Caminaba tranquilo una
madrugada. El sueño y yo no somos buenos amigos, así que como muchas veces, no
me dormía temprano y salí a caminar.
Iba silbando una
canción que invente mientras atravesaba el puente que unía las dos costas de un
pequeño río que atravesaba la capital. Mientras encendía mi cigarrillo de la
risa, me acerque a la baranda a contemplar el agua que pasaba bajo mis pies y a
tratar de charlar con la señorita que estaba a punto de tirarse al agua atada y
abrazada a una roca.
-
Qué noche
tan tranquila ¿no?- Le dije mientras seguía con la vista a una botella de
plástico que arrastraba la corriente. La muchacha me miro desconcertada.
-
No intentes
detenerme.- Me dijo llorando. Ni si quiera me tome la molestia de mirarla.
Le di una buena pitada al cigarrito y se lo pase a ella.
-
Yo no hago
esas cosas-. Me dijo enojada. Típica respuesta de mujer pensé, incoherente e
irracional, sobre todo tomando en cuenta la situación en la que se encontraba.
-
No creo
que te valla a afectar en nada, sobre todo tomando en cuenta lo que estas por
hacer. Siéntate al lado mío y fuma un poco.- Se río y se sentó, aun seguía
abrazada a la piedra.
-
Un día,
cuando era joven,- le dije - me hice amigo del hijo de una amiga mía, él tenía
leucemia e hice todo lo que pude para salvarlo. Junte dinero, realice fiestas
para recaudar más, pero aun así, mis esfuerzos fueron en vano. El murió. Una
semana antes de su muerte, me pidió que lo llevase a dar una vuelta en mi moto,
yo le dije que él no estaba en condiciones de salir y mucho menos de andar en
moto, el solo me miro y entendí en ese segundo que no se iba a salvar y que él
ya lo sabía. Nos escapamos cuando la mamá se fue a comprar la cena y nos fuimos
a dar un par de vueltas por la ciudad. Le gritábamos obscenidades a las
señoritas, la policía nos detuvo por andar como locos, nos metíamos contra el
transito, hicimos todo lo que no se debía hacer. Cuando volvimos nos retaron
como era de esperase, el me abrazo y me agradeció-.
-
¿y por qué
me cuentas todo esto?-
-
Porque
acabas de perder un hijo ¿no?- Con los ojos enrojecidos por el llanto, me dijo
que si.
-
La
cuestión es si le diste todo el amor y cuidado que le podías dar a tu hijo, hayan
sido muchos años o pocas horas. Si se lo distes hasta el último segundo de su
vida. Si hiciste que cada momento valiera la pena-. Hizo una pausa, me saco el
cigarro de la mano, le dio una buena y profunda aspirada, tosió un par de veces
y me dijo:
-
El último
día que estuvimos en el hospital, me aparecí en su cuarto con un kilo de
helado. El lo tenía prohibido por los médicos, pero al igual que tú con tu
amigo, no me importaron las consecuencias. Comimos juntos y después hicimos una
guerra de helados. Las enfermeras trataron de detenernos y les tiramos a ellas
también. Vino el director del hospital con la gente de seguridad y nos sacaron
el bote de helado y las cucharas. Nos reímos toda la noche, estábamos tan
pegajosos que nos tuvimos que meter en la ducha con ropa y todo. La pasamos tan
bien ese día que hasta nos olvidamos por que estábamos en el hospital.-
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