Al parecer existe un
sentimiento llamado (o al que nosotros denominamos) felicidad. Extraño concepto
y difícil de describir o de explicar, pero podríamos acercarnos diciendo que es
un estado de alegría extrema.
Pero esta “felicidad”
tiene un costado horrendo, parece ser que uno en realidad se entera de la
felicidad cuando ya no está con nosotros. Es decir, que nos damos cuenta cuando
ya se fue. Cuantas veces habrán suspirado por alguien diciendo –“que feliz que
era yo con…”- o –“cuando era chico era tan feliz”-.
Pareciera ser, que
mientras la felicidad nos ronda, no nos damos cuenta. Muy útil seria un aviso
de que estamos viviendo la felicidad, así podríamos disfrutarla mientras esta,
y no cuando ya ha partido. Pero algunas señales de ella a veces se nos aparece,
uno está con la persona que ama, o esta compartiendo una merienda con amigos o
está cantando o pintando o lo que sea que a uno le guste hacer.
Pero hay una trampa que la
felicidad trae con ella, y es cuando se hace muy evidente, entonces empezamos a tratar de hacerla
perdurable. Nos obsesionamos y hacemos todo porque eso que nos da la felicidad,
perdure. Y entonces todo el tiempo que podríamos aprovechar disfrutando, lo
ocupamos en tratar de que no se nos escape aquello que nos la provee.
Yo por mi parte, creo no
haber sido destinado a este sentimiento, como a casi ninguno, pero lo más
seguro es que quizás en este mismo momento, mientras escribo y trato de pensar
en que cosas me producen felicidad, este siendo feliz y no me dé cuenta.
En cuanto a felicidad se
refiere, la ignorancia es una bendición.
“Si estoy despierto y soy
feliz, espero no dormirme nunca. Si estoy durmiendo y soy feliz, espero no
despertar jamás.
Sergio G. Selser
No hay comentarios:
Publicar un comentario