Pareciera ser que sobre ciertas
situaciones no tenesmos control ni opinión, como por ejemplo el nacer. Nadie
nos pregunta si queremos venir al mundo, solo nos traen sin más.
Pero en su oposición, es
decir, el morir, tampoco nos pertenece esa decisión, hablo de decisión legal
claro está, porque cualquier fulano puede ponerse una pistola en la sien y volarse
los sesos o tirarse a las vías del tren, pero hablo de lo legal.
La vida debe, según lo veo
yo, tener o contar con algún sentido, es decir, que debemos tener algo por lo
cual vivir, un amor, un hijo, el dulce de leche o los chocolates, algo, lo que
sea, si no se cuenta con eso, no entiendo cual sería el sentido de vivir.
El morir debería venir en
el certificado de nacimiento, es decir la decisión de hasta cuando uno debe
vivir nos debería pertenecer, porque si mi vida es una reverenda mierda ¿Por
qué debo esperar hasta los 80 años para que termine esta tortura a causa de una
“naturaleza divina”? ¿Por qué esperar para terminar con algo que quizás ni
siquiera debería haber comenzado?
La verdad es que para
muchos la vida es un infierno. He conocido a muchos que estando vivos parecen
muertos y muchos vivos que deberían morir.
Esta reflexión es corta,
no creo que sea necesario aclarar más, pero si les puedo asegurar algo, mi vida
es mía, y les aseguro que también lo será mi muerte. Si no es que un
desafortunado hecho maligno del universo me gane de mano, seré yo y solo yo
quien decida cuando me convertiré en el alimento de unos hermosos gusanos.
“Cuando la muerte se precipita sobre el hombre,
la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja
sano y salvo”.
Platón
(filosofo griego)
Sergio G. Selser
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