sábado, 17 de noviembre de 2012

Que fácil es ser profeta cuando las cosas ya pasaron


Como ya es conocido, yo arrastro con un insoportable peso en mí ser  que es esta manía de cuestionármelo todo. Mi cerebro tiene la idea de que jamás debe descansar, mis sueños son ventanas a más preguntas, mis despertares me indican que ya puedo empezar a escribir y mis momentos de distracción son una fuente de ideas nuevas.
Como siempre una pregunta inicia mis reflexiones y no podía dejar pasar a los profetas que tanto miedo y dudas han creado entre los mediocres e imbéciles, es decir, la mayoría de la humanidad.
Los profetas han sido por siglos, fuentes de consultas futuras. Hoy se presentan ante nosotros de diferentes formas, oráculos, tarotistas, tiradores de cartas, horóscopos en los periódicos, etcétera, y a pesar de que ya pasamos el siglo XXI, aun continúan existiendo estos vendedores de humo.
Gitanos sentados en plazas arrebatándoles el dinero a los necesitados de información futura, haciendo preguntas tales como ¿me voy a casar algún día? ¿Cómo será el hombre de mi vida?, y cosas por el estilo, prefiero saber los números de la lotería local o si al llegar a mi casa hay pizza con coca-cola, yo apuntaría a predicciones más humanas y prontas que situaciones que quizás no se den nunca.
Hace mucho tiempo escuche por ahí que el fin del mundo llegaría en el año 2000, a menos que yo me equivoque, hace rato que paso esa fecha. No contentos los profetas con que el mundo no se haya terminado en ese año (cosa con la cual discrepo, yo si estoy contento), se dieron a la tarea de justificar el por qué no se destruyo el mundo en los años anteriormente predicho y comenzaron a decir que las profecías habían sido mal interpretadas y fueron corriendo las fechas de nuestra destrucción a gusto de cada “profeta”. Hoy parece ser, que la fecha clave es el 2012, veremos a partir del primero de Enero del 2013 que nuevamente esa fecha será movida por algún farsante del mismo nivel del Ravi shankar, Claudio María Domínguez o Benedicto XVI, que no serán profetas, pero si estafadores de la misma calaña, sino es que peor.
 Aunque parezca contraproducente, los profetas no me molestan, lo que me molestan son sus fans, que entregan dinero a personas que no pueden hacer lo que dicen que hacen, no pueden predecir el futuro, no pueden ver el día de mañana.
También hay algo que me llama poderosamente la atención y es esa facilidad que tienen no solo estos estafadores, es decir los profetas, sino también muchos medio de comunicación (diarios, revistas, periódicos, programas de televisión) de encontrar las coincidencias entre lo predicho hace muchos años con los hechos que ya sucedieron, pero esto lo hacen después de que las cosas pasaron.
Mi indignación es clara, eso espero por lo menos. Estas pocas líneas van dirigidas a esos profetas vendedores de falsas esperanzas, pero también a todas sus sucursales, la brujería, la magia negra, las sectas, los religiosos (curas, predicadores, Papas), los políticos, los periodistas, todos pertenecientes a la misma familia de carroñeros.

Pero me hare eco de una gran verdad que dijo uno de los pensadores más grande de estos tiempos, Homero Simpson en la que habla de la mentira, pero se puede aplicar a las estafas, que no son otra cosa que la mentira misma, pero más linda, como una mujer sin tetas, pero con ropas que la hace parecer tetona.
“Para que la mentira funcione se necesitan dos, uno que mienta y otro que crea”

Sergio G. Selser 

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