Al
parecer, la fidelidad es algo que preocupa a muchas de las personas de este
lado del hemisferio, digo de este lado, porque hay países en donde la monogamia
es inconcebible.
Pero
vamos a quedarnos de este lado del planeta y veamos a donde nos lleva esta
reflexión.
En
muchas ocasiones, he escuchado o ha salido en alguna conversación, que el ser
humano pertenece al reino animal en lo que a sus instintos se refiere, es ahí
donde yo suelo arremeter y preguntar qué piensan de la monogamia o la
fidelidad, obviamente que la respuesta casi automática (sobre todo de las
mujeres) es que es en “ese” punto donde nos debemos diferenciar de los animales
y controlar nuestros más bajos instintos, yo prefiero pensar que es en la
inteligencia en donde nos debemos y nos diferenciamos de los animales, pero
esto es solo mi opinión (el sarcasmo es difícil de poner en letras).
La
fidelidad va en contra de lo que en verdad sucede, en los animales, ya que
muchos se empeñan en compararnos, la monogamia es casi nula excepto un par de
especies que se cree son monógamos. El León se encarga de los actos de
reproducción de la manada que domina, en los Gorilas el macho Alfa es quien
lleva adelante esta tarea sin que ningún otro lo pueda hacer, utilizo estas dos
especies porque son más fáciles de referenciar, pero en general es así como se
mueve el reino animal al cual pertenecemos.
La
mujer tiene más tendencia a la fidelidad que el hombre, no por esto son más
fieles, solo que saben hacerlo mejor, por el contrario, el varón es ostentoso,
le cuenta a sus amigos, pone fotos en Facebook, etcétera, si, es bastante
estúpido, pero hay una diferencia marcada aquí, el hombre es infiel por
necesidad fisiológica, es decir, que para nosotros, está más ligado a una
necesidad corporal como el comer o ir al baño, para la mujer infiel, por lo
general (aclaro, por lo general) es más una cuestión de emociones, es decir que
al momento de la infidelidad, hay de por medio un sentimiento de cariño hacia
su amante, por el contrario nosotros lo hacemos con cualquiera que nos preste
atención, sea joven, vieja, linda, fea, etcétera.
¿Cuántas
parejas se habrán peleado por algo tan insignificante como el sexo?
La
cuestión, creo yo, es ponernos de acuerdo, buscar las alternativas, ver si la
vida sexual que llevamos con una pareja es la indicada. Muchas veces la
vergüenza le gana al deseo y no decimos aquellas cosas que nos gustaría hacer
con quien amamos y eso va deteriorando las cosas. Yo por mi parte, soy el
amante en general de las mujeres que se lanzaron a una infidelidad, siempre les
aclaro el punto de que soy amante y nada más, que no dejen a sus parejas ya que
esto es solo sexo y no hay el amor que existe (o debería existir) entre ellos.
El
amor y el sexo son dos caminos paralelos pero distintos, en algunas ocasiones
se juntan y el amor y el sexo se magnifican, es como comer chocolate por un
lado y helado por otro, ambos son ricos, pero si lo convinimos, es
¡EXPECTACULAR!
En
muchas ocasiones, las mujeres con las que he salido y hemos tenido sexo han
retornado con sus parejas y les fue mucho mejor, tuvieron un ápice de
comparación y pudieron darle a su relación un nuevo aire, no es necesario
aclarar que me encanta cumplir todas las fantasías de las mujeres con las que
salgo, de eso se trata, de que puedan explotar y explorar al máximo sus deseos.
En
fin, dejémonos de joder con la fidelidad y eso que dicen en las iglesias cuando
dos se casan: – ¿”prometes amar,
respetar y serle fiel hasta que la muerte los separe”?- que frase más estúpida.
Y
recuerden una cosa “la infidelidad empieza, cuando el otro se entera y no
antes”.
Sergio
G. Selser
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