Yo nací en la era en la que el internet no existía, y si
existía, no la conocía. Antiguamente para contactarte con alguien debías llamar
a su casa tantas veces como sea necesario hasta encontrarlo. El teléfono
contaba con un disco plástico con números
que servían para discar y en el cual casi nunca entraban los dedos. Cuando
mejoro un poco la tecnología, se podía dejar un mensaje en una contestadora
automática, luego llegaron los celulares y el internet y ya nadie quedo
inubicable y la privacidad de todos quedo expuesta aun en contra de uno.
Pero así como el internet permite buscar mucha
información también permite la ramificación de la locura. Cuando yo era chico,
para anunciar el fin del mundo, por ejemplo, se debía de salir corriendo con un
megáfono y una campana gritando –“SE ACERCA EL FIN DEL MUNDO”- y solo se podía
hacer esto por el tiempo que se lo permitiese su capacidad física, así que no tenía
demasiado impacto, ya que la recepción de este apocalipsis era limitada. Hoy en
día, un loco cualquiera puede profesar el fin del mundo desde la comodidad de
su hogar, sentado en una cómoda silla, tomando coca-cola y con el aire
acondicionado puesto en una temperatura a gusto.
Encontramos páginas donde se fomenta la anorexia y la
bulimia, los pedófilos que antes estaban limitados geográficamente, hoy arman
redes sociales y se magnifican.
El internet es una
buena herramienta de trabajo, y debe ser utilizada como tal, sirve para
comunicarse con quienes no están cerca, pero también esto nos juega en contra,
nos va aislando de a poco del mundo, porque para saber de algún amigo, antes se
lo llamaba por teléfono o se lo iba a visitar y si no se lo encontraba por
estas vías, luego se le reclamaba diciendo –“te llame varias veces y hasta fui
a tu casa”-, hoy el reclamo, que también sirve como excusa es –“hace rato que
no te veo conectado”-.
Los padres deben estar alertas y hacer un seguimiento de
las conductas de sus hijos y chequera (tantas veces como les sea posible), que
cosas ven en internet. No pueden dejar
al azar y al criterio de un niño, la utilización de un medio tan manipulador
como lo es el internet. He visto familias cenando a destiempo porque alguno de
sus hijos esta chateando y no se sienta a la mesa.
Utilicen el internet en forma prudente, pero también,
apaguen la computadora, siéntense a merendar o a cenar toda la familia.
Cuéntense las novedades del día, hablen de todos los temas posibles, miren en
la televisión algún programa que sea del gusto general, peléense de ser
necesario, pero veo que ya ni siquiera eso hacen. Antes uno discutía con un miembro de la
familia y se daba media vuelta y daba un portazo, ahora, tras una ciber-
discusión, solo lo eliminamos del facebook.
Sergio G. Selser
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