Últimamente he oído hablar
sobre este problema del bulling, extraño concepto para explicar el maltrato
escolar, como si otros tipos de maltratos no merecieran una palabra rara y en
otro idioma. Pero no por eso lo dejare de lado.
Cuando era chico,
concurría a una escuela pública. Dentro de ella uno, encuentra toda clase de
individuos, aquellos cuyos padres creen que su familia está por encima del
resto, no solo socialmente, sino también económicamente, enviaban a sus hijos a
una escuela gratuita exhibiendo costosas zapatillas o abrigos poco comunes y
con palabras en Ingles, el resto de nosotros, concurríamos con la ropa que dejo
algún hermano o algún primo. También estaban los rebeldes, grupo al cual yo
pertenecía, los estudiosos, los que se creían los más lindos y los marginados, donde
entraban los callados, los gordos, los muy altos y los muy bajos, los que se
bañaban poco, etcétera. En aquel entonces ya existía el hecho de molestar a
otros niños por alguna razón, para mostrar quien era el más fuerte, o el más
desinhibido o quien sabe que otras estúpidas excusas, y muchas veces, estas
actitudes eran alentadas por sus imbéciles padres. En una ocasión, un chico fue
a la escuela con una navaja, días después, otro fue con un revólver, ambos
argumentaron que se habían cansado de las burlas, así que, haciendo memoria, el
bulling no es tan nuevo como parece.
Pero la pregunta que
debemos hacernos es ¿de quién es la culpa de que esto no se detenga o por lo
menos este más controlado? Hay, creo yo, dos focos que deben brindar apoyo,
contención y darle una solución a un chico que es víctima del bulling y al
chico que genera el bulling, uno son los padres y los otros, las instituciones
escolares, maestros, profesores, directores, porteros, etcétera, pero serán
estos últimos quienes deberán tratar de detectar a tiempo estas cosas, no solo
sentarse en los recreos a tomar café, fumar un cigarrillo y hablar de nada, o
peor, ignorar a los estudiantes que vienen con una queja de abuso diciendo –“no
es nada, después lo vemos”- y dejan pasar la situación tan solo por no mover el
culo un poco. Y en segundo lugar, los padres, que ni siquiera se toman el
tiempo de conocer a sus hijos, ver que de repente ha dejado de hablar, o
comenzó a perder peso, o sus calificaciones empezaron a caer, o que se enferman
muy seguido para faltar a la escuela, esos son los primeros indicadores de que
algo está pasando en su vida. Pero no, todos están muy ocupados en sus
insoportables vidas rutinarias. Mi pregunta a estos padres y servidores
públicos es ¿para qué tienen hijos si no se van a preocupar por ellos? ¿Para qué
se meten en el sector educativo si van a ignorar sus deberes? El ser padres es
para aquellos que de verdad quieren tener hijos y no para aquellos que sacaron
mal la cuenta o usaron un condón pinchado. La educación es para aquellos que
sienten la vocación de enseñar y cuidar sin importar lo ridículo de sus
salarios.
¡SI! A ustedes los culpo,
padres inescrupulosos y educadores de poca monta.
Sergio G. Selser
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