Sentada en
el living de su enorme casa, estaba Ester. Viuda desde hace ya cinco años, se sentó
a terminar un rompecabezas que tenía empezado cuando aun su marido vivía. Nunca
lo había terminado, eso le traía muchos recuerdos de su amado, pero era sábado
por la noche y una mujer de más de setenta años, no tiene muchas actividades
para hacer, ni un sábado ni ningún otro día.
Mientras bebía
un Whisky con soda, una a una iba encontrando las piezas y poniéndolas donde correspondían.
No tenía la caja como guía, así que no sabia muy bien que era lo que tenia que
armar. Tenía más de la mitad de la figura armada cuando se largo una terrible
tormenta. La ventana de la cocina estaba abierta, y la lluvia empezó a mojar la
cortina. Dejo el vaso a un lado y fue a cerrar la ventana. Al rompecabezas se
le volaron unas piezas con la correntada. Se seco las manos con una pequeña
toalla y volvió a terminar con su tarea. Se sentó y cuando le faltaban unas
pocas piezas se dio cuanta de que habían caído al piso. Se agacho a recogerlas.
Puso las ultimas en su lugar y miro el cuadro que estaba quedando armado .Era
el de una mujer armando un rompecabezas y tras ella, un hombre con un largo
cuchillo de cocina. Lo último que vio Ester fue el reflejo del filo del
cuchillo entrando por su ojo derecho.
Sergio G. Selser
pobre esterrrrrrrrrrr, genial!!!
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