Siempre me consideré como un pensador, analizador y cuestionador de todo
lo que veo y escucho. Las conversaciones triviales siempre han llamado mi
atención. Mujeres hablando entre sí en la cola de un banco, hombres barajando
ideas sin sentido de cómo se debe manejar los equipos de fútbol locales o un
país entero. Es interesante y gracioso ver como personas que carecen de estudio
o mejor dicho de conocimientos, aportan ridículas ideas sobre si es mejor un
candidato a presidente que otro o si la educación está en decadencia.
Quizás esta breve introducción les haga creer que voy a hablar de las
personas promedio, bueno, está en lo cierto, pero solo de una pequeña fracción
de los pensamientos de estos extraños seres.
Las conversaciones populares siempre rondan en las mismas cuestiones,
pero me encanta escuchar a aquellos que opinan o hablan sin el más mínimo
conocimiento de los temas, pero peor aún, cuando tratan de “regalarle” al mundo
(o a los miembros integrantes de una pseudo-conversacion) una frase que
revolucionara las ideas de todos.
Ya he mencionado en reflexione anteriores que los adultos son raros, aun
siéndolo en forma física, no logro encajar con ellos la mayor parte del tiempo.
Cuando era chico y me mandaban a hacer las compras, escuchaba a las viejas del
barrio debatir sobre todo tipo de cuestiones, si los precios habían subido o si
los sueldos en años pasados alcanzaban para vivir dignamente. Pero la frase que
me quedo grabada, fue una que escuche en repetidas ocasiones y esta era:
–“el destino de todos ya está
escrito”-.
Esa frase (y sus variantes literarias) me hizo pensar en lo patética que
es la vida de estas personas.
No puedo imaginar una vida más vacía que la de creer que ya toda mi vida
está programada, sin que yo pueda hacer nada. Claro está que no me deje llevar
por esta idioteces, aun siendo chico, me parecía irreal que “alguien” decidiera
por mí. Pensar que ya hay una mujer destinada para mí sin la opción de que yo
elija a otra (que este mejor físicamente, ¡obvio!). El nombre de hijos que aun
no he tenido tiempo de concebir, ya este adjudicados. Seguro no se refieren
directamente a esto, sino más bien al hecho de que el año, el mes, el día y la
hora de mi muerte ya esta marcada en el calendario de la vida. Evidentemente
los creyentes de los destinos marcados han alcanzado una marca muy alta en mi
RAROCOSOMETRO*.
Bueno, no hay mucho para agregar a estas cosas. Si mi destino está
escrito y el suyo también no pierda tiempo, coma hamburguesas, huevos fritos,
papas fritas y todo lo que el médico le dijo que evitara para llevar una vida
más larga y duradera. Entre los mediocres y los médicos, no se con cual
quedarme.
*Rarocosometro: palabra inventada para medir las cosas raras.
Sergio G. Selser
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