De chico me enseñaron
cuestiones sobre el respeto. Interminables peroratas en distintas situaciones.
En la iglesia en los discursos del borracho del cura, decía que debíamos
respetar al prójimo. En la escuela, la maestra me decía que había que respetar
a los compañeros y en casa (y para rematar) había que respetar a los adultos,
sobre todo a los abuelos.
Como un estúpido, yo seguí
todas estas reglas, bueno casi todas, pero la que más me pesaba era la del
respeto a los viejos.
Al parecer, cuando uno es
viejo cuenta con inmunidad para hacer lo que quiera, pero peor, es que sus
pecados pasados son perdonados u olvidados, y que por su condición de ansíanos
debíamos dirigirnos a ellos con el respeto debido solo por su edad biológica
circundante.
La verdad es que para mí,
un viejo no merece más respeto que el que se haya ganado o merezca.
En raras ocasiones suelo
interactuar con estos seres de edades avanzadas, en donde tratan de
transmitirme su sabiduría o conocimientos, incluso cuando no los tienen,
dándome concejos que no pedí, anécdotas que no quiero escuchar, historias de
tiempos pasados y supuestamente “mejores”
que no importan ya, y soluciones para un futuro a los que ellos no van a
alcanzar ni por más que quieran.
Cuando les brindo
respuestas o les contesto con mi habitual “simpatía” ellos me responden todos
de la misma forma –“algún día vas a llegar a mi edad”-, y yo siempre contesto
lo mismo, “-espero que no”- porque la verdad es que no le encuentro nada de positivo
a ser viejo. Suelen utilizar esta frase para que uno se asuste o se compadezca
por una situación en las que ellos se encuentran y uno no (por suerte).
Aun a mi horrenda edad
adulta, sigo sin entender el tema del respeto, en los viejos o en cualquiera y
sigo creyendo que es algo que se debe ganar independientemente de la edad.
He conocido jóvenes,
adultos y viejos que no merecen una pizca de mi respeto ni la de nadie.
El respeto para mi es
darle al otro un valor de alguna clase, es decir, reconocer en el otro un valor
de alguna clase, y si no es posible reconocer ese valor, entonces nadie, ni
siquiera los viejos merecen nada de mi parte, mucho menos Respeto.
Sergio G. Selser
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