejos y vi que el colectivo se acercaba. El cielo se obscureció de
repente y el clima se puso bastante frío. Me subí y me senté en el último asiento.
No me había dado cuenta pero era la única pasajera. El colectivo dio la vuelta
y pasamos nuevamente por donde había ocurrido el accidente. Mire para ver si
podía reconocer a la victima y allí estaba yo entre aquel auto y la pared de
una casa. Mire al chofer y no había nadie al volante y entendí que ese seria mi
ultimo viaje.
Sergio G. Selser
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