domingo, 21 de abril de 2013

Moderna esclavitud


Como comente en alguna oportunidad, me he dedicado a la gastronomía durante más de una década, y este es uno de los rubros más complicados en los que he trabajado.
Pero hoy apuntare a los dueños, seres despreciables que son dueños de un local gastronómico y creen que a la vez son dueños de sus empleados.
Aprovechadores y chupadores de vidas, que creen que pueden controlar la vida privada de un empleado, cambiándoles los horarios de trabajo a gusto y placer suyo. Que les cuestionan por que piden un adelanto de sueldo y les exigen una explicación de lo que van a hacer con el dinero que les corresponde por derecho. Que los  hacen quedar después de que termino su turno sin pagarles el tiempo extra con la barata excusa de que “la gastronomía es así, se sabe cuando se entra pero no cuando se sale”. Imbéciles chupa sangres, que se incrementas sus bolsillos a costilla de sus empleados, pagándoles la mitad del sueldo en negro, sin hacerles los aportes jubilatorios correspondientes porque categorizan mal a sus empleados.
Obviamente que yo no duro demasiado en los trabajos, no me dejo avasallar ni intimidar por estos gánsters gastronómicos, que viven amenazando con que los van a echar sin pagarles un solo centavo, o les dicen a las empleadas -¿Dónde te van a tomar con un hijo? Yo no pago bien, pero por lo menos te doy trabajo-. Mugrientos sanguinarios económicos que joden la vida de quienes depende para vivir.
Por eso, cada vez que cambio de trabajo, me armo hasta los dientes legalmente y me cubro en todos los aspectos y cada vez que puedo, les meto un juicio, muchas veces, no para cobrar algo de plata, tan solo por no verlos en paz.

En el rubro gastronómico soy conocido, no solo por mi aguda rebeldía, sino también por mi excelente trabajo, y quien me haya tenido entre sus filas, sabe que soy uno de los mejores.

Sergio G. Selser

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