Escucho hablar siempre a
los adultos sobre las malas palabras. Vocablos que parecen ser ofensivos para
algunos.
Como siempre, una pregunta
surge a raíz de una reflexión; ¿Qué son o cuáles son las malas palabras? Y
también ¿Cuáles son las buenas?
Pareciera ser que las
malas son aquellas que encierran algún insulto, es mundialmente conocida la
frase <<hijo de puta>> y que alude a que la mamá de alguien ejerce
la prostitución, no cualquier tipo de prostitución, sino aquella que es solo
por placer, es decir, sin cobrar.
Otra muy conocida, sobre
todo en el habla hispana es <<la concha de tu madre>>, da la
sensación que mencionar el órgano reproductor femenino de tu progenitora es
insultante, pero por lo visto, casi todos los insultos mencionados hacen
referencia a las pobres madres que nada tienen que ver; aunque nunca vi a nadie
enojarse porque le dijesen << el codo de tu madre>>.
A las buenas palabras
nadie las critica, palabras como fe, amor, compasión, solidaridad, etcétera,
son tomadas como buenas, pero estas encierran prejuicios y son engañosas y
también poseen un doble discurso o significado, porque al momento de ser
compasivo solo se lo debe ser con un niño o un viejo o un pobre o desvalido,
nadie más es digno de compasión, comprensión, solidaridad, fe o cualquiera de
esas palabras de porquería que gozan con una sobre valoración inmerecida.
Por su parte, las “malas
palabras” son de acción directa, sin vueltas ni bifurcaciones literarias, un golpe
violento y certero al sujeto al cual va dirigido.
Creo que las malas
palabras solo tienen mala fama, que nos quedaría sino para las verdaderas malas palabras, guerra,
hambre, desocupación, discriminación, violencia, maltrato infantil, etcétera.
Dijo una vez un filosofo
chino llamado Lao-tsé : “Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras
sinceras no son elegantes”.
Las malas palabras no
pueden hacer nada en contra de uno, siempre y cuando no le demos espacio a
quien las ejecuta en nuestra contra, si creen lo contrario se pueden ir todos a
la mismísima MIERDA.
Sergio G. Selser
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