jueves, 17 de enero de 2013

Atáquenme sin argumentos que yo, con paciencia, les explico y me defiendo


Hace poco escribí una reflexión llamada “SI no te dejas ayudar, entonces ¿Qué quieres de mí?”, hermosa reflexión donde expongo COMO SIEMPRE mi parecer sobre algún tema, en ese caso ataco a la psicología.
Como era de esperarse, recibí un ataque directo, me dijeron que deje de insultar el trabajo de los psicólogos, consultores, y demás aliados, ya que la pareja de mi atacante estudio y trabaja de algo de eso de psicología. Desde que empecé a escribir tuve la idea de que lo que decía era lo suficientemente explicito, claro que también violento y cruel, pero que siempre se entendió lo que quería decir, este ataque me rebelo que, evidentemente, lo que escribo no es tan claro como creía.
Siempre digo en cada cosa que escribo que son solo (remarco esto) mis ideas las que expongo y nada más, se puede estar de acuerdo o no con ellas, pero es solo la opinión de una persona.
Voy a tratar de ser lo más claro posible, a quienes ataco no son a las parejas de amigas/os, sino a la psicología, consultoría, analista, etcétera, a la carrera que está falto de examen y estudios científicos más profundos, que les falta (cuando no carece) de elementos más reales que sostengan a la profesión, y a la falta de interés de quienes la ejercen, en no avanzar en investigaciones y se dedican a atender pacientes repitiendo lo aprendido sin más cual trabajo en serie.
¿Quedo claro lo que dije? Espero que sí, porque si tengo que explicar cada artículo que subo o cada ataque que recibo, bueno, me voy a desviar de mi propósito real que es el de escribir lo que pienso y siento.

De todas maneras agradezco las opiniones y comentarios amenazantes, me dan material de sobra para más escritos, pero no cederé ante ellas (es decir las amenazas u opiniones opuestas), debido a una cosa que leí cuando era chico que decía algo así:
“Uno empieza a envejecer cuando dice lo opuesto a lo que piensa”, y la verdad es que no está en mi envejecer, por lo menos no por ahora.

Sergio G. Selser

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