Hace poco escribí una
reflexión llamada “SI no te dejas ayudar, entonces ¿Qué quieres de mí?”, hermosa
reflexión donde expongo COMO SIEMPRE mi parecer sobre algún tema, en ese caso
ataco a la psicología.
Como era de esperarse, recibí
un ataque directo, me dijeron que deje de insultar el trabajo de los
psicólogos, consultores, y demás aliados, ya que la pareja de mi atacante
estudio y trabaja de algo de eso de psicología. Desde que empecé a escribir
tuve la idea de que lo que decía era lo suficientemente explicito, claro que
también violento y cruel, pero que siempre se entendió lo que quería decir,
este ataque me rebelo que, evidentemente, lo que escribo no es tan claro como
creía.
Siempre digo en cada cosa
que escribo que son solo (remarco
esto) mis ideas las que expongo y
nada más, se puede estar de acuerdo o no con ellas, pero es solo la opinión de
una persona.
Voy a tratar de ser lo más
claro posible, a quienes ataco no son a las parejas de amigas/os, sino a la
psicología, consultoría, analista, etcétera, a la carrera que está falto de
examen y estudios científicos más profundos, que les falta (cuando no carece)
de elementos más reales que sostengan a la profesión, y a la falta de interés
de quienes la ejercen, en no avanzar en investigaciones y se dedican a atender
pacientes repitiendo lo aprendido sin más cual trabajo en serie.
¿Quedo claro lo que dije?
Espero que sí, porque si tengo que explicar cada artículo que subo o cada
ataque que recibo, bueno, me voy a desviar de mi propósito real que es el de
escribir lo que pienso y siento.
De todas maneras agradezco
las opiniones y comentarios amenazantes, me dan material de sobra para más
escritos, pero no cederé ante ellas (es decir las amenazas u opiniones
opuestas), debido a una cosa que leí cuando era chico que decía algo así:
“Uno empieza a envejecer
cuando dice lo opuesto a lo que piensa”, y la verdad es que no está en mi
envejecer, por lo menos no por ahora.
Sergio G. Selser
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