lunes, 5 de agosto de 2013

Defendiendo a los menos

En ocasiones me topó con gente extraña, pero ninguna más extraña que aquella que defiende causas o personas que desconocen de la primera y no se asocia con la segunda.
Es sabido por todos los habitantes del país en el que resido (Argentina), que hay hospitales que hacen campañas para juntar algún objeto para efectos solidarios, como por ejemplo tapas plásticas de botellas, o papel y que se necesitan no sé cuantas toneladas del plástico o el papel para que el hospital reciba por parte de quien sabe qué empresa, institución o estrella de la televisión, un juego de sabanas nuevas.
Hace poco en mi local un muchacho quería tirar un pedazo de papel en un cesto de basura y le mostré donde estaba, a esto mientras arrojaba el papel me dijo:      -Te voy a armar una cajita para que recicles el papel que se junta para el hospital-. ¿Pueden creer el grado de caradurez de este individuo?
Le dije con mi habitual simpatía que él se hacia el preocupado por la ecología o el bienestar ajeno, pero había venido a mi local en automóvil, tenía un paquete de cigarrillos y aparte era un estúpido. Ninguna de estas tres cosas beneficiaba en nada a la ecología o bienestar del planeta, ni al hospital.
Me enferman estos defensores de pobres y ausentes que creen que con donar $5.00 por mes a Green Peace o decir en reuniones familiares o de amigos (en el caso de que un imbécil logre tener amigos) -¡Hay que ayudar a los que no tienen!- y luego pasan por al lado de uno que pide monedas o ven un chico tirado en la calle muerto de frio y miran hacia otro lado.
Harto me tienen estos falsos solidarios, que tuvieron la ventaja de no pasar hambre ni frio o estar internado en un hospital público, esperando un turno para que te operen para ver si te logras salvar.
Mugrientos que se llenan la boca con palabras robadas e ideas ajenas de quienes si hacen algo, de a quienes si le importa el prójimo.
Esto es aplicable a los políticos, yo de eso no entiendo, es decir de política, pero no tengo  que ser un genio para ver cómo me cagan los que me gobiernan o peor aún, aquellos que yo elegí para que me gobiernen. También a los famosos y periodistas (no todos, pero si 98% de ellos) que “prestan” su fama para hacer alguna publicidad barata de una organización que no conoce ni siquiera, que es lo que hace.

Albert Einstein dijo: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Me parece que puede aplicar a lo escrito por mí.


Sergio G. Selser

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