miércoles, 9 de octubre de 2013

Malas palabras / buenas palabras

Escucho hablar siempre a los adultos sobre las malas palabras. Vocablos que parecen ser ofensivos para algunos.
Como siempre, una pregunta surge a raíz de una reflexión; ¿Qué son o cuáles son las malas palabras? Y también ¿Cuáles son las buenas?
Pareciera ser que las malas son aquellas que encierran algún insulto, es mundialmente conocida la frase <<hijo de puta>> y que alude a que la mamá de alguien ejerce la prostitución, no cualquier tipo de prostitución, sino aquella que es solo por placer, es decir, sin cobrar.
Otra muy conocida, sobre todo en el habla hispana es <<la concha de tu madre>>, da la sensación que mencionar el órgano reproductor femenino de tu progenitora es insultante, pero por lo visto, casi todos los insultos mencionados hacen referencia a las pobres madres que nada tienen que ver; aunque nunca vi a nadie enojarse porque le dijesen << el codo de tu madre>>.
A las buenas palabras nadie las critica, palabras como fe, amor, compasión, solidaridad, etcétera, son tomadas como buenas, pero estas encierran prejuicios y son engañosas y también poseen un doble discurso o significado, porque al momento de ser compasivo solo se lo debe ser con un niño o un viejo o un pobre o desvalido, nadie más es digno de compasión, comprensión, solidaridad, fe o cualquiera de esas palabras de porquería que gozan con una sobre valoración inmerecida.
Por su parte, las “malas palabras” son de acción directa, sin vueltas ni bifurcaciones literarias, un golpe violento y certero al sujeto al cual va dirigido.
Creo que las malas palabras solo tienen mala fama, que nos quedaría sino para las verdaderas malas palabras, guerra, hambre, desocupación, discriminación, violencia, maltrato infantil, etcétera.

Dijo una vez un filosofo chino llamado Lao-tsé : “Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes”.

Las malas palabras no pueden hacer nada en contra de uno, siempre y cuando no le demos espacio a quien las ejecuta en nuestra contra, si creen lo contrario se pueden ir todos a la mismísima MIERDA.

Sergio G. Selser


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