domingo, 24 de febrero de 2013

¿Yo?, villero hasta los huesos


En Argentina (país en el que resido), y como en muchos países, existen villas o favelas de emergencia, lugares carenciados, marginados y muchas veces olvidados. Llenos de los peores vicios y malhechores. Drogas al alcance de la mano, armas por doquier y pobreza en ocasiones extrema. Todo esto nos brinda un coctel marginal al cual no podemos escapar. Nadie que viva allí, pareciera ser que vale la pena. He escuchado a muchos decir que se deberían eliminar estos sitios y así se terminarían los problemas de drogas, alcohol, robos, muertes, estafas, etcétera, pareciera ser el epicentro donde se genera el caos mundial.
Soy gastronómico desde hace más de doce años y les puedo asegurar si hay un lugar donde corre droga, robos y estafas es en los restaurantes, cafeterías y bares. Brillantes y lujosos edificios en donde una mujer embarazada, le roba la cartera a una anciana. Donde Mery Jane (Mari Juana, no creo que sea necesario aclarar esto) se encuentra al alcance de la mano y se corta con los mismos cuchillos con los que se cocina. Dueños inescrupulosos y estafadores que no le hacen los aportes jubilatorios a sus empleados o no los cubren en salud. Empleados que se roban una cerveza o comen a escondidas. Mozos que van borrachos a trabajar y encargados o gerentes que se creen superiores solo porque la droga que ellos consumen es de mejor calidad.
He visto cierres de campañas de presidentes de futbol o políticos, debatirse entre un par de mugrientos patas sucias sentados tomando café y votaciones inexistentes que después aparecían en la televisión, diciendo –“Fulano gano con el 54% de los votos”-.
Ser villero parece ser lo peor, pero también existen los villeros de guantes blancos (si se me permite la comparación). He tenido la posibilidad de entrar en algunas villas y ver la solidaridad y el amor por la familia que no he visto en grandes y lujosas mansiones, donde los miembros de una familia, cena cada uno en su habitación y ni saben de la existencia del resto de los habitantes de la casa.
Es cierto que en la villa o favela corre droga, armas, tráfico, etcétera, pero también lo hacen fuera de ella, en los lujosos restaurantes, en los bancos más conocidos donde los cajeros (que muchas veces atacamos) van a trabajar más duros que una tabla, y esto para no hablar de los hospitales o cualquier centro de salud donde el trafico de drogas entre los empleados es moneda corriente.

La villa o favela al igual que las cárceles son el reflejo de la sociedad restante, solo que es más fácil y más conveniente, atacar a quienes no les han brindado los recursos intelectuales para defenderse.
 Aun vivimos como hace siglos, donde el que tiene más poder y recurso, se aprovecha del que no lo tiene.

Sergio G. Selser

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