De chico lo habitual es
hacerle caso a los padres y resto de los adultos sin mayor cuestionamiento
aunque nos parezca irracional la orden impuesta por alguno de estos seres, nos
enviaran a dormir en un horario que nos parecerá muy temprano, nos harán comer
comidas horrendas aun en contra de nuestra voluntad y no nos permitirán ver
determinados programas televisivos, todo esto sin siquiera una breve
explicación acompañado por una de las frases más odiadas por mí y menos pensada
por los adultos: “¡Porque no!”, ante la duda lógica de un menor hacia una
prohibición, la respuesta automática del adulto es “Porque no”, esto en
ocasiones viene acompañado de un segundo latiguillo, “Porque no y punto”,
evidentemente cuando responden de esta manera es porque no conocen la respuesta
correcta, ni siquiera la incorrecta.
Como comente en alguna ocasión,
soy hermano mayor de muchos y siempre alenté a los más chicos a cuestionar todo
lo que vean y oigan, aun cuando la evidencia sea lo suficientemente convincente
(que sea convincente no la hace real). Una vez, estando a cargo de mis
hermanos, le dije a la mas chica de mis hermanas que ya era hora de que se
fuese a dormir, ella me pregunto si podía comer unas galletas de chocolate
antes de dormir y mi respuesta automática aprendida desde chico por padres poco
analistas fue un rotundo NO, a lo que ella me pregunto –pero ¿Por qué no?-,
obviamente yo creía conocer la respuesta a esto y le dije –porque no- y ella,
en su lógica inocente me dijo –porque no, no es una respuesta-, y no tuve más
remedio que dejarla comer galletas de chocolate antes de ir a dormir, su
planteo era lógico y si hay algo con lo que no suelo luchar, es contra la
lógica.
A pesar de padecer
teniendo que ser un adulto, no congenio con ellos y mucho menos con sus
irracionales pensamientos, llenos de baches, mentiras, y falsos datos, y todo
esto, para no parecerse o alejarse de lo mejor de este mundo, ser un niño.
Sergio G. Selser
No hay comentarios:
Publicar un comentario