martes, 7 de febrero de 2012

Solo un viejo



Las cuatro treinta de la madrugada. Hacía frió, la brisa fresca golpeaba suavemente mi rostro cansado, yo la disfrutaba con los ojos cerrados.  Sentado en la estación, esperando a que llegue el tren, hice un repaso de mi vida. Recordé cuando era joven y recién me casaba, cuando llego mi primer hijo y la noticia del segundo. Hoy estoy aquí solo, ya no soy joven, mi mujer hace rato que partió y mis hijos… bueno no tienen tiempo de ocuparse de un viejo. El suave rugir de las ruedas del tren acercándose a la estación me trajo de nuevo a la realidad. Me pare y pase mi bastón a la mano derecha. Camine unos pasos y dejé que ese tren que no paraba en esa estación, se lleve con el todas mis penas.

Sergio Selser   

No hay comentarios:

Publicar un comentario