domingo, 9 de diciembre de 2012

Matando al amor con seguridad.


Cuantas veces habrán escuchado alguna afirmación tratando de hacerse pasar por palabras sabias. Frases espeluznantes que parecieran encubrir un dejo de verdad, tras aquella rima barata y asonante; “lo que no mata, engorda”, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, o la peor de todas, “los celosos son inseguros”.
Confesé en algún monologo sin sentido, que era (y sigo siendo) <<celoso>>, a lo que mis interlocutores, casi al unisonó y casi a coro, me dijeron: -“eso es porque eres inseguro”-. No sabía que para amar a alguien, se debía comprar un “seguro”; lo peor de todo, es no saber qué tipo de seguro debo comprar, uno de vida, uno contra incendios o contra todo riesgo, aunque para mi, contra terceros parecía lo más correcto, ya que solo uno de los dos saldría dañado, y, peor aún, es tampoco saber si se lo debía sacar a ella o a mí al no conocer quién sería el perjudicado.
Como siempre y ante una de estos tantos ataques imbéciles que recibo, aun, tras el desconocimiento del atacante, me senté a reflexionar si la seguridad, o mejor dicho, la carencia de ella, estaban relacionadas directamente con los celos.
Los celos, según mi parecer, en cuanto a amores se refiere, viene por el temor de la pérdida de un ser que amamos, o mejor dicho, el temor de la usurpación o robo, de alguien a quien amamos, provocado por la idea de que ese alguien nos pertenece tan solo por el hecho de que nosotros, nos permitimos pertenecerle.
Creo que ese temor a la pérdida, es los que nos permite estar alertas a las necesidades y pedidos “ocultos” de quien amamos. Un abrazo en momento de debilidad, un beso ante la necesidad de una sensación, un “te quiero” ante la búsqueda de un sonido agradable.
Los celos tienen muy mala fama, que más quiere uno que el hecho de que lo celen un poco. Sentirse deseado, que duden y dudar de la posibilidad de ser secuestrados por otro que escucho la necesidad en el momento indicado.

Soy celoso, y de aquellos que no dicen nada en el momento en el que los celos me incendian por dentro, tan solo porque alguien miro a esa mujer que yo descubrí y que es la mejor del mundo, y hasta ese momento, era mi secreto y mi tesoro oculto, hoy hay otro que encontró una “copia” del mapa que indica su existencia, solo le resta, saber como buscarlo.

Sergio G. Selser

No hay comentarios:

Publicar un comentario