martes, 15 de enero de 2013

Si no te dejas ayudar, entonces ¿Qué quieres de mí?


Los profesionales me son una cosa difícil de soportar, entre ellos se encuentran los psicólogos y sus secuaces, psiquiatras, consultores, psicoanalistas, etcétera. Extraños seres que creen que todo tiene un origen y un porqué. En algún momento, alguno de ellos se le ocurrió la excusa más fantástica que se ha inventado, -“si no te dejas ayudar, entonces yo tampoco puedo ayudarte”-, genial excusa para desentenderse de cualquier tipo de situación.
Lo peor de esta frase, es que se ha trasladado a todos los habitantes y es utilizada sin mayor problema por aquellos que fingen preocupación por alguien, pero que en realidad, no tienen ganas de ocuparse, entonces con esta barata excusa de “no te puedo ayudar si no me lo permites”, se eximen de toda responsabilidad.
Si se “considera” ayudar a un drogadicto porque se tiene la idea de que ese camino que lleva no es el correcto, hablaran con él y le dirán cual sabios de la psicología, -“debes dejar la droga”-, como si el drogadicto no supiese esto. Obviamente que él pondrá toda la resistencia posible, la droga es lo que lo mantiene con vida y evita que se suicide. Lo mismo pasara con el anoréxico, el gordo, el obsesivo. Todos pondrán una barrera ante la tentativa de que quieran romper con este equilibrio que les da su desequilibrio psicológico.
Entonces, la pregunta aquí es ¿es verdad que al que se quiere ayudar, debe permitirlo?
La respuesta es más que obvia, NO, no es necesario, el drogadicto querrá permanecer drogado, el gordo querrá seguir comiendo, el anoréxico evitara la comida y así sucesivamente con todos los trastornos.
Creo que lo primero es ver si vale la pena ayudar a alguno, no podemos ir por la vida salvando a todos y debemos seleccionar a quien le brindamos parte de nuestro tiempo. Después, debemos evaluar si es necesario ayudar a quien nosotros consideramos que necesitan ayuda. Muchos de los que tienen un supuesto desorden son muy consientes de ello, y viven mejor y son más felices estando envueltos en estos supuestos trastornos.    
No hace mucho, me ofrecieron “ayuda” porque alguien tuvo la idea de que yo estoy o estaba deprimido, me veía que no hablaba demasiado, que no tenia metas (no sé de dónde sacaron eso), que no trabajaba (más por vago que por otra cosa) y que me la pasaba desenchufado de la realidad. La verdad es que la vida de un escritor es solitaria, todos los pensamientos son propios y se plasman recién en el papel. Las metas no son visibles y debemos, o por lo menos yo, estar desenchufados de la realidad para darle espacio a la imaginación.

Si se va a ayudar a alguien, háganlo convencidos de lo que hacen y háganlo hasta el final. Traten de tener la información correcta y completa en cuanto a si el que va a ser ayudado, vale la pena o ver si no es mejor su vida así, que anteriormente, es decir, que si van a hacer una movimiento por alguien den todo de sí, sino, no molesten, y déjennos vivir en nuestro fantástico mundo desequilibrado.

Sergio G. Selser

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