martes, 11 de diciembre de 2012

Los dientes del perro


León Tolstoi tiene un cuento llamado “El perro muerto”, hermoso relato que habla de Jesús y sus discípulos y yo les contare a grandes rasgos como era.
Había un perro muerto tirado en una calle, con una soga al cuello y en estado de total putrefacción, uno comento sobre el olor insoportable que emanaba, otro argumento lo horrible del estado de la piel y los órganos, otro dijo que estorbaba el camino. Jesús se acerco y dijo –“sus dientes son más blancos que las perlas”-.
Seguro conocen aquella burda frase “ver el vaso medio lleno y no medio vacío”.
China Zorrilla, una de las mejores actrices que conozco, en una entrevista dijo que ella solía ver lo bueno en aquello que no lo era, ella veía los dientes blancos como perlas, en la putrefacción y descomposición de aquel perro muerto de Tolstoi. Tardíamente, encontré ese condimento mágico que encierra el verle el lado bueno a aquellas situaciones que no lo eran, digo tardíamente porque, a mis 36 años, pienso que deje pasar muchos años de poder sacarle provecho a las desventuras, aunque aun me queden muchos años más por aprovechar.
Las canciones de Andrés Calamaro siempre me parecieron interesantes y hay una frase en particular que se acomoda a este hermoso escrito y dice: -“yo no sé lo que quiero, pero sé lo que NO quiero”-, sabiendo lo que no queremos, ya tenemos el cincuenta por ciento de la batalla ganada.
He visto y sabido de padres que castigan a sus hijos cuando llegan a su casa con una mala nota en alguna materia de la escuela, y que, en vez de sentarse a evaluar la prueba y ver en qué cosas fallaron para reforzar en esa área, simplemente los dejan sin salir y sin ver a sus amigos. Muchachas que se encierran a llorar por un amor fallido y solo atinan a decirle cosas como –“yo te dije que él no era para ti”- , en vez de hablar sobre que pudo haber fallado y ver de mejorarlo para una posible reconciliación, o para la próxima vez.

En esta fantástica reflexión les diré que aprendí a ver en ese perro putrefacto, los dientes blancos y que aunque aún no he sabido lo que quiero, he podido definir lo que no quiero y creo que eso, ya es un buen medio vaso lleno.

Sergio G. Selser

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