sábado, 10 de noviembre de 2012

Como se debe tratar a una mujer


Para quienes me conocen, saben que soy un asiduo machista. Insoportable cuando hablo de mujeres y un poco mujeriego. No me preocupa decir estas cosas, no le debo explicaciones a nadie. Pero más allá de esto, también soy hermano mayor, el cual cuenta con tres mujeres entre estos hermanos. Ellas mejor que nadie, saben y conocen mi forma de pensar en cuanto a las mujeres se refiere. Estos pensamientos se los he transmitido desde que nacieron hasta la fecha actual. No han variado mucho, aunque suelo cambiar de ideas a menudo en varias cosas, en esta en particular me mantuve firme; pero también conocen de mi el hecho de que yo considero que a una mujer se la debe tratar como a una princesa. Cuando estamos juntos en casa, me gusta hacerles la comida, preparar la mesa, servirles y luego lavar los platos. Claro que ellas siempre colaboran, pero si puedo, no las dejo hacer nada.
Pasemos a como se debe de comportar un verdadero hombre.
Primero que nada, un hombre debe tener seguridad, no hablamos solo económica, hablo seguridad en cada cosa que haga. Al caminar, al hablar, al aconsejar, al besar, al mirar, este es el primer requisito que debe cumplir. Debe brindarle a una señorita la seguridad de que esta con alguien que la va a proteger siempre y en cualquier circunstancia.
Segundo,  debe ser un completo caballero las 24 horas del día. Abrirle la puerta del auto y dale la mano SIEMPRE, hago énfasis en esto porque parece que los hombres después de un tiempo se olvidan de esto y si van a recoger a su novia a algún lado en un automóvil, lo único que hacen es tocar la bocina y dejar que la dama en cuestión entre sola al vehículo. Si hemos de viajar en transporte público, tendremos los mismos cuidados.
El vocabulario debe ser medido y correcto sobre todo si estamos con sus amigos e incluso con los nuestros. Es muy común que las mujeres nos amen con facilidad por alguna cualidad física, pero que la desilusionemos con un vocabulario mediocre.
Tercero, escuchar lo que nos dicen. Parece ser que la televisión suele ser más importante que lo que nos tiene que decir una señorita. Las mujeres son seres auditivos, saben escuchar y les encantan las palabras, muchas veces más que alguna acción. Con un simple “estas hermosa hoy” hacemos que su día sea mejor. Parece algo sin importancia, pero para ellas, el que notemos un peinado nuevo o una nueva prenda nueva y se lo mencionemos, es un claro gesto de que esa señorita en particular, tiene nuestra atención y que está por encima del resto de las mujeres.
Cuarto. Los regalos sorpresa son importantísimos, y no estoy diciendo que le regalemos joyas todos los días, con un chocolate, unas flores arrancadas de algún jardín, una carta con unas cuantas líneas hechas con el mayor amor posible, son suficientes.
 Creemos que las mujeres son demandantes y es verdad, pero cumplir esas demandas es parte de ser un hombre como corresponde.
Creo que un hombre que se tilde como tal, debe conocer en profundidad todas las tareas del hogar. Debe saber cocinar, planchar, lavar ropa, etcétera. Es habitual que la mujer haga todas estas tareas, pero un hombre debe conocerlas para realizarla todas las veces que sea necesario.
Creemos que seducir una mujer tras otra nos hace más hombres, y aun no nos dimos cuenta de la persona que nos enseña a ser hombres es justamente una mujer, tu propia madre.
Miremos por un momento a la mujer que está a nuestro lado y pensemos que está con nosotros siendo que podría estar con cualquier otro. Ellas hacen millones de cosas por nosotros y ni siquiera tenemos la delicadeza de dar un “gracias”. Brindémosles momentos todos los días, pasemos el control remoto y veamos una película cursi junto a ellas, ellas ven esas horrendas películas sin sentido que tanto nos gustan tan solo por complacernos. Se aguantan a nuestros indeseables amigos y nosotros no somos capaces de acompañarlas a un bautismo o a una reunión con sus compañeros de trabajo.

Una vez escuche por ahí: “Un hombre no es aquel que conquista una mujer distinta todos los días, sino aquel que seduce a la misma todas las noches”.

Sergio G. Selser

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